Alerta Extinción (Cold Storage, 2026), comedia de terror dirigida por el cineasta británico Jonny Campbell y escrita por el norteamericano David Koepp a partir de su novela de 2019 del mismo título, constituye un buen ejemplo de esa serie de problemas que aquejan al cine contemporáneo de prácticamente todo el globo, algo cortesía de una globalización en crisis que no termina de morir aunque tampoco de encontrar una salida a esta eterna etapa de transición en la que el conservadurismo y la chatura expresiva en la mayoría de los casos siguen constituyendo los horizontes de los films estrenados aquí, allá y en todas partes: en primer lugar tenemos una introducción larguísima porque de los 99 minutos del metraje casi toda la primera hora está dedicada a la presentación de personajes genéricos cuando el pandemónium debería haberse desatado a lo sumo a los quince minutos de iniciada la faena, en segunda instancia están esos diálogos imbéciles que sobreexplican todo y para colmo pretenden pasar de “inteligentes” desde el cinismo, típica jugada de los burgueses vagos/ chapuceros de hoy en día que controlan la producción artística masiva, y en último lugar se puede identificar una intención de copiar la algarabía grotesca Clase B de los años 80 -en parte cercana a Troma Entertainment- desde la hipérbole de la autoconciencia banal del Siglo XXI, una paradoja u oxímoron que por supuesto está destinada al raudo fracaso.
La película que nos ocupa, típico producto que es leído como “simpático” por la crítica y muchos espectadores ramplones del presente porque no tienen background cultural alguno por fuera de los blockbusters más inflados del mainstream, arrastra además dos problemas muy graves que saltan a la vista desde el principio del metraje, unos CGIs lastimosos dignos de un videojuego de la década del 90 y un marco narrativo que ha sido robado -sin reconocerlo- de El Regreso de los Muertos Vivos (The Return of the Living Dead, 1985), la obra maestra de Dan O’Bannon en su faceta de director que rejuveneció el enclave de los cadáveres caminantes y lo terminó de homologar a unos comedores de cerebros, amén de pinceladas adicionales del cine de horror apocalíptico centrado en amenazas “no animales” en línea con La Invasión de los Usurpadores de Cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956), opus de Don Siegel, El Día de los Trífidos (The Day of the Triffids, 1963), de Steve Sekely, e incluso la reciente El Fin de los Tiempos (The Happening, 2008), aquella odisea errática de un M. Night Shyamalan que sí se dejó llevar por una sinceridad mucho más memorable de alcance minimalista e iconoclasta. En Alerta Extinción el reino vegetal está reemplazado por unos hongos que -previsibilidad mediante- se comportan como una cruza de monstruos, extraterrestres, zombies y las plantas del curioso trío de epopeyas citadas.
En el prólogo se nos comunica que los restos de Skylab, la primera estación espacial de Estados Unidos, cayeron en Australia en 1979 y un granjero montó un museo improvisado alrededor de un tanque de oxígeno de las instalaciones estelares, donde se desarrollaron diversos experimentos que involucraron llevar un hongo infeccioso para su estudio en el cosmos, ese mismo que mutó en un organismo parasitario hiper veloz que controla a sus huéspedes y hace que estallen para esparcir la debacle entre la fauna sin distinción, sangre y vómito verde de por medio. A principios del nuevo milenio el granjero de turno y todos a su alrededor murieron y un mínimo equipo de yanquilandia llega a Australia para resolver el problemilla, la bioquímica Hero Martins (Sosie Bacon) y dos agentes del Pentágono, Robert Quinn (Liam Neeson) y Trini Romano (Lesley Manville), quienes comprueban de primera mano el desastre porque una Martins infectada se pega un tiro en el corazón, los militares destruyen con explosivos el paraje en cuestión y la infaltable muestra del hongo homicida va a parar a una cámara frigorífica subterránea de Kansas, lugar que a su vez el Departamento de Defensa vende y así llegamos a un 2026 con los hongos fugados por la falta de mantenimiento y aumento de temperatura a raíz del olvido negligente de un Estado controlado por la lacra neoliberal, que todo lo remata y/ o privatiza desde la especulación.
Campbell, un profesional televisivo muy mediocre cuya única película previa fue la mucho más interesante Autopsia Alienígena (Alien Autopsy, 2006), retrato ficcional del famoso fraude de 1995 de Ray Santilli alrededor de una autopsia realizada sobre un extraterrestre luego del incidente OVNI de Roswell de 1947, en Alerta Extinción reproduce a rajatabla aquella sensación de claustrofobia de El Regreso de los Muertos Vivos a través de un par de empleados de la empresa que compró el depósito militar, un guardamuebles/ minialmacén o “self storage”, así las cosas Travis Meacham (Joe Keery) y Naomi Williams (Georgina Campbell), los guardias nocturnos, deben hacer frente a un contagio que arranca en la cámara frigorífica malograda, pasa por cucarachas y ratones y llega a un gato, un ciervo y al novio de Naomi, Mike (Aaron Heffernan), el cual pronto desparrama la infección entre unos traficantes de televisores 4K comandados por el gerente de la bóveda, Griffin (Gavin Spokes), excusa para que llegue al rescate el personaje de Neeson. La película no sólo es redundante y para nada graciosa sino que aburre por esa introducción kilométrica a la que hacíamos referencia, por ello cuando finalmente empieza la carnicería -una bastante leve e infantilizada, sin desnudos- el interés ya está licuado como la imaginación cinematográfica de todos estos productos intercambiables y necios del acervo mainstream del Siglo XXI…
Alerta Extinción (Cold Storage, Estados Unidos/ Francia/ Italia/ Marruecos, 2026)
Dirección: Jonny Campbell. Guión: David Koepp. Elenco: Liam Neeson, Joe Keery, Georgina Campbell, Lesley Manville, Aaron Heffernan, Gavin Spokes, Sosie Bacon, Vanessa Redgrave, Ellora Torchia, Richard Brake. Producción: David Koepp y Gavin Polone. Duración: 99 minutos.