Una Película de Minecraft (A Minecraft Movie)

La creatividad en movimiento

Por Emiliano Fernández

Una Película de Minecraft (A Minecraft Movie, 2025) subraya que el realizador y guionista estadounidense Jared Hess ya no es lo que era porque en este tanque para Warner Bros. quedan apenas migajas de aquel humor absurdo y seco que patentó en ocasión de su trilogía iniciática de films, Napoleón Dinamita (Napoleon Dynamite, 2004), Nacho Libre (2006) y Gentlemen Broncos (2009), las dos primeras rankeando en punta como lo mejor de toda su carrera y la tercera acercándose al nivel errático pero aún interesante de las dos propuestas siguientes, Don Verdean (2015) y Locos de Mentes (Masterminds, 2016), esta última a su vez su primera película por encargo porque fue la única hasta entonces no escrita por el señor y su esposa y socia excluyente, Jerusha Hess. Si bien el amigo Jared, como decíamos antes uno de los últimos ídolos de la comedia freak/ bizarra cuasi noventosa, ya nunca más recuperó la calidad de antaño, al mismo tiempo se debe reconocer que tampoco perdió la dignidad -a diferencia de otros colegas, que entregaron alma y retaguardia al mainstream con una sonrisa de esclavo- y prueba irrefutable de ello son sus tres trabajos para Netflix, hablamos de un par de miniseries documentales relativamente simpáticas, Un Falsificador entre Mormones (Murder Among the Mormons, 2021) y Músculos & Caos: Una Versión no Autorizada de Gladiadores Americanos (Muscles & Mayhem: An Unauthorized Story of American Gladiators, 2023), y un film animado que en buena medida se concibió como un regreso a un cine más personal de la mano del primer guión con Jerusha en casi una década, Telma, la Unicornio (Thelma, the Unicorn, 2024), odisea amena aunque olvidable de la que hoy por hoy se retoman los colores pasteles y los momentos musicales de marco sarcástico.

 

El film es efectivamente una adaptación cinematográfica del videojuego más vendido de la historia, aquel del título que unifica los formatos de “mundo abierto” y de supervivencia y que fue lanzado por Mojang Specifications entre 2009 y 2011 y creado por el programador independiente sueco Markus Persson, quien por cierto sí le entregó todo a Mefistófeles ya que en 2014 vendió Minecraft y Mojang a esa Microsoft de Bill Gates por la friolera de 2.500 millones de dólares, época en la que arrancó el larguísimo desarrollo de la traslación cinematográfica asimismo con mucho dinerillo yanqui. Hess heredó el proyecto de tres directores previos que fueron expulsados en medio de la esquizofrenia de siempre del Hollywood posmoderno adepto al pastiche, léase Shawn Levy, Rob McElhenney y Peter Sollett, y en parte controló el guión a través de dos testaferros que ya habían trabajado con él en ocasión de Locos de Mentes, Chris Bowman y Hubbel Palmer, los autores de la trama luego de reescribir un sinfín de borradores anteriores de Neil Widener, Gavin James y Chris Galletta, entre gente no acreditada del montón, dando por resultado un producto rutinario y por momentos disfrutable en serio en el que Jared se permite un primer acto estupendo en la tradición de sus excentricidades del comienzo profesional, a mitad de camino entre los adalides inadaptados y los abiertamente lunáticos, para después tirar la toalla y entregar lo que se espera de él en términos de un blockbuster con un presupuesto de 150 millones de billetes verdes, contradictorio planteo de base que nos deja con algunos chistes graciosos y astutos, un correcto desarrollo de personajes -para el promedio del mainstream actual, al menos- y una catarata de secuencias de acción de índole surrealista que resultan llevaderas.

