Rodney Alcala (1943-2021), un estadounidense nacido en Texas de linaje mexicano, fue un asesino en serie que operó con total impunidad tanto en la Costa Este como en la Costa Oeste del país, desde Nueva York hasta California, a lo largo de aproximadamente una década, entre fines de los años 60 y postrimerías de los 70, y que en general se hacía pasar por fotógrafo profesional para aislar a sus víctimas llevándolas a geografías apartadas, con la excusa de sucesivos retratos, y luego violarlas, golpearlas y finalmente estrangularlas con cuerdas, medias de nylon o cordones de zapatos, además del berretín de a veces revivirlas para recomenzar todo el proceso cual martirio de nunca acabar. El caso hoy por hoy se lo suele recordar por cinco razones interconectadas, primero la enorme negligencia de las autoridades (constantemente lo arrestaban y lo liberaban, dejando todo servido para que siga violentando a mujeres y niñas), segundo el generoso volumen de fotos que dejó tras de sí (muchísimas de las imágenes eran sexualmente explícitas e incluían a varones), tercero la indefinición en materia del número total de víctimas (se lo condenó a muerte por apenas cinco asesinatos pero se supone que podría haber atacado a unas 130 personas), cuarto la utilización retrospectiva de ADN en el nuevo milenio para sumar asaltos violentos (a partir del 2003 fueron confirmándose arremetidas adicionales) y quinto la confusión inicial entre el derrotero homicida sistemático de Alcala y su homólogo entre 1977 y 1979 del llamado Estrangulador de la Colina/ “Hillside Strangler” (en realidad se trataba del accionar de dos psicópatas, los primos de ascendencia italoamericana Kenneth Bianchi y Angelo Buono Jr., asimismo especializados en el secuestro, la violación, la tortura y el asesinato de ninfas).
A Alcala se lo suele apodar El Asesino del Juego de Citas/ “Dating Game Killer” por una anécdota a la vez bizarra, patética y terrorífica vinculada a su participación en 1978 en The Dating Game (1965-2021), show televisivo de la cadena ABC creado por Chuck Barris, aquel delirante que en su autobiografía afirmaba haber sido sicario de la CIA y alrededor del cual giraba Confesiones de una Mente Peligrosa (Confessions of a Dangerous Mind, 2002), la biopic dirigida por George Clooney y escrita por Charlie Kaufman, en el que una mujer elegía a ciegas y por diversas preguntas a uno de tres candidatos masculinos para ganarse una lujosa cita pagada por la producción del programa, situación que derivó en la insólita victoria del chiflado en el episodio en cuestión porque Cheryl Bradshaw, aspirante a actriz que por entonces vivía en Los Ángeles, efectivamente lo seleccionó como el macho ganador y a posteriori no quiso avanzar al considerarlo escalofriante. Woman of the Hour (2023), conocida en castellano como La Mujer del Momento y El Asesino del Juego de Citas, es el debut como directora de la intérprete norteamericana Anna Kendrick, toda una especialista en comedias y musicales, y una exploración del paso por la TV de Alcala (un perfecto Daniel Zovatto) y su encuentro en el set de The Dating Game con Bradshaw (la propia Kendrick, muy inspirada también), a lo que se suma una colección de flashbacks que cubren algunos de los asesinatos del demente y sobre todo su metodología favorita, léase ese fetiche con las fotos y el estrangulamiento, y una subtrama centrada en Laura (Nicolette Robinson), quien identifica al “soltero número tres” como un sujeto tétrico/ peligroso que conoció en el instante previo a la violación y el homicidio de una amiga suya en una playa.
