El fútbol en el nuevo milenio, en contraposición a su homólogo apasionante del Siglo XX, se transformó en un ámbito profundamente mediocre que para colmo exacerbó a niveles delirantes dos características que en las décadas del 80 y 90 ya estaban muy presentes, hablamos por supuesto de la violencia y la especulación comercial, esta última parte del modelo del capitalismo salvaje, ese que sustituye trabajo por burbujas de lucro contextual, y la primera por cierto metamorfoseada desde una especie de “cultura patológica” del deporte más popular del mundo en una guerra encarnizada entre las distintas mafias que lo circundan, sobre todo por el control de la reventa de entradas y la distribución de bebidas, productos alimenticios y drogas dentro de los estadios. El calamitoso panorama, asimismo, salta a la luz al considerar las novedades en lo que atañe a las estrategias de cooptación y formación de jugadores, pensemos que en el pasado los principales clubes de cada país de Latinoamérica privilegiaban un semillero hermético local y hoy ello no sólo desapareció casi por completo sino que mutó en una red de influencias y estafas en la que dominan los intermediarios, sujetos tan chupasangres como las instituciones deportivas todopoderosas de antaño que se hacen llamar intermitentemente representantes de jugadores, buscadores de talento y/ o inversores en lo que a los derechos de pase y de marca se refiere, en sí una movida que tiene que ver con la implementación a escala global del esquema de negocios del deporte masivo estadounidense -sustentado en la publicidad, la imagen pública, el marketing, el merchandising y los fondos buitres- pero manteniendo como principal plaza de colocación a Europa, la zona más competitiva y rica y paradójicamente más xenofóbica.
Pelotero del Mundo (2022), el nuevo documental del equipo conformado por los argentinos Ariel Borenstein y Damián Finvarb, analiza precisamente este estado de cosas utilizando como excusa el fenómeno asociado del récord de exportación de jugadores de Argentina hacia diversos países del planeta, lo que por supuesto tiene que ver con otra red hermanada a la anterior y consagrada a la evasión de impuestos y el hecho de esquivar los controles migratorios de cada nación, aquellos que aplican por estadía y contrataciones laborales y finalmente los correspondientes a los cupos permitidos de jugadores extranjeros según las reglamentaciones de la Federación Internacional de Fútbol Asociación o FIFA, la entidad igualmente mafiosa y dictatorial que establece las normas sobre las que supuestamente se basan los intercambios entre las federaciones vernáculas y regionales. Más allá de recurrir a la ya clásica pero no menos eficaz comparación entre los dos jugadores que mejor resumen el cambio de paradigma, léase Diego Maradona y Lionel Messi, el primero un exponente de la picardía de la educación deportiva de los potreros o canchas precarias y el segundo un representante de la formación gélida y repetitiva de los clubs multimillonarios de Europa como el Barcelona, de hecho su cuna mucho más que las canchas de su Rosario natal, la película indaga en el catálogo de frustraciones que un sistema de promoción individual de esta índole genera en los entrenadores, dueños de clubes de barrio y los mismos jóvenes, esos jugadores que suelen ser homologados por la oligarquía deportiva a ganado vacuno que se cría y se fracciona según las necesidades o exigencias caprichosas de cada mercado del globo y sus capitalistas, los cuales mercantilizan a los mocosos desde el maquiavelismo.
Haciendo foco en el circuito futbolero de Rosario en tanto usina fundamental del nuevo milenio en el campo de los jugadores, preparadores físicos y directores técnicos, el film de Borenstein y Finvarb, responsables además de otras epopeyas también interesantes como En Obra (2013), Viaje al Centro de la Producción (2015) y Entre Gatos Universalmente Pardos (2019), adopta el formato del documental expositivo para presentarnos entrevistas a dirigentes de entidades muy menores como Alberto Massari, del Club BANCO, y Jorge Solari, del Club Renato Cesarini, a representantes como Oscar Basualdo y Fabián Soldini, este último a su vez jerarca de la filial local del Villarreal, a entrenadores como Cristian Gómez y Claudio Marinich, al coordinador Ignacio Oviedo, a algún payaso del montón de la especulación internacional como el grotesco Gabriel Sapio y a muchachos como Jesús y Nahuel que simbolizan la baja edad de los que optan por abandonar Argentina, casi siempre niños/ preadolescentes/ púberes. Sin embargo las verdaderas joyitas del lote en materia de los testimonios conseguidos pasan por Gerardo Molina, profesor universitario y especialista en marketing deportivo, y Fernando Signorini, aquel ex preparador físico de Maradona y del seleccionado argentino, un dúo que en esencia señala cuánto se promedia hacia abajo en el Siglo XXI y cuánto se coarta la diversidad en lo que hace a los jugadores y la propuesta futbolística en general, compartimentalizada hasta la hipérbole cual máquina picadora de carne que promete la gloria en el extranjero a chicos pauperizados cuando en realidad muy pocos son elegidos para estancias prolongadas por los popes del Primer Mundo, amén de la codicia y la banalidad descerebrada reemplazando a la ética y ese sentido común popular.
Si bien en sus escasos 63 minutos la propuesta se queda algo corta en términos de una temática tan ambiciosa y de candente actualidad y definitivamente se hubieran agradecido algunas entrevistas que cubran la perspectiva complementaria de las naciones receptoras/ importadoras, faltante que desde ya tiene que ver con la magra disponibilidad de recursos destinados al cine en un país como Argentina cuya dirigencia privilegia el neocolonialismo del Fondo Monetario Internacional en detrimento de sectores básicos como la salud, la educación, la infraestructura y la cultura, Pelotero del Mundo logra a la perfección retratar esa medianía anodina de la que hablábamos con anterioridad como emblema del deporte mainstream del nuevo milenio, uno que mejora al jugador mediocre y destruye la decisiva posibilidad de lucirse que en el siglo pasado tenían los virtuosos como el mismo Maradona, cuya eficacia en sus buenos tiempos es comparable a la estabilidad en la excelencia de un Messi tan prolijo como a veces aburrido e intercambiable con cualquier otro “producto” del viejo continente que sólo conoce el lucro y el privilegio desideologizado. La película, como el hincha/ fanático del fútbol de antaño o el cinéfilo o melómano ya muy veterano, lamenta la uniformización lobotomizadora que trajo aparejada la globalización o victoria de Estados Unidos en la Guerra Fría y atesora tácitamente la contingencia de una vuelta a futuro de aquella épica de ascenso social -equiparada al éxito económico y deportivo- sin renunciar a la identidad proletaria o lumpen, esta última una movida hoy reconvertida en requisito sine qua non para que los niños de zonas marginales sean aceptados en las antiguas metrópolis imperiales, todavía sirviéndose de la materia prima que nuestro hemisferio sur les ofrece…
Pelotero del Mundo (Argentina, 2022)
Dirección y Guión: Ariel Borenstein y Damián Finvarb. Elenco: Fernando Signorini, Gerardo Molina, Alberto Massari, Jorge Solari, Oscar Basualdo, Fabián Soldini, Cristian Gómez, Claudio Marinich, Ignacio Oviedo, Gabriel Sapio. Producción: Ariel Borenstein. Duración: 63 minutos.