Un Poeta (2025), el segundo largometraje del cineasta colombiano Simón Mesa Soto después de la correcta Amparo (2021), constituye uno de los pocos casos de película del Siglo XXI valiosa, astuta, culta o con los pies sobre la tierra y algo interesante para decir y si bien no cabe duda de que le debe muchísimo al enclave independiente anglosajón de los años 90 y comienzos del nuevo milenio, ese que va desde Mike Judge y Jared Hess hasta Charlie Kaufman y Wes Anderson, lo cierto es que el film explora con suma inteligencia tópicos diversos como la hipocresía social, el anhelo irreflexivo de la juventud, la pobreza, los circuitos de legitimación cultural, la paternidad atrofiada, el mecenazgo esclavista en la actualidad, la marginación de los artistas del underground, el sutil miedo a malograrse, las familias numerosas, el autoengaño, la mediocridad del sistema educativo, el masoquismo existencial, la incomunicación, el delirio enajenante, la inmadurez durante la mediana edad, los prejuicios de la lacra europea con respecto a los sudamericanos, la competencia entre colegas del rubro que sea y especialmente la inmanencia del ser, léase la incapacidad por parte del sujeto de dejar de ser lo que es desde un punto de vista netamente ontológico pero también mundano, casi pedestre en materia de la determinación entre la idiosincrasia del individuo, por un lado, y el devenir que la susodicha depara a largo plazo, por el otro lado.
Narrada a través de cuatro partes tituladas El Fracaso, Magnum Opus, El Arte nos Salvará y Un Poema Feliz, la tragicomedia cuenta con un elenco repleto de actores amateurs y se centra en Oscar Restrepo (Ubeimar Ríos), un cincuentón, alcohólico y desempleado que vive de la pensión de su madre y que ganó el Premio Nacional de Poesía correspondiente al año 1992. Todavía creyéndose poeta y agarrándose fuerte del hecho de haber editado dos libros cuando joven, Los Desusos y Las Flores, Oscar no cuenta con el respeto del jerarca de una escuela/ secta de poesía a la que pertenece, Efraín Mendoza (Guillermo Cardona), ni de una hija adolescente que está a punto de terminar el colegio secundario e ingresar a la universidad, Daniela (Alisson Correa). Debido a la presión de su hermana, Restrepo acepta un puesto de profesor de filosofía en una escuela que transforma en un curso de literatura, contexto en el que conoce a Yurlady (Rebeca Andrade), adolescente anodina y gordinflona de quince años que escribe poemas y dibuja con inusual talento en un pequeño cuaderno. Obsesionado con apadrinarla para que gane el premio del Festival de Poesía de Mendoza y compañía, lo que incluye dinero y la publicación de los escritos, Oscar se ofrece a llevarla desde su hogar hasta la sede de la institución cultural, una decisión que incluye lidiar con la parentela menesterosa y ecléctica de la muchacha y las autoridades del colegio secundario.
Respetando a rajatabla la paradigmática estructura de la comedia indie o contracultural de décadas atrás, núcleo consagrado a un idealismo de burbuja que explota por compulsiones y el inevitable choque con la sociedad que nos rodea, en este caso el alcoholismo de Restrepo que regresa durante el Festival de Poesía y para colmo se extiende de manera fugaz a una Yurlady que termina desvaneciéndose y “depositada” en la casi puerta de su domicilio por nuestro protagonista en medio de la noche, el film se sirve de detalles varios para explorar la idiotez tanto en la mocedad, simbolizada en el fetiche de la chica con los brillitos o eso de pintarse las uñas, como en la adultez, aquí representada en Oscar y su estado petrificado desde temprana edad a la espera de una consagración -fama y fortuna- que nunca llega, por ello los gustos literarios arrancan en Oscar Wilde y Charles Bukowski y tocan a su adorado José Asunción Silva, dando a entender que el sufrimiento es el terreno fecundo de la poesía. Silva es quizás la referencia fundamental de la propuesta y su latiguillo porque el director y guionista lo utiliza primero para coquetear con el suicidio, ya que el susodicho se quitó la vida de un disparo al corazón a sus treinta años teniendo cerca de su lecho un ejemplar de El Triunfo de la Muerte (Il Trionfo della Morte, 1894), de Gabriele D’Annunzio, al igual que el personaje del estupendo Ríos, y segundo para reforzar la paradoja de fondo porque Oscar, como decíamos antes, anhela fervientemente la legitimación de la celebridad pero se la pasa repitiendo que lo suyo en realidad es una marginación concienzuda que jamás será comprendida por el resto de los mortales, por ello defiende a Silva, presente en el billete de cinco mil pesos colombianos, por sobre el mucho más conocido Gabriel García Márquez, a quien acusa de constantemente suplicar reconocimiento al extremo de que su rostro adorna ese billete de cincuenta mil pesos, lo que según él habla de la “sobrevaloración” de Gabo.
La realización, rodada en 16 milímetros setentosos y editada de manera tajante y mordaz sin olvidarnos de un marco sobreimpreso que simula material fílmico desgastado, salta de Franz Kafka y Karl Marx a los argentinos Alejandra Pizarnik y Ernesto Sabato y de hecho se burla de los prejuicios del eurocentrismo con respecto a los latinoamericanos mediante el financiamiento del Festival de Poesía por parte de la Embajada de los Países Bajos, por ello Efraín le exige a Yurlady que deje de lado su poesía sencilla o diáfana y se entregue a los clichés que buscan los esperpentos del Primer Mundo cuando miran al sur o a las naciones latinas, todas confundidas aún con repúblicas bananeras como si ellos fuesen las potencias imperiales de siglos atrás, en este sentido Restrepo trata de defenderla pero eventualmente se resigna a que escriba sobre la pobreza familiar, su color de piel, la exclusión social, la violencia y/ o los servicios públicos deficientes de Medellín. Un Poeta denuncia la basura cultural contemporánea, desde el reguetón y el trap hasta el escritor brasileño Paulo Coelho, e ironiza acerca de la especulación financiera digital, el indigenismo ultra estereotipado, ese feminismo misándrico burgués y las discusiones eternas bobaliconas modelo invernadero intelectual, no obstante gran parte del metraje está volcado al existencialismo doloroso al que apuntábamos al inicio, así Oscar vive sepultado por las dudas en lo que atañe al propio talento y de a poco se da cuenta de que le impone su vocación literaria a su pupila, quien a su vez prefiere un derrotero más tradicional en consonancia con lo que sería una versión corregida de los embarazos adolescentes de sus hermanas, en suma formando más adelante su propia familia vía una casa y un trabajo para ayudar a los suyos. En pantalla el amor -a una hija, al arte, a la madre, a un aprendiz, etc.- puede cerrar las heridas del tiempo y de las mentiras a uno mismo a condición de que no mute en ceguera, obsesión o torpeza cíclica…
Un Poeta (Colombia/ Alemania/ Suecia, 2025)
Dirección y Guión: Simón Mesa Soto. Elenco: Ubeimar Ríos, Rebeca Andrade, Guillermo Cardona, Alisson Correa, Margarita Soto, Humberto Restrepo, Nelson Camayo, Sara Castro Parra, Hugo Valencia, Javier Castaño Vera. Producción: Simón Mesa Soto, Juan Sarmiento y Manuel Ruiz Montealegre. Duración: 123 minutos.