Instinto Perverso (Brimstone & Treacle)

La debacle se confunde con el milagro

Por Emiliano Fernández

A pesar del innegable hecho de que en el mundo hispanoparlante no es conocido por la inaccesibilidad de sus trabajos originales, a Dennis Potter (1935-1994) en el ecosistema británico se lo suele considerar uno de los grandes genios de la ficción televisiva, escritura de guiones de por medio a la que se tuvo que dedicar desde inicios de la década del 60 por sufrir de artritis psoriásica, enfermedad que hacía imposible cualquier trabajo tradicional. En términos cinematográficos el señor inspiró y/ o intervino activamente en la realización de un conjunto de películas que por lo general adaptaban textos previos del inglés, una colección centrada en el cuestionamiento de las creencias, realidades e identidades de los sujetos, tantas veces sufriendo de desvaríos de toda índole, y proclive a ser divida entre primero lo olvidable o fallido de La Plata Viene del Cielo (Pennies from Heaven, 1981), de Herbert Ross, Amigos Secretos (Secret Friends, 1991), del mismo Potter, Mesmer (1994), de Roger Spottiswoode, y El Detective Cantante (The Singing Detective, 2003), de Keith Gordon, y segundo lo verdaderamente sugestivo o valioso de Instinto Perverso (Brimstone & Treacle, 1982), obra de Richard Loncraine, Gorky Park (1983), de Michael Apted, En el Mundo de los Sueños (Dreamchild, 1985), de Gavin Millar, y Ruta 29 (Track 29, 1988), de Nicolas Roeg. Si bien las tres propuestas posteriores efectivamente resultan interesantes, Gorky Park por su condición de curiosidad yanqui que explota la corrupción gubernamental moscovita durante los años de la Guerra Fría, En el Mundo de los Sueños por su intento de “establecer” la relación entre Lewis Carroll y Alice Liddell, su musa para Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas (Alice’s Adventures in Wonderland, 1865), y Ruta 29 por esa suerte de reformulación del motivo central del film de Loncraine, la invasión de un hogar de por sí fragmentado o en crisis, de hecho es Instinto Perverso la epopeya que mejor representa -y de manera más cabal y directa- la obsesión de Potter con los personajes que se creen superhombres o que no saben distinguir entre la realidad y la fantasía, con esta última sin duda escapando de la lectura infantiloide hollywoodense y homologándola a lo tétrico.

 

En el opus de 1982 el tremendo Dennis adapta su propio guión para TV de 1976, trabajo que fue a parar al ciclo antológico semanal Play for Today (1970-1984) de una BBC que permitió la grabación de turno, a cargo del director Barry Davis, para después optar por no trasmitir el resultado hasta el año 1987, un lustro a posteriori del estreno del film, censura ordenada aparentemente por el encargado de la programación de la cadena, Alasdair Milne, a raíz de los episodios de violación o abusos sexuales en pantalla y el dejo sarcástico del convite en su conjunto para con la fe en su acepción popular. La película retoma a un único intérprete de la odisea televisiva, Denholm Elliott, y salvo por una referencia al paso al Frente Nacional y las miradas a cámara del loquito principal la trama es exactamente la misma y por supuesto aprovecha para exacerbar aquello que motivó la prohibición desde el vamos, el componente libidinoso y sacrílego: Martin Taylor (Gordon Matthew Thomas Sumner alias Sting) sale de una catedral anglicana y eventualmente se hace pasar ante Tom Bates (Elliott), un completo desconocido, por un viejo compañero de la escuela de arte de su hija, Patricia Bates (Suzanna Hamilton), quien quedó con daño neurológico luego de ser atropellada tiempo atrás, situación que deriva en la visita nocturna de Martin a la residencia de los Bates, Tom y su esposa devota Norma (Joan Plowright), para devolverle al marido su billetera menos las 80 libras que tenía en su interior en un claro intento por aprovecharse de los veteranos y de su lindo retoño, siempre en una cama con un pañal, lanzando sonidos guturales y perdida en un mundillo psicológico propio con diversos grados de contacto con la praxis que la rodea. La chica en realidad fue arrollada por un camión justo después de descubrir a su progenitor siéndole infiel a mami en su despacho con una asistente horrenda, Valerie Holdsworth (Mary MacLeod), por ello el hombre es un amargado que no cree en el progreso de la joven y en cambio su esposa, ignorante de la traición con la compañera de trabajo, anhela una mejoría y acepta alojar al optimista Taylor, quien oficia de enfermero, cocinero y mucamo improvisado mientras manosea a Patricia en sus momentos de soledad.

 

