Homo Argentum

La dislocación derechosa

Por Emiliano Fernández

La producción artística de los argentinos Mariano Cohn y Gastón Duprat se transformó recientemente en una “marca registrada” con todos los rasgos negativos que ello suele traer consigo, desde la repetición incesante de lo mismo y cierta mediocridad que también se parece a la merma de ideas novedosas hasta una impronta vaga y mercenaria, tendiente a privilegiar el dinero por sobre cualquier criterio alternativo, y una petrificación del discurso y el formato retórico que en el caso de los directores y guionistas equivale a una catástrofe porque no hay adaptación de la arquitectura paródica en función de los distintos momentos históricos del país, por ello burlarse de los wokes/ progres/ agendistas estaba muy bien en una coyuntura que privilegiaba los intereses de las minorías por sobre los de las mayorías, como lo fue el gobierno de Alberto Fernández, pero continuar con la misma exacta perorata en un contexto diferente, como lo es la Argentina neofascista, hambreadora y excrementicia de Javier Milei, equivale tanto a la crueldad del payaso psicopático neoliberal en el poder como a un conservadurismo ideológico rancio que deja en evidencia que la dupla -o trío, contando su guionista favorito, Andrés Duprat, hermano mayor de Gastón- se identifica con la alta burguesía y los sectores más concentrados y nefastos de la economía y detesta a esas masas menesterosas que genera a nivel industrial el mismo sistema que ellos convalidan con sus sermones relativistas derechosos de siempre, antes apareciendo de manera tácita y en su última película, Homo Argentum (2025), de modo explícito. Es precisamente en este nuevo trabajo, sucesor de El Artista (2008), El Hombre de al Lado (2009), Querida, Voy a Comprar Cigarrillos y Vuelvo (2011), El Ciudadano Ilustre (2016) y Competencia Oficial (2021), donde los realizadores quedan más vulnerables ya que dejan de hablar de lo que ellos saben o conocen de primera mano, el microecosistema artístico elitista, para construir un lienzo de la sociedad argentina sin claramente haber charlado con un pobre en sus vidas.

 

El suicidio que trae a colación Homo Argentum es doble, por un lado concentrado en esa faceta discursiva que ofrece lo que podría esperarse de Duprat y Cohn, léase identificación con la oligarquía empresaria, extractivista y especuladora, demonización/ criminalización de los estratos paupérrimos de la pirámide plutocrática y una risible romantización de unos sectores medios imbéciles -la pequeña burguesía, en términos marxistas- que ya casi no existen en una nación como la Argentina que desde los años 90 se ha africanizado como toda América Latina, con una mínima mafia capitalista controlando todos los recursos del enclave y acaparando la riqueza mientras que el resto de la población se dedica a sobrevivir en el día a día según el capricho de los gobiernos cómplices de cada instante, y por el otro lado este tiro por la culata de los cineastas también abarca una dimensión comercial debido al hecho de que estamos ante su primera propuesta destinada netamente al mercado interno, sin calificar como “producto de exportación” ya que a nadie más en el planeta le interesará en serio un retrato de tamaña argentinidad más que a los propios argentinos, en este sentido conviene recordar que los cinco films previos en su conjunto, a los que se suman dos opus en solitario, aquellas 4×4 (2019) y Mi Obra Maestra (2018), respectivamente de Cohn y Duprat, analizaron en general las paradojas de un gremio artístico heterogéneo desde una cosmovisión de impronta irónica europea que incluyó la pintura, la arquitectura, el cine y la literatura. Homo Argentum, suerte de remake aggiornada pero boba y muy olvidable de Los Monstruos (I Mostri, 1963), de Dino Risi, y su secuela Los Nuevos Monstruos (I Nuovi Mostri, 1977), de Risi, Mario Monicelli y Ettore Scola, no llega ni remotamente al nivel de calidad de ese díptico, grandes joyas de las antologías cinematográficas, e incluso cae por debajo de intentos previos loables de sátira social derechosa, sobre todo 4×4, Querida, Voy a Comprar Cigarrillos y Vuelvo y El Hombre de al Lado, esta última la mejorcita del lote.

