Los Inocentes (De Uskyldige)

La empatía se enseña

Por Emiliano Fernández

La niñez maquiavélica siempre ha calado hondo en el imaginario del séptimo arte porque el estereotipo social dice que los niños son en esencia ingenuos -en otra época se aseveraba que además eran “puros”, como si en el ser humano aplicasen criterios morales maniqueos de blanco o negro- y desde ya violar el cliché resulta tan divertido como faltarle el respeto a cualquier norma constituida y aburrida, hablamos de una tradición de la vileza en corta edad que por un lado abarca los engendros del demonio que gustan de moverse en soledad, como por ejemplo aquellos de La Mala Semilla (The Bad Seed, 1956), de Mervyn LeRoy, El Otro (The Other, 1972), de Robert Mulligan, Diabólica Malicia (La Tua Presenza Nuda!, 1972), opus de James Kelley y Andrea Bianchi, La Profecía (The Omen, 1976), de Richard Donner, El Ángel Malvado (The Good Son, 1993), de Joseph Ruben, La Huérfana (Orphan, 2009), de Jaume Collet-Serra, y Tenemos que Hablar de Kevin (We Need to Talk About Kevin, 2011), de Lynne Ramsay, y por el otro lado asimismo incluye a purretes perversos que adoran las duplas o quizás los grupos en tanto colectividad que refuerza de a poco la idea de un apocalipsis definitivo para unos adultos transformados en el enemigo a vencer/ humillar, en este gremio sobresalen realizaciones como El Pueblo de los Malditos (Village of the Damned, 1960), de Wolf Rilla, Los Inocentes (The Innocents, 1961), de Jack Clayton, ¿Quién Puede Matar a un Niño? (1976), de Narciso Ibáñez Serrador, Cosecha Negra (Children of the Corn, 1984), de Fritz Kiersch, Veneno para las Hadas (1986), de Carlos Enrique Taboada, Eden Lake (2008), de James Watkins, y Goodnight Mommy (Ich Seh, Ich Seh, 2014), de Severin Fiala y Veronika Franz. La última adición a esta lista, Los Inocentes (De Uskyldige, 2021), dirigida y escrita por el noruego Eskil Vogt, a decir verdad guarda más puntos en común con los trabajos de Mulligan, Ruben y Taboada, centrados en diversos conflictos y en una comunicación maltrecha entre los mismos mocosos, que con el legendario convite de Clayton, como uno podría imaginar a priori por el título compartido.

 

Para quienes no sepan quién es el inquieto Vogt, vale aclarar que el susodicho es conocido en el ambiente cinéfilo internacional como el guionista de cabecera de Joachim Trier, un compatriota y realizador bastante anodino que jamás logró salir del circuito de festivales y con quien coescribió los guiones de películas apenas pasables o evidentemente fallidas en sintonía con Reprise (2006), Oslo, 31 de Agosto (Oslo, 31 August, 2011), Más Fuerte que las Bombas (Louder Than Bombs, 2015), Thelma (2017) y La Peor Persona del Mundo (Verdens Verste Menneske, 2021), siendo Los Inocentes su segunda aventura como director luego de la floja Blind (2014), todavía formalmente similar a esos bodrios existenciales, seudo poéticos y algo mucho redundantes a escala discursiva de su amigo Trier. Si bien en esta oportunidad regresa en un rol crucial la protagonista de Blind, la bella y talentosa Ellen Dorrit Petersen, en realidad Vogt recupera aquellos poderes sobrenaturales de Thelma y reemplaza todo el romanticismo bobalicón lésbico y esa homologación retórica de manual entre cristianismo y represión sexual con la noción hiper fatalista de que la empatía no es innata en la humanidad sino que se enseña, por ello el grupito de purretes psíquicos de Los Inocentes son todos potenciales psicópatas hasta que despunta el verdadero sádico y los demás aprenden por las malas que andar matando o torturando a víctimas sin culpa no tiene mucho sentido y nos convierte en adalides del espanto social. La protagonista principal aquí es Ida (Rakel Lenora Fløttum), una nena que se muda junto a su hermana mayor y autista, Anna (Alva Brynsmo Ramstad), y sus padres (Morten Svartveit y la citada Petersen, madre en la vida real de Fløttum) a un complejo kafkiano de departamentos donde conoce a un tal Ben (Sam Ashraf), un joven de estirpe árabe que vive con su madre (Lisa Tønne), vecino a su vez de Aisha (Mina Yasmin Bremseth Asheim), una chica con vitiligo en su rostro que es tan solitaria y adusta como los otros tres niños y también se mueve en las inmediaciones del complejo bajo el amparo de su progenitora (Kadra Yusuf), una inmigrante de África.