Desde un marco de impronta netamente teatral casi siempre consagrado al domicilio de la pareja y girando alrededor de motivos como la confianza y la ingenuidad en la burguesía londinense y de pivotes conceptuales más macros como el sufrimiento, la decepción, la hipocresía, la estafa, el encierro, la frustración, la perfidia, el asedio y el sadismo sin fin, la película por un lado exprime con inteligencia la figura en simultáneo mefistofélica y divina del intruso, por su dejo misterioso y sus promesas de sacar a la muchacha de la oscuridad cognitiva y reposicionarla con rezos en la luz, y por el otro lado entrega una mixtura entre la invasión progresiva de hogar de El Sirviente (The Servant, 1963), de Joseph Losey, y el trasfondo mesiánico/ cristiano/ irónico de Teorema (1968), de Pier Paolo Pasolini, más detalles claustrofóbicos dignos de la Nueva Ola Británica y el Free Cinema de las décadas del 50 y 60 de Lindsay Anderson, John Schlesinger, Karel Reisz, Tony Richardson, Jack Clayton, Bryan Forbes y John Osborne, entre otros profesionales que ponderaron en algún momento la estratificación por clases, el existencialismo metropolitano y el armazón formal del realismo de fregadero de cocina/ “kitchen sink realism”. Así como nuestro lobo con piel de cordero trae a colación los engranajes de la infiltración, el parasitismo y la mentira bien psicopática, el conflicto entre la esperanza de Norma y la desazón de Tom no impide la posibilidad de pensar la confluencia de ambos extremos en un flamante todo en función del cual el joven protagonista sintetiza el peligro y la contingencia de alivio bajo la condición de salir de la burbuja hogareña y de acceder a un exterior inabarcable, cuyas consecuencias arrancan en la incógnita, pasan por lo repelente y terminan en un sustrato entre paradójico y eventualmente beneficioso por el acceso a la verdad. El humor negro y la sátira social, otros dos pilares del esquema discursivo, matizan/ rebajan la doble tragedia de la hija idiota y el invitado con una agenda propia y en parte dañina, pensemos en este sentido en el trabajo de Tom, la escritura de frases genéricas y vacías para tarjetas de felicitación clasemedieras que se contraponen al derrotismo o la frialdad para con la esposa y la hija en la casa compartida.

 

A Loncraine hoy se lo recuerda por la aventura que nos ocupa más Círculo Diabólico (Full Circle, 1977), amena faena de terror fantasmal con Mia Farrow y Keir Dullea, El Misionero (The Missionary, 1982), una comedia tontuela protagonizada y escrita por Michael Palin de los Monty Python, Ricardo III (Richard III, 1995), adaptación bastante heterodoxa con Ian McKellen de la puesta teatral de 1592-1594 de William Shakespeare, y Firewall (2006), un thriller de acción muy mediocre con Harrison Ford, lo que asimismo implica que el resto de su producción artística cayó en el olvido, Flame (1975), Encuentro con la Verdad (Bellman and True, 1987), Wimbledon (2004), Mejor Sola que Mal Acompañada (My One and Only, 2009), Memorias de Manhattan (5 Flights Up, 2014) y Un Nuevo Comienzo (Finding Your Feet, 2017). Con una excelente banda sonora new wave y ambient a cargo de Sting y en ocasiones interpretada junto a su legendaria banda de la época, The Police, y con algunas secuencias excelentes como las de créditos iniciales y finales o las dos más rimbombantes, aquella onírica/ surrealista del flashback del patriarca y esa otra tenebrosa de la oración de Martin y Norma, en Instinto Perverso el director, como decíamos antes, juega bastante bien con la ambigüedad en lo que atañe a la figura de Taylor, pudiendo ser un loco tradicional que acecha a los desprevenidos o efectivamente un cofrade de Belcebú dispuesto a algún tipo de pacto faustiano para rescatar del soponcio a Patricia, en apariencia si ella entrega su anatomía para el placer de este demonio prosaico, por ello el desenlace, de la mano de la muchacha recuperando la normalidad -y sobre todo la memoria- después de una segunda violación, parece subrayar que la imbecilidad equivale a una verdad negada símil trauma que puede ser tanto individual como comunal, además de una suerte de epílogo en el que descubrimos que Martin es un monaguillo trasnochado al servicio de un obispo, dando a entender que siempre existe un chiflado más grande que oficia de “autor intelectual” o padre postizo. Aquí la debacle se confunde con el milagro porque ambas arrastran un marco de excepcionalidad que rompe con la misma intensidad la modorra o el conformismo de la rutina cotidiana, la cual a su vez acumula más y más angustia con el transcurso del tiempo aunque casi siempre desde el silencio de la conciencia de invariabilidad, un trasfondo conceptual muy ambicioso que la historia trabaja con sencillez, concisión y eficacia gracias al dinamismo de los diálogos de Potter y el estupendo desempeño del elenco, destacándose por supuesto Sting y su maravillosa cara de lunático, señor que sigue los pasos de Mick Jagger y David Bowie, ofrece su mejor trabajo en calidad de actor, junto con Duna (Dune, 1984), de David Lynch, y La Prometida (The Bride, 1985), de Franc Roddam, y por cierto ya venía de mínimas participaciones en Quadrophenia (1979), de Roddam, y Radio On (1979), de Christopher Petit, y más adelante se sumaría a propuestas heterogéneas como Plenty (1985), de Fred Schepisi, Las Dos Vidas de Julia (Giulia e Giulia, 1987), de Peter Del Monte, Lunes Tormentoso (Stormy Monday, 1988), de Mike Figgis, Las Aventuras del Barón Munchausen (The Adventures of Baron Munchausen, 1988), del gran Terry Gilliam, Perverso (The Grotesque, 1995), de John-Paul Davidson, El Poderoso (The Mighty, 1998), de Peter Chelsom, y la pirotécnica Juegos, Trampas y Dos Armas Humeantes (Lock, Stock and Two Smoking Barrels, 1998), debut de Guy Ritchie empardado al neo noir cómico…

 

Instinto Perverso (Brimstone & Treacle, Reino Unido, 1982)

Dirección: Richard Loncraine. Guión: Dennis Potter. Elenco: Sting, Denholm Elliott, Joan Plowright, Suzanna Hamilton, Mary MacLeod, Benjamin Whitrow, Dudley Sutton, Tim Preece, Elizabeth Bradley, Hugh Walters. Producción: Kenith Trodd, Herbert F. Solow y Alan E. Salke. Duración: 87 minutos.

Puntaje: 8