Jay Kelly

La decadencia en loop

Por Emiliano Fernández

No cuesta nada señalar que Noah Baumbach es un farsante cleptómano irredimible sin una mísera idea original ya que se la pasó robando a gente como Woody Allen, Robert Altman, Whit Stillman, Éric Rohmer, Peter Bogdanovich, Ernst Lubitsch, Jim Jarmusch, François Truffaut, Paul Thomas Anderson, Max Ophüls, Jonathan Demme, el primer Barry Levinson y aquel Jean Renoir de la genial La Regla del Juego (La Règle du Jeu, 1939). Entre algunas colaboraciones con Bogdanovich, Wes Anderson, Joe Swanberg y su pareja desde 2011, Greta Gerwig, el cineasta estadounidense ha sido responsable de películas entre mediocres e insoportables que quieren contentar en simultáneo a los públicos indie y mainstream, en concreto aquellas Pateando el Tablero (Kicking and Screaming, 1995), Sr. Celos (Mr. Jealousy, 1997), Jaibol (Highball, 1997), Historias de Familia (The Squid and the Whale, 2005), Margot y la Boda (Margot at the Wedding, 2007), Greenberg (2010), Frances Ha (2012), Mientras Somos Jóvenes (While We’re Young, 2014), Señora América (Mistress America, 2015), Los Meyerowitz: La Familia no se Elige (The Meyerowitz Stories (New and Selected), 2017), Historia de un Matrimonio (Marriage Story, 2019), Ruido de Fondo (White Noise, 2022) y la flamante Jay Kelly (2025), siendo la única excepción De Palma (2015), un interesante documental codirigido por Jake Paltrow sobre el legendario Brian De Palma. Jay Kelly especialmente es una de las peores y más estúpidas propuestas del director y guionista, típico film de Netflix para la temporada anglosajona de premios desesperado por alguna nominación, una vez más con el gigante de la N roja apostando por este Allen chatarresco/ mcdonalizado/ de supermercados como ya ocurrió en sus tres bodrios previos, Los Meyerowitz: La Familia no se Elige, Historia de un Matrimonio y Ruido de Fondo.

 

Con el marco de una autoindulgencia hollywoodense bastante patética a raíz del ingreso a la tercera edad, los ídolos fallecidos, el edadismo capitalista y la acumulación de películas, divorcios e hijos que se independizan o acusan al progenitor de abandónico, la premisa o estructura de base, léase una road movie centrada en las reflexiones de un fracaso de índole existencial nostálgica en medio de un homenaje en el corto plazo, está copiada de manera grosera y sin acreditar de Cuando Huye el Día (Smultronstället, 1957), de Ingmar Bergman, y su tributo/ parodia, Los Secretos de Harry (Deconstructing Harry, 1997), realización del omnipresente Allen. George Clooney interpreta al protagonista del título, un actor veterano y egocéntrico del mainstream de las últimas tres décadas que es odiado por sus dos hijas, Jessica (Riley Keough) y Daisy (Grace Edwards), y que confunde la lealtad pagada con la amistad de parte de su publicista, Liz (Laura Dern), una mujer hoy por hoy entregada al cinismo, y su manager, Ron Sukenick (Adam Sandler), este último tampoco dándose cuenta de que Kelly no es un amigo auténtico porque siempre privilegia su vida y su trayectoria por sobre las de todos a su alrededor. Jay abandona de manera repentina un rodaje en puerta y decide encontrarse con Daisy en Francia, a la que ubica revisando los gastos de la tarjeta de crédito de una amiga, para luego trasladarse hacia Italia para un homenaje en un festival de cine de Toscana, impulsividad que se explica por la melancolía agridulce que trae el fallecimiento del director que le dio su primera oportunidad y al que rechazó cuando estaba necesitado, Peter Schneider (Jim Broadbent), y la súbita reaparición de un colega actor de sus tiempos juveniles, Timothy (Billy Crudup), quien desencadena una pelea a puños luego de acusarlo de haberle robado tanto su otrora novia como su primer papel de importancia.