 

Hess, sobre todo un cineasta sincero o sin vueltas, deja en claro desde el vamos que se propone -y a veces incluso consigue- redondear una mixtura entre por un lado uno de los latiguillos fundamentales del live action con mucho CGI apto para todo público de las últimas décadas, la fórmula narrativa del “pez fuera del agua” o el ser humano bien palurdo en una coyuntura desconcertante, y por el otro lado la fantasía aventurera ochentosa basada en la amistad, el trabajo de equipo y un objetivo muy altruista que en ocasiones implica el simple choque entre buenos y malos y en otras oportunidades la unificación de la realidad y el universo de las entelequias. Dicho de otro modo, Una Película de Minecraft combina la premisa y el ámbito lúdico de Jumanji (1995), de Joe Johnston, y su spin-off/ secuela espiritual, Zathura: Una Aventura Espacial (Zathura: A Space Adventure, 2005), de Jon Favreau, y una multiplicidad de diseños, personajes y situaciones calcadas de neoclásicos del segmento infantil y adolescente como La Historia sin Fin (The Neverending Story, 1984), de Wolfgang Petersen, Los Goonies (The Goonies, 1985), de Richard Donner, La Princesa Prometida (The Princess Bride, 1987), de Rob Reiner, y las dos joyas de Jim Henson de aquel período, Laberinto (Labyrinth, 1986) y El Cristal Encantado (The Dark Crystal, 1982). La trama, de una sencillez absoluta, pasa por el cliché esperable tratándose de Minecraft, eso de salvar al reino luminoso, Overworld, de la mandamás de la comarca infernal, Nether, en este último caso una tal Malgosha (Rachel House) que se parece mucho a Aughra (Frank Oz y Billie Whitelaw) de El Cristal Encantado, precisamente una señora un tanto horripilante símil bruja que aquí fetichiza la destrucción y la riqueza capitalistas.

 

Del lado de los buenos tenemos en primer lugar a Sebastian Hansen y Emma Myers como Henry y Natalie, un par de hermanos huérfanos, y en segunda instancia a Danielle Brooks como Dawn, típico personaje negro de relleno, a Jason Momoa como Garrett “El Basurero” Garrison, un otrora jugador estrella de arcades hoy venido a menos, y a Jack Black como el archiconocido Steve, el avatar/ la mascota por antonomasia de Minecraft y en pantalla un constructor incansable en Overworld que termina prisionero de Malgosha y por supuesto abriendo un portal mágico que permite que todos estos bípedos interactúen con las criaturas descabelladas de ambos reinos cúbicos, el célebre Overworld y un Nether en el que habita la raza de cerdos parlantes de la villana. La mano del realizador, como afirmábamos más arriba, se siente especialmente en la presentación de Garrett, Dawn y los hermanos en un pueblito esperpéntico digno de Napoleón Dinamita, sin embargo algunos chascarrillos al paso, un ritmo entretenido que nunca decae, la presencia del actor fetiche Jemaine Clement y un tono humanista general, siempre ponderando la creatividad en movimiento por sobre la apatía y el odio lelo, ciego y avaro del Siglo XXI, constituyen otras marcas registradas al igual que el peso dado a sus dos personajes favoritos desde todo punto de vista, aquellos de Momoa y Black, el primero luciéndose en la autoparodia kitsch y también produciendo y el segundo totalmente desatado y recordando en parte lo hecho en la querida Nacho Libre. Si la comparamos con otros intentos de “adaptaciones de autor” de videojuegos, la epopeya supera a la espantosa Borderlands (2024), de Eli Roth, es tan despareja como Assassin’s Creed (2016), de Justin Kurzel, y cae por debajo de Warcraft (2016), de Duncan Jones…

 

Una Película de Minecraft (A Minecraft Movie, Estados Unidos/ Suecia, 2025)

Dirección: Jared Hess. Guión: Chris Bowman, Hubbel Palmer, Neil Widener, Gavin James y Chris Galletta. Elenco: Jason Momoa, Jack Black, Sebastian Hansen, Emma Myers, Danielle Brooks, Rachel House, Jennifer Coolidge, Jemaine Clement, Mark Wright, Yvette Parsons. Producción: Jason Momoa, Mary Parent, Jill Sobel Messick, Roy Lee, Torfi Frans Ólafsson, Vu Bui, Cale Boyter y Jon Berg. Duración: 101 minutos.

Puntaje: 5