 

Honestamente no ocurre mucho en la trama en términos de acción rimbombante tradicional y lo que tenemos frente a nosotros es una especie de acumulación de pequeños detalles que reconfiguran todo el tiempo el campo de las alianzas y las enemistades del caso: Ida en un principio está celosa de Anna porque recibe más atenciones de la madre de ambas, por ello se sumerge en pequeños actos de crueldad como pisar a una lombriz, pellizcar a su hermana o ponerle vidrios rotos dentro de las zapatillas, esquema que cambia cuando conoce a Ben, el cual recibe pocos cuidados de parte de su madre y suele mudarse mucho de ciudad en ciudad por razones desconocidas, un muchacho misterioso que no sólo pasa de matar a un gato a directamente desquitarse con su madre sino que le enseña destrezas psíquicas a Ida, quien ya las compartía sin saberlo del mismo modo que las afinidades electivas naturales trazan una fuerte conexión entre Anna y Aisha, dos verdaderas marginadas comunales por el autismo y el vitiligo, no obstante el asunto comienza a oscurecerse cuando Ben no puede ocultar que asesinó a su progenitora, a quien golpeó con una sartén y luego quemó con agua hirviendo negándole todo auxilio, y cuando progresivamente descubre que además de mover objetos y leer el pensamiento de otros mocosos puede hacer estallar troncos o huesos e incluso influir en terceros para convertirlos en títeres que perdieron su voluntad símil El Gabinete del Doctor Caligari (Das Cabinet des Dr. Caligari, 1920), joya de Robert Wiene, ganándose primero la curiosidad de Ida y luego su miedo y antipatía al extremo de que se pasa de bando y se une a Aisha y su hermana, a la que aprende a querer, para detener a un Ben que da rienda suelta a sus tendencias sociopáticas haciendo matar a un adolescente que lo sometía a bullying, quebrándole la pierna a otro por pura maldad o amenazando la vida de este círculo de amigos improvisados en pugna, lo que nos lleva a la muerte de una pobre Aisha que termina acuchillada por su propia madre bajo la nefasta influencia del muchacho, el cual por cierto tiene pudriéndose el cadáver de su mamá en la cocina de su departamento.

 

Vogt, como en el caso de Thelma, coquetea en Los Inocentes con el excrementicio cine hollywoodense de superhéroes aunque desde ese acervo indie, noventoso y arty que hace de la dialéctica de la brutalidad y la defensa sincera de los inadaptados su horizonte discursivo, planteo que no posee ni un gramo de originalidad aunque por lo menos cuenta con una importante paciencia narrativa, confía en el desarrollo de personajes y nos regala escenas logradas de suspenso que aprovechan la meticulosa fotografía de Sturla Brandth Grøvlen, la interesante música incidental de Pessi Levanto y el estupendo trabajo del elenco en general, cónclave que a su vez exprime con sabiduría las pocas palabras del guión de Vogt y ese enfoque visual de cepa hitchcockiana volcado a la intranquilidad y a la violencia latente de la atrocidad por venir. En lugar de sólo culpabilizar a los padres por idiotas, abandónicos, soberbios y egoístas, siempre viviendo en un universo paralelo que no puede ingresar al ecosistema y el ideario de los purretes como queda en claro por el desconocimiento de la en esencia abnegada madre de Ida y Anna para con la sinuosa batalla campal entre sus hijas y Ben, la película explora las rencillas entre los nenes reales poniendo en primer plano esta partición entre victimarios por deporte, léase el árabe aunque también la primera Ida, y los excluidos que necesitan más cuidados o prefieren la soledad, Anna y Aisha, de allí que el film en su conjunto pueda equipararse a una historia de aprendizaje o bildungsroman del personaje de la genial Fløttum, quien desarrolla la mentada empatía después de chequear el tendal de cuerpos heridos o sin vida que deja su doppelgänger varón llevado al extremo de la locura resentida hacia todo y todos. Lejos de la corrección política mainstream, Vogt elige a un oscurito como malo y a una rubia como su cómplice arrepentida para pinchar en los prejuicios sociales ultra palurdos acerca de la niñez y retratar la peligrosidad maquillada a cielo abierto, la frialdad nórdica y el carácter volátil de la amistad en esa etapa de la vida, de un momento al otro pasando de la alegría a la tristeza y la furia por una traición tácita…

 

Los Inocentes (De Uskyldige, Noruega/ Suecia/ Dinamarca/ Reino Unido/ Francia/ Finlandia, 2021)

Dirección y Guión: Eskil Vogt. Elenco: Rakel Lenora Fløttum, Alva Brynsmo Ramstad, Sam Ashraf, Mina Yasmin Bremseth Asheim, Ellen Dorrit Petersen, Morten Svartveit, Kadra Yusuf, Lisa Tønne, Irina Eidsvold Tøien, Marius Kolbenstvedt. Producción: Maria Ekerhovd, Mark Lwoff y Misha Jaari. Duración: 117 minutos.

Puntaje: 7