 

La distancia entre el cine mediocre contemporáneo y el mucho más variado e interesante del Siglo XX se acrecienta mediante menciones pasajeras a Gary Cooper, Robert De Niro, Cary Grant y Clark Gable y fotografías de Anthony Quinn, Donald Sutherland, Marcello Mastroianni, Humphrey Bogart, Sophia Loren y Marlon Brando, como si se tratase del masoquismo tácito del film en su conjunto a sabiendas de sus propias limitaciones más allá de la mascarada en pos de prestigio intra industria para Netflix, toda una usina de basura como Disney y Marvel, la primera para colmo dueña de la segunda. Si bien está claro desde el vamos que Clooney termina opacado por Sandler y este último prontamente es eclipsado por Dern, se puede decir que a nivel general Sandler vuelve a lucirse en un papel dramático que subraya lo mucho que se equivocó al elegir hacer carrera en esa comedia descerebrada yanqui, pudiendo haber optado por la alternativa de Embriagado de Amor (Punch-Drunk Love, 2002), de Anderson, y Diamantes en Bruto (Uncut Gems, 2019), de los hermanos Benny y Josh Safdie. La italianidad es reducida a un estereotipo turístico ridículo símil apropiación cultural, los constantes flashbacks de Kelly no agregan nada a nivel discursivo ya que refuerzan la redundancia del guión de Baumbach y la británica Emily Mortimer, aquí con una mínima participación actoral, y por cierto la propuesta recupera sin vuelo ni imaginación aquel cliché analítico acerca de los actores en lo que atañe a su condición de envases vacíos que sólo se llenan para los roles de turno y no pueden mantener relaciones valiosas, perdurables o siquiera sanas con su entorno, desde su familia y sus amigos hasta los colegas y la “gente común” que pasa de idolatrarlos al ataque cuando muestran algún indicio de hartazgo para con la fama o las lisonjas del montón, esa histeria paradigmática.

 

La troupe de admiradores, custodios y asistentes varios se siente banal y repetitiva, digna de una personalidad vulnerable/ anodina en una sociedad hedonista con ídolos de barro, esa que efectivamente reemplaza a la ética y la religión con el culto a las figuras de la industria cultural. Los constantes elogios por parte de los secundarios hacia Kelly dan vergüenza ajena porque sinceramente Clooney tuvo una carrera algo mucho pobretona en términos cualitativos -en esencia nunca fue un gran actor y siempre hizo de sí mismo, carisma de por medio- si la comparamos con los periplos de los diversos artistas con los que el señor gusta de cotejarse en esta ficción/ metaficción con toques autobiográficos indisimulables, en este sentido debemos recordar que el amigo George no entrega una película verdaderamente memorable desde los años de Los Descendientes (The Descendants, 2011), de Alexander Payne, y Gravedad (Gravity, 2013), de Alfonso Cuarón. Es lastimoso el episodio del robo en el tren impedido por un Jay que corre detrás del responsable con problemillas mentales y recupera el bolso femenino en cuestión, todo en plan de autolegitimación cuasi sarcástica como “héroe” en la praxis mundana supuestamente duplicando lo visto en la gran pantalla, el ecosistema por antonomasia de la mentira en su acepción hollywoodense. Conviene tener presente que existen películas muchísimo mejores y más astutas acerca del circo farsesco y fantasmagórico del cine como por ejemplo (1963), de Federico Fellini, El Desprecio (Le Mépris, 1963), de Jean-Luc Godard, Cuidado con esa Puta Sagrada (Warnung vor einer Heiligen Nutte, 1971), de Rainer Werner Fassbinder, La Noche Americana (La Nuit Américaine, 1973), de François Truffaut, Profesional del Peligro (The Stunt Man, 1980), de Richard Rush, El Estado de las Cosas (Der Stand der Dinge, 1982), de Wim Wenders, Un Gato en el Cerebro (Un Gatto nel Cervello, 1990), de Lucio Fulci, y Las Reglas del Juego (The Player, 1992), del querido Altman. El metraje resulta interminable en su decadencia en loop, siempre girando en torno a la misma crisis aburrida, y la intención adicional de fondo, eso de pretender pensar el alcance del duelo en primera persona en ocasión de la llegada de la vejez, se percibe muy impostada y no consigue despertar simpatía alguna por la estrella ni por su viaje de autodescubrimiento, ítems que tampoco desembocan en alguna “verdad revelada” que no se haya trabajado extensivamente en el pasado en lo referido a la oquedad de la celebridad y de tantos derroteros profesionales lelos en el arte y más allá…

 

Jay Kelly (Estados Unidos/ Reino Unido/ Italia, 2025)

Dirección: Noah Baumbach. Guión: Noah Baumbach y Emily Mortimer. Elenco: George Clooney, Adam Sandler, Laura Dern, Billy Crudup, Riley Keough, Grace Edwards, Jim Broadbent, Stacy Keach, Patrick Wilson, Greta Gerwig. Producción: Noah Baumbach, Amy Pascal y David Heyman. Duración: 132 minutos.

Puntaje: 2