Lo espeluznante es un tipo de experiencia estética. La sensación de lo espeluznante es muy diferente a la de lo raro. Mientras que lo raro se constituye por una presencia exorbitante que no encaja allí, lo espeluznante se impone por una falta de ausencia o por una falta de presencia. Es decir, por una presencia donde no debería haber nada o bien una ausencia donde debería haber algo (Fisher, M. 2021).
La Virgen de la Tosquera (2025) es una película espeluznante. Puede ser catalogada en el género del terror, en el thriller o en alguna otra subvariante vinculada al “coming of age”, como se ha planteado. Pero lo que no deja de ser, en ningún momento, es espeluznante.
La argentina Laura Casabé, directora de La Valija de Benavídez (2016) y Los que Vuelven (2019), ambas de hecho vinculadas al thriller y al terror respectivamente, llega a su punto más alto con esta obra tan profunda, polisémica, oscura y agobiante como la propia atmósfera de ese verano bonaerense del año 2002 que la acompaña en el relato. Contó también con el aporte en guión de Benjamín Naishtat, recordado, entre otras, por las fabulosas Rojo (2018) y Puan (2023). Su aporte no pasa desapercibido ya que encontramos claramente pinceladas de la oscuridad de Rojo en la estructura narrativa, de por sí sumamente original aunque contiene reminiscencias que son insoslayables. Por ejemplo, en el plano local se remite a La Ciénaga (2001), de Lucrecia Martel, y en el internacional a Carrie (1976), de Brian De Palma, y Crudo (Grave, 2016), de Julia Ducournau.
Hay tanto para debatir sobre La Virgen de la Tosquera que pueden ser escritas críticas, análisis y ensayos desde decenas de ángulos. Ejemplos de ello encontramos en el brillante artículo de Luciana Gallo (2026), que más allá de lo narrativo explora cuestiones del contexto histórico y dimensiones de género en sintonía con Daniela Pasik (2026), quien además pone en valor la producción y el financiamiento de la propuesta. Las tosqueras son efectivamente un fenómeno que se ha potenciado en las últimas décadas, todo un conjunto de bellos páramos que configuran un síntoma de este momento histórico donde proliferan la segregación socioespacial y la desigualdad materializada en la construcción de countries y barrios privados, atendiendo a demandas contemporáneas muchas veces securitistas pero también respondiendo a lógicas de valorización y especulación de índole financiera/ inmobiliaria.
Retomando la temática del film, brevemente diremos que se basa en dos cuentos de Mariana Enríquez, uno homónimo y el otro de ellos titulado El Carrito, ambos contenidos en la antología Los Peligros de Fumar en la Cama (2009). Principalmente narra la historia de Natalia (una impactante Dolores Oliverio), que junto a dos amigas y hermanas mellizas, tras concluir el secundario, comienzan una dinámica de salidas y ocio veraniego que irá transformándose cuando un compañero de ellas, Diego (Agustín Sosa), se una a sus escapadas. El asunto irá mutando aún más cuando una cuarta adolescente, Silvia (Fernanda Echevarría), introducida por Diego, proponga abandonar las rutinas de piletas municipales para visitar una tosquera, verdadero oasis de aguas claras en apariencia desértico y un producto del abandono de un proyecto de construcción de barrio privado.
Lo espeluznante recorre La Virgen de la Tosquera en prácticamente todos sus segmentos. Hay componentes paradigmáticos que la nutren y la potencian desde el género más clásico, el horror: encontramos dobles, rituales, animales salvajes, amuletos, altares, ídolos. A su vez, también desfilan elementos vinculados a la mitología antigua. Por caso, poco sabemos de la madre de la protagonista más allá de haberla abandonado para viajar a España como consecuencia de la crisis que fundió su local, tampoco conocemos mucho sobre su padre más allá de cierto apañamiento y rescate por parte de la abuela de Natalia, Rita (Luisa Merelas). La veterana aporta justamente la parte mística. Conocedora de rituales y hechicería, impone una presencia cuasi sacerdotal, toda vez que es respetada dentro de la comunidad interviniendo en momentos claves del orden social: lo hace para detener un marco de violencia, para dar refugio a huéspedes necesitados e incluso para consentir determinadas situaciones. Vale decir, además es extranjera.
Sin embargo, lo verdaderamente espeluznante siempre acecha: un carrito de basura ensangrentado de presencia indeleble, el calor y un corte de luz inminente, las filas en búsqueda de agua, un desocupado vendiendo un viejo diccionario, la humedad, la transpiración, la trata de personas, un llamado a la puerta pidiendo auxilio, saqueos, la TV vacua, la música de la “marcha”, los tiempos, lo táctil, la monstruosidad, el caos, la anarquía. Ingredientes todos plenos de una belleza cinematográfica, dotados de una fotografía potente, rebosante de primerísimos planos y una música tan inmersiva y cautivante como la propia tosquera. La “lenta cancelación del futuro” que se plasma allí, en un contexto de caída de la convertibilidad y auge de la desocupación y la miseria como lo fue la Crisis de Diciembre de 2001 en Argentina, viene efectivamente acompañada por una deflación de las expectativas.
Se pregunta Fisher: ¿Podría ser que la destrucción de la solidaridad y la seguridad por parte del capitalismo neoliberal trajo un ansia compensatoria por lo establecido y lo familiar? (Fisher, M. 2018). Tal vez, siguiendo a este autor, la presente sea una buena oportunidad para evitar las tentadoras melancolías y aprovechar la perspectiva de lo espeluznante, esa que revela las fuerzas que rigen la realidad mundana y suelen estar escondidas. Quizás sea una salida atractiva para pensar los confines, los márgenes de lo real.
La Virgen de la Tosquera (Argentina/ España/ México, 2025)
Dirección: Laura Casabé. Guión: Benjamín Naishtat. Elenco: Dolores Oliverio, Fernanda Echevarría, Luisa Merelas, Isabel Bracamonte, Candela Flores, Agustín Sosa, Dady Brieva, Maicol Orihuela, Víctor José López, Marcelo Antonio Díaz. Producción: Tomás Eloy Muñoz, Diego Martínez Ulanosky y David Matamoros. Duración: 93 minutos.