 

Más allá de que la trivialidad y el enorme reduccionismo conceptual del opus ya estaban anunciados en su ambición de fondo, especialmente teniendo en cuenta que el proyecto saca a los directores de su zona de confort y además carecen de la inteligencia de Risi y compañía para pensar las injusticias y delirios de su tiempo, hoy la Argentina miserable de Milei y antes el costado feíto del Milagro Económico Italiano (1958-1963) y las masacres de los Años de Plomo en Italia (1968-1988), fetiches respectivamente de Los Monstruos y Los Nuevos Monstruos, a ciencia cierta el espectador a Duprat y Cohn podría darles una oportunidad autoengañándose diciendo que las tres espantosas remakes al hilo de 4×4 les garantizaron presupuesto para obras personales, la brasileña La Jaula (A Jaula, 2022), de João Wainer, la hindú Cuidado con los Ladrones (Dongalunnaru Jagratta, 2022), de Satish Tripura, y la estadounidense Encerrado (Locked, 2025), bodrio de David Yarovesky, sutil tercerización de culpas que podría extenderse a toda la basura televisiva que encararon para Disney -compañía que distribuye el film, por supuesto- a posteriori de la primera y brillante temporada de El Encargado (2022-2024), nos referimos a las temporadas siguientes y esas series anodinas o hiper cansadoras en sintonía con Nada (2023) y Bellas Artes (2024) más Terapia Alternativa (2021-2024), El Galán (2022), Limbo (2022), Horario Estelar (2023) y Coppola, el Representante (2024). Lamentablemente Homo Argentum, aventura saturada de un Guillermo Francella que pone la misma cara para los 16 episodios que protagoniza sin nada del talento camaleónico de los capocómicos de las faenas italianas, Vittorio Gassman, Ugo Tognazzi y Alberto Sordi, entrega sólo cuatro viñetas interesantes, la inaugural del accidente impune, la del burgués en pareja con la sirvienta, la del juguete importado y esa otra filmada en Italia, dejándonos con un desfile de clichés prejuiciosos en los que priman la violencia de los pobres y la condescendencia para con los especuladores y millonarios.

 

La película nos pasea de manera muy burda y sin verdadera imaginación mordaz por la idealización de la clase media fascistoide y racista, vista por ejemplo en el capítulo de los progenitores despidiendo a su hija en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza, la crítica a los militantes sociales, ahora a través de un cura verborrágico en una villa miseria, el erotismo vetusto modelo acervo masturbatorio de los 80, en esta ocasión representado en el trío del sereno/ esbirro de seguridad con dos furcias, la paranoia masculina sobre el feminismo, eje de la fantasía pusilánime del ascensor por parte de otro de los muchos plutócratas del relato, y desde ya el ataque a los realizadores wokes y los festivales de cine Clase A en línea con Competencia Oficial, aquí con Francella como un director que maltrata a actores indígenas durante un rodaje para luego defender a los nativos a la hora de los premios por el film en cuestión. Resulta muy patético que se copien el diseño de créditos iniciales de los convites italianos, la estructura general -cada segmento tiene su título- e incluso varias viñetas cuyas ideas fueron “actualizadas”, pensemos para el caso en las secuencias del rodaje y el coche anhelado de Los Monstruos y aquellas de la autoestopista, los primeros auxilios y la paliza nocturna de Los Nuevos Monstruos. La propuesta de Cohn y Duprat, otra vez con aportes de Andrés más un socio televisivo, Horacio Convertini, ratifica el mal momento creativo de los artistas y en todo caso sirve para rememorar las joyas de Risi, Monicelli y Scola, de las que se retoma el latiguillo de la histeria comunal o intercambiabilidad de posiciones según el antojo maquiavélico y/ o la disposición circunstancial de turno, no obstante las epopeyas de los 60 y 70 sí jerarquizaban con perspicacia el discurso de anclaje satírico político, no metiendo en la misma bolsa clasista a un hambriento y un burgués aporofóbico como partes equiparables de la misma espiral de vehemencia y polarización, algo que Homo Argentum suele hacer sin asignar correctamente las culpas a raíz de su apego estúpido al gran capital.