El interesante guión de Ian McDonald, hasta ahora conocido por la olvidable Some Freaks (2016), dirigida y escrita por él mismo, nos presenta a una Sheryl que no consigue trabajo como actriz en Hollywood y debe sobrellevar a encargados de casting sexistas, un vecino tontuelo enamorado de ella, Terry (Pete Holmes), e incluso ese conductor de The Dating Game, un Ed Burke (Tony Hale) basado en Jim Lange, que le indica que siempre debe sonreír a cámara y no demostrar inteligencia porque los hombres se sienten intimidados y son como bebés frente a una chica linda, todo mientras Laura de hecho reconoce a Alcala desde la tribuna del show de TV, al que asiste en compañía de su novio y los padres del susodicho, y trata de denunciarlo primero ante un guardia de seguridad del estudio, luego frente a uno de los productores del show y finalmente ante la mismísima policía, sin que nadie le crea o haga algo al respecto. En lo que atañe al periplo criminal de Alcala, el film enfatiza su carisma o popularidad comunal camaleónica y asimismo modifica nombres y algunas fechas, sin embargo por las características de las víctimas y/ o las circunstancias de los ataques no resulta difícil identificarlas desde el vamos: Rodney primero se carga a una embarazada en 1977 llamada Sarah (Kelley Jakle), en realidad Christine Thornton, después retrocedemos hasta 1971 para el ultraje y asesinato de una azafata, Cornelia Crilley, aquí rebautizada Charlie (Kathryn Gallagher), y finalmente conoce en 1979 a Monique Hoyt, en pantalla la adolescente Amy (Autumn Best), víctima que logra escapar en una gasolinera, amén del homicidio al que alude la subtrama de Laura, una Alison que en la praxis de 1979 se llamaba Robin Christine Samsoe y atesoraba doce años cuando fue violada y apuñalada.
La película funciona como el Lado B de la carrera y personalidad escénica de la realizadora y protagonista, muy famosa especialmente por su rol secundario en la saga comenzada por Crepúsculo (Twilight, 2008), de Catherine Hardwicke, y sus papeles ya estelares en En el Bosque (Into the Woods, 2014), de Rob Marshall, y las franquicias de Ritmo Perfecto (Pitch Perfect, 2012), de Jason Moore, y Trolls (2016), de Mike Mitchell y Walt Dohrn, porque el sustrato siniestro de la misoginia institucional e individual contrasta con toda la cultura de la banalidad romántica, optimista y de sonrisas falsas en continuado que Kendrick patentó y vendió en el pasado reciente. Woman of the Hour, de todas formas, se cuida mucho de no ser acusada de misándrica al cien por ciento en un nuevo milenio en el que el mundo está harto -tanto la derecha fascistoide como la izquierda marxista- de las feminazis burguesas y su falta de conciencia social, por ello por un lado el film incluye detalles que relativizan la “amenaza masculina” asfixiante de fondo, como la presencia de un jovencito homosexual que simboliza a la fauna varonil con destino de víctima, Mario (Dylan Schmid), y el mismo hecho de que Bradshaw se cree muy lista pero termina demostrando su idiotez y soberbia al elegir a Alcala para su cita de cartón pintado, y por el otro lado abre el abanico conceptual para incluir tópicos secundarios aunque importantes en el desarrollo retórico y discursivo como la irremediable desconfianza entre los sexos, el instinto sádico de hombres y mujeres, la incapacidad de mirarse de modo honesto a uno mismo, la furia o entereza ante el rechazo polirubro y por supuesto el miedo paranoico al prójimo social, planteo que abarca esa fase que va desde el cinismo de los 70 hasta la codicia egoísta de los años 80 y 90 en adelante…
El Asesino del Juego de Citas (Woman of the Hour, Estados Unidos, 2023)
Dirección: Anna Kendrick. Guión: Ian McDonald. Elenco: Anna Kendrick, Daniel Zovatto, Tony Hale, Nicolette Robinson, Pete Holmes, Autumn Best, Kathryn Gallagher, Kelley Jakle, Dylan Schmid, Jedidiah Goodacre. Producción: Miri Yoon, Vindhya Sagar, Russ Posternak, Raphael Margules, J.D. Lifshitz y Roy Lee. Duración: 96 minutos.