Mel Brooks: ¡El Hombre de 99 Años! (Mel Brooks: The 99 Year Old Man!)

La comedia como arma política

Por Emiliano Fernández

Mel Brooks: ¡El Hombre de 99 Años! (Mel Brooks: The 99 Year Old Man!, 2026) es un especial biográfico en dos partes para HBO Max, de unas tres horas y media de duración, alrededor de la figura de Melvin James Kaminsky alias Mel Brooks, nacido de hecho en Nueva York hace 99 años, el 28 de junio de 1926, un proyecto dirigido y escrito por la dupla de Judd Apatow y Michael Bonfiglio, aquella que encaró otros dos documentales para HBO, May It Last: Un Retrato de The Avett Brothers (May It Last: A Portrait of The Avett Brothers, 2017), película acerca de la banda de folk rock durante la grabación del álbum True Sadness (2016), y El Sueño Americano de George Carlin (George Carlin’s American Dream, 2022), otra miniserie en dos capítulos pero sobre el famoso comediante contracultural del título. El asunto, basado en toneladas de material de archivo y una larga entrevista a Brooks, se asemeja espiritualmente a De Palma (2015), interesante film de Noah Baumbach y Jake Paltrow sobre el legendario Brian De Palma también construido en torno a una larga y única entrevista y asimismo sostenido detrás de cámaras por la voz cantante de un director conocido y mediocre del mainstream que termina secundado por un asistente ignoto que por supuesto es el encargado de todo el trabajo pesado de la propuesta, respectivamente Apatow y Baumbach por un lado y Bonfiglio y Paltrow por el otro, parte de una intentona de legitimación cinéfila a instancias de esta elite de cineastas del Siglo XXI que al no poder mostrar credenciales/ resultados artísticos propios que los lleven al panteón cultural nacional, optan por fagocitar en términos no tan simbólicos el legado de generaciones previas con una trayectoria valiosa en serio a cuestas, cenit aquí vinculado a un humanismo de izquierda muy amigo del grotesco y la histeria expresiva. Más allá de lo que se mueve por detrás de Mel Brooks: ¡El Hombre de 99 Años! y al igual que en el caso de De Palma, el especial televisivo que nos ocupa resulta disfrutable porque nos topamos con un discípulo muy lejano, este Apatow que aparece en cámara y que fue el artífice de bodrios como Virgen a los 40 (The 40 Year Old Virgin, 2005), Ligeramente Embarazada (Knocked Up, 2007), Hazme Reír (Funny People, 2009), Bienvenido a los 40 (This Is 40, 2012), Esta Chica es un Desastre (Trainwreck, 2015), El Arte de ser Adulto (The King of Staten Island, 2020) y La Burbuja (The Bubble, 2022), dedicándole loas a un Mel con un talento enorme y la capacidad de remontar cualquier “biopic oficial” lambiscona de esta envergadura, repleta de lugares comunes de la vida del homenajeado y de testimonios de gente todavía presente y otra desaparecida como Carl Reiner, Anne Bancroft, Gene Wilder, Ben Stiller, Dave Chappelle, Adam Sandler, Conan O’Brien, Richard Pryor, Nick Kroll, Peter Farrelly, aquel Rob Reiner, Jerry Seinfeld, Nathan Lane, Cary Elwes, Tracey Ullman, Matthew Broderick, Larry David, Susan Stroman, David Lynch, Barry Levinson, Jimmy Kimmel, Josh Gad, Robert Townsend, Bill Pullman y los hermanos Jerry y David Zucker.

 