 

Otro problema doloroso de la odisea que nos ocupa, precisamente, pasa por la colocación de productos símil El Eternauta (2025), la serie de Bruno Stagnaro para Netflix, y por ello el film y su ristra de publicidades encubiertas asimismo certifican el fallecimiento del cine independiente en Argentina desde la asunción de Milei y su secta de cerebros deshidratados del J.P. Morgan, quienes en vez de sanear el reparto de dinero entre amigos de todas las administraciones anteriores directamente eliminaron los créditos otorgados por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), al extremo de condenarnos a una paralización de la industria audiovisual vernácula que sólo beneficia a grandes productoras como -oh, sorpresa- esas dos del magnate argentino Pablo Bossi que se mueven por detrás de Homo Argentum, la local Pampa Films y su espejo español, Gloriamundi Producciones. Para enfatizar la banalización cultural, el masoquismo en piloto automático y las anteojeras necias de Homo Argentum basta con recordar que Los Monstruos exploró meticulosamente el Lado B de la mentalidad de su época y del Milagro Económico de posguerra, sintetizado en la codicia, el egoísmo, la mitomanía, la traición, la vanidad, el nepotismo, la hipocresía, el exhibicionismo mediático, la infidelidad, la prepotencia en la industria del séptimo arte, la ignorancia popular, la promiscuidad, la ruina moral de la dirigencia y la alta burguesía, las familias numerosas, el fanatismo idiota por el fútbol, la corrupción, la cultura onanista, las farsas judiciales, la vileza de los poderosos del capitalismo, la bigamia, la manipulación, la institución matrimonial, la picardía y el canibalismo entre los sectores menesterosos, el automóvil como signo de estatus, la fauna militar, los beatos siempre inmundos, el “tráfico de influencias”, la insensibilidad y autoindulgencia burguesa, el narcisismo, la soberbia, la lobotomización televisiva, la explotación laboral y el edadismo en el deporte. Los Nuevos Monstruos, por su parte, en buena medida reemplazó el esquema grotesco de antaño por el dejo trágico, nihilista y violento de los Años de Plomo, así en este caso nos topamos con un estudio de la mansedumbre abúlica social, los viejos verdes, el feminismo, los geriátricos o asilos, la militancia de extrema izquierda, el código de silencio del hampa, el turismo más superficial, los tarados de clase media, el odio de larga data, el entorno parasitario entre los artistas, la violencia política, el sustrato creativo tragicómico, la infantilización posmoderna de la adultez, la petulancia de la aristocracia europea y del establishment y finalmente ese amor que se ubica más allá de las diferencias idiomáticas, amén de un neoliberalismo que sólo ofrece circo -porque considera que hasta el pan es caro- y la tensión entre la derecha y la izquierda en el cristianismo. La mayor derrota de la aburrida Homo Argentum, de todos modos, no pasa por la comparación con aquellas cúspides de períodos más apasionantes del séptimo arte -analogías que, dicho sea de paso, los mismos realizadores habilitan al repetir una y otra vez en entrevistas que esas fueron sus influencias- sino que se condice con la incapacidad de los susodichos y Francella de despertar verdaderas carcajadas basadas en la causticidad o la sabiduría, quedándose en una lectura reaccionaria y repleta de estereotipos ya quemados que exacerban el desfasaje o la dislocación de esta propuesta centrada en un marco social injusto que se pretende criticar aunque se justifica o defiende por la impronta tradicionalista y cipaya de todo el material, digna del que se siente cómodo lamiéndole los testículos a la mafia usurera y rural en el poder en la Argentina desde la última dictadura cívico militar, aquel Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983) reverenciado por el menemismo, el macrismo y ahora la lacra mileista y sus socios del mainstream cultural…

 

Homo Argentum (Argentina, 2025)

Dirección: Mariano Cohn y Gastón Duprat. Guión: Gastón Duprat, Mariano Cohn, Andrés Duprat y Horacio Convertini. Elenco: Guillermo Francella, Eva De Dominici, Milo J, Migue Granados, Clara Kovacic, Vanesa González, Juan Luppi, Gastón Soffritti, Dalma Maradona, Guillermo Arengo. Producción: Pablo Bossi, Martín Iraola, Cabe Bossi, Pol Bossi y Maximiliano Lasansky. Duración: 98 minutos.

Puntaje: 2