Algunas diferencias entre Alien y Alien: Covenant

La era del Chaski Boom

Por Ernesto Gerez

En una de las escenas iniciales de Alien (1979), dos tripulantes de la nave Nostromo (que llevan a cuestas nada más y nada menos que las caras de Yaphet Kotto y Harry Dean Stanton) discuten si les compete o no, como trabajadores de una nave de carga, ir a socorrer a una supuesta víctima a un planetoide desconocido. La discusión es política, así como también plantea un dilema moral. Es un diálogo de un minuto que resume una minilucha obrera; algo como “OK, si nos pagan lo que corresponde, vamos” dirá el pragmático ingeniero interpretado por Kotto.  La situación aporta verosimilitud al relato fantástico y ubica a Alien dentro del género que mira al mundo, que tiene esa voluntad más allá de lo que cuenta. Por ello, se distancia del resto de la saga -genial casi siempre pero nunca tanto como la original-, y marca una diferencia fundamental con la extraordinaria Aliens del militarista Cameron (y decimos militarista por su obsesión, también vista de Terminator (1984) a Avatar (2009), pasando por True Lies (1994); independientemente de sus críticas y/o posturas sobre los verdaderos conflictos armados, y de las palabras que hace unos años pronunciara el actor Sam Worthington: filma como si fuera una guerra y él, el General).

 

En la original la expedición es una casualidad, estamos ante una nave working class que bien podría ser un barco o un camión o la oficina del clasemediero promedio y no ante una organizada expedición militar. Esa característica de una tripulación cercana al trabajador en un futuro donde parecen democratizados -al menos comercialmente- los viajes interestelares, es algo que va cambiando a lo largo de la saga hasta llegar a una Covenant donde el hombre común (los colonos) son la materia transportada pero no los tripulantes. El hombre común, el que discute un sueldo, ya no es parte de la acción sino simplemente guiado a través de una historia que lo aleja y (nos) distancia; historia donde los protagonistas son los sintéticos y ya no hay posibilidades para una heroína llena de vida como Sigourney Weaver.

 

Scott expone su ambicioso génesis de efectos digitales sin animarse o simplemente sin querer -o poder- hacer una película que rompa con los cánones actuales de representación del cine espectáculo (como sí lo hizo George Miller hace dos años o como lo suele hacer Mel Gibson). Su grandilocuencia se reduce a las premisas y no a la tensión dramática o a la exposición narrativa, como sí pasa con su Alien del ’79, donde el inmenso y detallista trabajo de arte es acorde a una narración que emociona, y donde, además, hay una postura crítica inherente al relato; tal como sucede con la extraordinaria Total Recall (1990), también escrita por Dan O’Bannon y Ronald Shusett.  Estas simples observaciones que hacemos a partir de una escena de la película original, seguramente tengan que ver con la coyuntura (de la producción de cine en general y del momento actual del capitalismo), sin embargo, Alien también fue resultado de las decisiones de productores, del marketing y de estudios cinematográficos de grandes capitales como lo es Covenant. El guión de O’Bannon y Shusett (por más progresistas que hayan sido) se forjó en las entrañas del imperio; Covenant, saliendo de la misma cuna de oro, no supo qué hacer con sus posibilidades.

 

Alien (Reino Unido/ Estados Unidos, 1979)

Dirección: Ridley Scott. Guión: Dan O’Bannon. Elenco: Tom Skerritt, Sigourney Weaver, Veronica Cartwright, Harry Dean Stanton, John Hurt, Ian Holm, Yaphet Kotto, Bolaji Badejo, Helen Horton, Eddie Powell. Producción: Walter Hill, David Giler y Gordon Carroll. Duración: 117 minutos.

Alien: Covenant (Reino Unido/ Estados Unidos/ Australia/ Nueva Zelanda, 2017)

Dirección: Ridley Scott. Guión: John Logan y Dante Harper. Elenco: Michael Fassbender, Katherine Waterston, Billy Crudup, Danny McBride, Demián Bichir, Carmen Ejogo, Jussie Smollett, Callie Hernández, Amy Seimetz, Nathaniel Dean. Producción: Ridley Scott, Walter Hill, Michael Schaefer, Mark Huffam y David Giler. Duración: 122 minutos.