El proyecto nos pasea por el óbito de su padre, Max Kaminsky, cuando Mel tenía dos años de edad a causa de una tuberculosis, las penurias económicas en distintos períodos de su vida y carrera, los primeros pasos en la adolescencia como baterista gracias a Buddy Rich, una figura prominente del jazz, y ese servicio militar durante la última fase de la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), donde recibió los primeros insultos antisemitas y por suerte no vio combate aunque se le asignó la poco simpática tarea de encontrar minas terrestres y múltiples trampas explosivas dejadas por los nazis en retirada a lo largo y ancho de Francia y Bélgica, sin olvidarnos de sus matrimonios con Florence Baum (1953-1962) y la citada Bancroft (1964-2005), célebre actriz de Hollywood y compañera crucial en las épocas de “vacas flacas” a escala de la actividad laboral en el mainstream parasitario, hipócrita y ultra conservador de yanquilandia, poco propenso a la sátira mordaz e hiperbólica de Brooks. Del cariño por los musicales de Broadway y Hollywood y de la fascinación con la comedia moderna modelo Charles Chaplin, Buster Keaton, los Hermanos Marx y los hoy olvidados Hermanos Ritz, otra troupe que el señor tiene en alta estima y en la que se destaca -según su apreciación- Harry Ritz, el más joven de la familia, eventualmente pasamos a su trabajo como guionista de TV para el comediante Sid Caesar en Tu Espectáculo de Espectáculos (Your Show of Shows, 1950-1954) y La Hora de Caesar (Caesar’s Hour, 1954–1957), los dos programas craneados para la NBC y contando con libretistas de la talla de Neil Simon, Sheldon Keller, Carl Reiner, Larry Gelbart y Woody Allen, en conjunto un trayecto de aprendizaje que lo llevaría a un dúo cómico con su amigote Reiner en el sketch televisivo y semi improvisado de El Hombre de 2000 Años (The 2000 Year Old Man), también eje de cinco recordados discos editados entre 1960 y 1997. El Superagente 86 (Get Smart, 1965-1970), su sublime parodia con Don Adams, Barbara Feldon y Edward Platt para la NBC y luego la CBS sobre el frenesí cultural alrededor del espionaje símil ese James Bond/ 007 de Sean Connery, oficiaría de prólogo para su salto definitivo hacia la gran pantalla de la mano de una tetralogía gloriosa, aquella compuesta por dos trabajos seminales, Los Productores (The Producers, 1967), ataque contra el nazismo y la parafernalia especuladora de todos los shows de Broadway, y Las Doce Sillas (The Twelve Chairs, 1970), lienzo existencialista sobre la codicia y el desamparo durante la transición entre el Imperio Ruso y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, y dos joyas muy exitosas que lo llevaron a la estratósfera de la industria del humor de su país, Locura en el Oeste (Blazing Saddles, 1974), embate contra el racismo del western clásico y la memoria derechosa/ chauvinista estadounidense, y El Joven Frankenstein (Young Frankenstein, 1974), un homenaje irónico a la criatura de Mary Shelley y a los monstruos de Universal Pictures, haciendo énfasis en Frankenstein (1931) y La Novia de Frankenstein (Bride of Frankenstein, 1935), ambas de James Whale.

 

Los coletazos de nuestra etapa dorada son La Última Locura de Mel Brooks (Silent Movie, 1976), una apología del slapstick o comedia física y del devenir silente del séptimo arte en general, y Las Angustias del Dr. Mel Brooks (High Anxiety, 1977), sátira del psicoanálisis freudiano y del suspenso a lo Alfred Hitchcock, ya que el nivel de calidad cayó bastante durante los 80 debido a La Loca Historia del Mundo (History of the World: Part I, 1981), una antología que se mofaba del péplum o cine de espada y sandalia y que aprovechaba para pegarle a los plutócratas, los tiranos y todos los profetas de cotillón, y S.O.S. Hay un Loco en el Espacio (Spaceballs, 1987), embestida contra la franquicia infantiloide iniciada con La Guerra de las Galaxias (Star Wars, 1977), de George Lucas, que demostraría ser muy popular en el nuevo milenio por la ausencia de parodias inteligentes sobre la temática. A posteriori de un film incomprendido, ¡Qué Perra Vida! (Life Stinks, 1991), denuncia del capitalismo neoliberal reaganiano como fábrica de egoísmo y miseria, llegaría la despedida gracias a un díptico oportunista y ya descartable, Las Locas, Locas Aventuras de Robin Hood (Robin Hood: Men in Tights, 1993), sátira del antihéroe del folklore medieval inglés y de Robin Hood: El Príncipe de los Ladrones (Robin Hood: Prince of Thieves, 1991), el opus de Kevin Reynolds con Kevin Costner, y Drácula: Muerto pero Feliz (Dracula: Dead and Loving It, 1995), una humorada alrededor del vampirismo y Drácula (Bram Stoker’s Dracula, 1992), aquel tanque que Francis Ford Coppola llevó adelante para terminar de pagar las deudas contraídas por el fracaso en taquilla del musical Golpe al Corazón (One from the Heart, 1982). El documental, con una primera parte que cubre hasta Locura en el Oeste y una segunda mitad arrancando en El Joven Frankenstein, recupera su aporte más memorable como actor por fuera del corpus como realizador, Soy o no soy (To Be or Not to Be, 1983), remake a cargo de Alan Johnson del film original de 1942 de Ernst Lubitsch, mucho mejor por cierto, y también analiza la faceta de productor vía su propia compañía, Brooksfilms, controlada junto a socios varios como Jonathan Sanger, Geoffrey Helman y Stuart Cornfeld, empresa que produjo El Hombre Elefante (The Elephant Man, 1980), de David Lynch, Frances (1982), de Graeme Clifford, y La Mosca (The Fly, 1986), de David Cronenberg, todos pivotes de su tiempo. Entre el catálogo de Brooksfilms se nombran de pasada Mi Año Favorito (My Favorite Year, 1982), de Richard Benjamin, y Nunca te vi, Siempre te Amé (84 Charing Cross Road, 1987), de David Hugh Jones, pero se deja en el tintero cosillas más erráticas o menos “prestigiosas” como El Doctor y los Asesinos (The Doctor and the Devils, 1985), film de Freddie Francis, Los Guerreros del Sol (Solarbabies, 1986), del mismo Johnson de Soy o no soy, un coreógrafo reconvertido en director, y Sam (2017), flojo opus de intercambio de cuerpos/ “body swap” y por ahora la única incursión como director de Nicholas Brooks, vástago del protagonista con su primera esposa, Baum.

