Blood on Her Name

La culpa sureña

Por Ernesto Gerez

Blood on Her Name (2019) empieza con un cadáver con la cabeza reventada. Con ese gesto, Matthew Pope pretende inscribir a su primera película en la tradición del noir al mismo tiempo que trata de no meterse de lleno, sobre todo porque evita seguir con un largo flashback que desnude el misterio o con la verborragia de las explicaciones en off. Acá las palabras son pocas y los flashbacks no están para la organización formal sino para aportar información sobre la protagonista, Leigh Tiller (Bethany Anne Lind), y la conflictiva relación con su padre policía (Will Patton). Leigh es una mina que tiene un taller mecánico en alguna parte del sur estadounidense, un hijo que está en libertad condicional por cagar a palos a un pibe y un exmarido en cana. Todo ese drama de su vida cotidiana explota con la muerte de Cobb, el tipo que duerme el sueño eterno en el charco de sangre del inicio. Así como desde el principio la historia se inscribe parcialmente en el noir, también lo hace en el gótico sureño, con Leigh llevando en canoa al cadáver por esos riachos típicos del sur norteamericano donde el marco legal se vuelve difuso. Lo que plantea Pope es un relato seco, teñido de colores fríos más que de las sombras o los claroscuros del noir, estética que de todos modos por momentos también está presente, aunque extrapolada a un contexto cuasi rural.

 

La historia que guía al relato es la del drama familiar con el thriller como frazada. A Pope le interesa más desarrollar al personaje de Leigh que la estética del género. Por eso es central la figura de su padre policía, su cara de sufrimiento espeso y esos traumas a los que accedemos mediante los flashbacks. Leigh es una mina que se tiene que fumar los crímenes de los tres hombres de su vida: su padre, su pareja y su hijo. Su vida podría ser una metáfora de la última subyugada, a su vez empoderada (no es casual que maneje un taller mecánico, oficio ligado al hombre/ macho), a su vez cómplice. El muerto del placard de Leigh genera una crisis de culpa que a su vez desencadena una crisis fáctica en donde terminará enfrentándose a una especie de doble que reclama venganza. La ley, como decíamos, se vuelve difusa no sólo porque -como suele pasar en los entornos del gótico sureño- las personas mandan con sus acciones sino porque su centinela no regula el conflicto sino que forma parte y toma partido: su padre policía será eje de la resolución de un conflicto en el que el marco legal burgués no tiene cabida. Con algunas conexiones formales con Blue Ruin (2013), película que a su vez se conectaba con One False Move (1992), Pope arma un thriller independiente de gran valor estético/ narrativo en el que se nota la década de laburo que le dedicó.

 

Blood on Her Name (Estados Unidos, 2019)

Dirección: Matthew Pope. Guión: Matthew Pope y Don M. Thompson. Elenco: Bethany Anne Lind, Will Patton, Elisabeth Röhm, Jared Ivers, Jimmy Gonzáles, Jack Andrews, Chandler Head, Tony Vaughn, Joshua Mikel, Bryant Carroll. Producción: Matthew Pope y Don M. Thompson. Duración: 85 minutos.

Puntaje: 7