Las clases dominantes vuelcan todos sus esfuerzos en el hecho de que sus ganancias se mantengan dentro de un circuito cerrado, que rotulan como mercado de lujo, donde concentran sus inversiones para que la riqueza que los trabajadores generan no les llegue de ninguna manera, un ámbito exhibido a plena luz del día que funciona como escaparate al que rara vez las clases medias y bajas pueden acceder, ya sea a través de experiencias o de la posesión y uso de los productos, pero al que constantemente se aspira en un deseo difícil de consumar. La atracción hacia aquello que raramente se puede poseer funciona como un catalizador o Santo Grial en un capitalismo cada vez más excluyente que hoy esta redefiniendo el mundo del trabajo ante la inacción y el desconcierto de trabajadores, sindicatos y políticos de todas las ideologías.
La secuela de El Diablo Viste a la Moda (The Devil Wears Prada, 2006) es, al igual que su precursora, una adaptación de la novela de la escritora estadounidense Lauren Weisberger, que trabajó como asistente a fines de los años 90 y principios del 2000 para Anna Wintour, la célebre directora de redacción de la revista de moda Vogue, que ejerció el cargo entre 1988 y 2025. Aunque señalada como una obra de ficción, la novela original retrata en gran parte las vivencias de Weisberger en la redacción de la tradicional revista que marcó la tendencia de la moda mundial durante muchos años. Entre ambas películas transcurrieron veinte años, aunque entre la publicación de la primera novela en 2003 y la segunda sobre la que se basa esta nueva entrega, La Venganza Viste de Prada (Revenge Wears Prada, 2013), tan solo pasaron diez.
Dirigidas ambas por David Frankel y adaptadas por Aline Brosh McKenna, las películas son dos buenos ejemplos de las características del cine de cada época, el trabajo dentro del mundo del lujo y la alta costura y las transformaciones del ecosistema de la moda y del periodismo gráfico y digital. Aquí, Andy Sachs (Anne Hathaway), la otrora segunda asistente de Miranda Priestly (Meryl Streep) y ahora una periodista recientemente despedida por el periódico para el que trabajaba, debido al desguace del periodismo por parte de las corporaciones que adquieren los medios para transformarlos en panfletos ideológicos o apéndices de las redes sociales, es contratada por el CEO del grupo editorial que maneja la prestigiosa revista de moda Runway, Irv Ravitz (Tibor Feldman), a instancias de su hijo, Jay (B.J. Novak), como responsable y redactora de la sección de entrevistas para apaciguar las críticas hacia el medio generadas por un caso de explotación laboral por parte de una empresa tercerizada que brindaba servicios precarizados. Así comienza el regreso de Andy a la empresa en la que realizó su primera experiencia en los medios de comunicación para reencontrarse con Miranda, la fría directora que ahora tiene que cuidar sus maneras autoritarias y discriminatorias en una época que hasta hace poco tiempo exudaba una corrección política extrema, y con su fiel asistente, Nigel (Stanley Tucci). La trama se centra tanto en la búsqueda de Andy de un lugar en la revista y en la nueva lógica de contenido como en su rivalidad con Emily Charlton (Emily Blunt), ahora convertida en una ejecutiva de cuenta y alianzas estratégicas de Dior que lidera la relación con Runway, de novia con Benji Barnes (Justin Theroux), un potentado empresario informático.
Lo que en la primera película se expresaba a través de la trama, por ejemplo, que un trabajo directivo se interpone y suele ser incompatible con una vida privada, en la segunda parte se enuncia abiertamente. En ambas obras quedaba en claro que el precio a pagar por un cargo directivo era la absorción de la persona por parte del susodicho, en parte una advertencia y una justificación de una elección, pero principalmente argumentando acerca de las características de turno, hablamos de cierto grado de sociopatía, fanatismo por el trabajo, ambición desmedida y una personalidad con rasgos autocráticos, todo muy bien subsumido en el personaje de Miranda, brillantemente interpretada por Streep.
A pesar de la manía actual por explicarlo todo que por momentos impregna la trama, el film trabaja bien el traspaso del apéndice del epicentro de la moda de París a Milán, aunque siempre con el centro en Nueva York, que incluye un cameo de Donatella Versace, haciendo una transición de la primera película a su secuela que incluye también la transformación del mercado de objetos de lujo y de la prensa gráfica en digital, con el consiguiente abandono de la lógica de revista como contenido cerrado sobre las tendencias, reemplazada por el de la búsqueda de notas que se viralicen y lleguen así a los estilos en boga.
La nueva película intenta subsanar las heridas abiertas de la primera entrega, darle un poco más de humanidad a Miranda a través de su nueva pareja, Stuart (Kenneth Branagh), y poner en su justo lugar a Nigel, resolviendo las distintas rivalidades con un tono de concordia acorde con las expectativas del público, que recibe con creces muestras gratis de ropa y accesorios de las marcas más reconocidas y panorámicas de las atracciones turísticas de Milán y de algunos lugares no tan conocidos reservados para los que pueden pagar la exclusividad y las nuevas tendencias de la moda mundial.
Aunque falta la frescura de la película original todo está colocado profesionalmente en su lugar, la música irrumpe en el momento adecuado, las actuaciones son acordes a la propuesta, los chistes son introducidos en los momentos indicados y funcionan bien y los personajes secundarios aportan complejidad a una historia bien aceitada, ya sea a través de la obsesiva nueva asistenta de Miranda, Amari (Simone Ashley), y el simpático segundo asistente, Charlie (Caleb Hearon), o en la breve aparición de Lady Gaga con un show en la Semana de la Moda de Milán en reemplazo de John Legend a último momento, o en la relación de Andy con Peter (Patrick Brammall), en el cameo de Lucy Liu como la ex esposa del empresario que sale con Emily, o también en las apariciones de la asistenta de Andy, Jin Chao (Helen J. Shen). Los distintos giros de la trama también fluyen al igual que la dicotomía de Andy sobre su lealtad a Miranda ante la propuesta de escribir una biografía sensacionalista sobre su jefa, que remite a su vez a la propuesta real que recibió la autora, Lauren Weisberger, para contar su historia en Vogue.
El Diablo Viste a la Moda 2 (The Devil Wears Prada 2, 2026) es una película entretenida y al igual que la primera, algo incomprendida por su público, que la entronizó como un símbolo de la apología del consumo de objetos de lujo cuando es en realidad una crítica realista y lúcida, aunque edulcorada, a ese ámbito, con una protagonista que entiende que es una empleada con acceso a las sobras de un mundo al que no pertenece, universo que incluso rechaza por su frivolidad en favor de los ideales del periodismo serio y veraz que aporta un grano de arena al debate democrático.
El Diablo Viste a la Moda 2 (The Devil Wears Prada 2, Estados Unidos, 2026)
Dirección: David Frankel. Guión: Aline Brosh McKenna. Elenco: Meryl Streep, Anne Hathaway, Emily Blunt, Stanley Tucci, Justin Theroux, Kenneth Branagh, Lucy Liu, Tracie Thoms, Simone Ashley, Caleb Hearon. Producción: Wendy Finerman. Duración: 119 minutos.