 

Dentro del cúmulo de anécdotas llama la atención su choque con el perfeccionismo bien intolerante de Jerry Lewis, uno de los pocos pasajes de verdadero conflicto junto con la entrevista de Tony Bilbow en Film Night (1970-1973), programa de la BBC en el que Mel se enerva porque le preguntan acerca del fracaso comercial de Las Doce Sillas, soplo de aire fresco en un panegírico a veces excesivamente condescendiente para con el retratado, que parece impoluto salvo por algunas ausencias del hogar familiar durante su período workaholic de la década del 70. Resulta muy gracioso el recuerdo de su “no amistad” con Cary Grant, vínculo fugaz e incompatible, y en el otro extremo aquí se trabaja con justicia su sociedad con Gene Wilder en el comienzo profesional de ambos, alter ego suyo en Los Productores, Locura en el Oeste y El Joven Frankenstein con el que lamentablemente no volvió a colaborar jamás. Mientras se pondera acertadamente el peso de los ataques idiotas de la crítica de cine de la época, que solía acusarlo de chabacano, y de los fallecimientos de Bancroft y Reiner, en 2005 y 2020 respectivamente, también se rescata la única película de Bancroft como realizadora, El Gordito (Fatso, 1980), y aquella ardorosa defensa de Los Productores por parte de Peter Sellers, prócer que pagó de su bolsillo un par de anuncios alabando el film en la revista Variety y el periódico The New York Times, además no se pasa por alto -aunque tampoco se profundiza demasiado en- el reemplazo de Richard Pryor por Cleavon Little como el protagonista de Locura en el Oeste a raíz de los problemas con las drogas del primero, algo doblemente doloroso porque Pryor había ayudado a escribir el mítico opus. Lamentablemente nada se dice del evidente influjo de Billy Wilder y la dupla de Mike Nichols y Elaine May en la carrera de Mel y se exagera un poco el antisemitismo que debió soportar y su valentía a la hora de tocar tópicos candentes cuando colegas varios, desde Reiner, Allen, Paul Mazursky, Hal Ashby, Robert Altman y Blake Edwards hasta Larry Cohen, Colin Higgins, John Landis, Paul Bartel, Ivan Reitman y Joe Dante, también desparramaban sátira del mismo tenor a los cuatro vientos y en la misma época, sobre todo entre los años 60 y la década del 80, ya en las postrimerías en materia de la difusión y la aceptación masiva de ese humor meticuloso -de base más o menos popular- que cultivaron los susodichos. En el derrotero de Brooksfilms se omite tanto la estupenda El Vagabundo (The Vagrant, 1992), trabajo paródico antiyuppies de Chris Walas que merece un mayor reconocimiento en el Siglo XXI, como su último coqueteo con el séptimo arte en términos prácticos, Los Productores (The Producers, 2005), adaptación cinematográfica de Susan Stroman del musical de Broadway de 2001 que supo dirigir y coreografiar a partir de un libreto y música/ letras de Brooks, todo desde ya basado en la película homónima de 1967. Se menciona su rol de pionero en el humor caótico o metadiscursivo de los hermanos Peter y Bobby Farrelly y de ZAZ o Zucker, Abrahams y Zucker, el equipo creativo compuesto por Jim Abrahams y los hermanos David y Jerry Zucker, pero no se subraya que los Monty Python en el Reino Unido llevaron la inventiva de las risas mucho más allá en términos de surrealismo, desenfreno y corrosión dentro de un ecosistema discursivo más absurdo que simplemente payasesco, como era el caso de Brooks y de otros comediantes yanquis de la segunda mitad de la centuria previa. Superando a John Candy: Me Agrado (John Candy: I Like Me, 2025), telefilm de Colin Hanks para Amazon Prime Video, aunque cayendo por debajo de Sr. Scorsese (Mr. Scorsese, 2025), miniserie de Rebecca Miller para Apple TV+ sobre el periplo de Martin Scorsese, Mel Brooks: ¡El Hombre de 99 Años! pretende invocar cierta continuidad -más comercial que artística o ideológica- en proyectos claramente lelos como La Loca Historia del Mundo: Parte 2 (History of the World: Part II, 2023), miniserie para Hulu, y Spaceballs 2 (2027), futura e innecesaria secuela dirigida por Josh Greenbaum de S.O.S. Hay un Loco en el Espacio, decisión que de todos modos no llega a empañar un resumen atractivo de las opiniones, existencia, obra y tribulaciones de un genio perdurable que supo hacer de la comedia, como él mismo afirma en TV, un arma política sensacional para destrozar a los psicópatas dictatoriales, sádicos y estrafalarios del poder capitalista…

 

Mel Brooks: ¡El Hombre de 99 Años! (Mel Brooks: The 99 Year Old Man!, Estados Unidos, 2026)

Dirección y Guión: Judd Apatow y Michael Bonfiglio. Elenco: Mel Brooks, Carl Reiner, Anne Bancroft, Gene Wilder, Ben Stiller, David Lynch, Conan O’Brien, Richard Pryor, Jerry Seinfeld, Bill Pullman. Producción: Wayne Federman y Olivia Rosenbloom. Duración: 216 minutos.

Puntaje: 9