Novocaína (Novocaine)

La insensibilidad transformada en arma

Por Emiliano Fernández

El equipo de realizadores conformado por Dan Berk y Robert Olsen equivale a aquellos artesanos de antaño que se movían dentro del campo del cine de género y sabían muy bien lo que hacían en materia de incorporar con cierta eficacia todos los ingredientes/ latiguillos/ pivotes necesarios dentro de cada aventura fílmica, dando por resultado una carrera errática -el promedio pasaba por un film potable y otro flojo, así sucesivamente- aunque muchísimo más digna que las trayectorias de los directores y guionistas del segmento Clase A del ecosistema hollywoodense, una caterva mayormente impresentable en la que encontramos un artista interesante escondido entre nueve asalariados sin alma que se la pasan haciendo exactamente lo que se les dice/ ordena, en suma bodrios producto de la lógica marketinera o publicitaria anodina. Los señores, ambos estadounidenses, respetan al pie de la letra el derrotero que se espera de ellos -de manera involuntaria, por supuesto- y han entregado una película buena y luego una propuesta algo fallida desde que empezaron a rodar, pensemos que Cadáver (Body, 2015), atractiva y claustrofóbica epopeya criminal, fue seguida por Tierra de Vampiros II (Stake Land II, 2016), esa olvidable secuela del opus de 2010 de Jim Mickle, y Villanos (Villains, 2019), maravillosa comedia negra con Maika Monroe, Bill Skarsgård y Jeffrey Donovan que rankea en punta como la mejor faena de los cineastas, en suma parte constituyente de esa tradición del thriller y el terror en la que se nos presenta un allanamiento de morada que sale mal, muy mal, porque los visitantes en última instancia resultan unos pobres diablos comparados con el psicópata que habita el domicilio de turno.

 

Berk y Olsen, previsibles hasta la médula como afirmábamos anteriormente, continuaron su camino con una obra desconcertante que no llegó a deslumbrar por más que acumulaba algunas ideas sugestivas, Obsesión Desconocida (Significant Other, 2022), film de ciencia ficción protagonizado por Monroe y Jake Lacy y estrenado en Paramount+ que retomaba elementos de La Invasión de los Usurpadores de Cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956), de Don Siegel, y de su remake de 1978 a cargo de Philip Kaufman. El momento de la realización simpática subsiguiente lo monopoliza a pleno Novocaína (Novocaine, 2025), mixtura de comedia negra, caper movie y thriller de acción que además pretende recuperar por un lado el humor de premisas ridículas llevadas hasta el extremo de la caricatura, todo un fetiche del séptimo arte de influjo masivo de las décadas del 60, 70 y 80, y por el otro lado aquella comedia romántica modelo screwball en la misma línea de las recientes Ojos de Corazón (Heart Eyes, 2025), de Josh Ruben, y Compañera Perfecta (Companion, 2025), la ópera prima de Drew Hancock, todas combinando los problemas del cariño con otros menesteres porque la primera se enfocaba en el slasher, la segunda en el sci-fi de ginoides o fembots y el trabajo que nos ocupa, Novocaína, hace lo propio con la acción adrenalínica símil la saga comenzada con John Wick (2014), obra de Chad Stahelski que por momentos el flamante trabajo de Berk y Olsen parece parodiar desde un sustrato mundano e impulsivo en el que el background del protagonista como asesino desaparece y por ello el susodicho debe improvisar sus jugadas defensivas y ofensivas contra una serie de personajes de temer.

 

El guión de Lars Jacobson, su primera historia digna porque viene de Día de los Muertos (Day of the Dead: Bloodline, 2017), lamentable remake de Héctor Hernández Vicens del clásico de 1985 de George A. Romero, y Tristeza Posparto (Baby Blues, 2008), un “directo a video” bastante mediocre a cargo de Amardeep Kaleka y el propio Jacobson, se centra en Nathan Caine (Jack Quaid, hijo de Dennis Quaid y Meg Ryan), subgerente de una empresa financiera con look ultra bancario de San Diego, en California, que sufre de insensibilidad congénita al dolor con anhidrosis, un trastorno del sistema nervioso central vinculado a la incapacidad de sentir dolor y percibir cambios de temperatura. El treintañero, un paranoico total que no come alimentos sólidos por miedo a morderse la lengua y no darse cuenta, no tiene más amigos que un compañero on line de videojuegos con el que habla a distancia, Roscoe Dixon (Jacob Batalon), y jamás tuvo novia aunque está enamorado de una colega laboral, Sherry Margrave (Amber Midthunder), a la que se acerca torpemente hasta tener sexo con ella y descubrir que en algún momento gustaba de hacerse cortes en su abdomen, todo después de una velada cultural en la que un otrora abusón del colegio secundario (Tristan de Beer) refrita el apodo del protagonista, precisamente “novocaína”, un célebre anestésico local. Cuando tres ladrones disfrazados de Santa Claus entran a la financiera en pos del dinero de la bóveda, llevándose de rehén a Sherry y reventando al gerente, Nigel (Craig Jackson), a Caine se le ocurre rescatarla sin saber que la muchacha es la hermana del jerarca de estos delincuentes, Simon Greenly (Ray Nicholson, vástago de Jack Nicholson).

 

Sin ser tan graciosa e intensa como Villanos y sin aquellas sorpresas que nos regalaba Cadáver, la propuesta de todos modos es dinámica y muy adictiva en cuanto a la aventura burguesa freak de fondo y el morbo que genera la condición del protagonista, en pantalla utilizada desde las truculencias más rimbombantes del horror (quemaduras, tiros, cortes, flechas, uñas extirpadas, muchos golpes, algún dedo roto, shocks eléctricos, una mano casi arrancada, etc.). Novocaína no sólo aprovecha la “columna vertebral” de la comedia de enredos, los secundarios, aquí el sádico desquiciado de Nicholson, los dos policías que llevan adelante la investigación, Coltraine Duffy (Matt Walsh) y Mincy Langston (Betty Gabriel), y el reglamentario amigo esperpéntico del protagonista en la piel de Batalon, quien dice parecerse a Jason Momoa, manejar una Harley-Davidson y tener éxito con las mujeres, nada más distante de la realidad, ya que la película jamás descuida su corazón narrativo bipartito, en primera instancia la química entre Midthunder y Quaid, este último visto hace poco en un rol de villano en Compañera Perfecta y hoy recibiéndose de “actor en serio” al igual que Nicholson, nepotismo mediante, y en segundo lugar los puntos en común y las desemejanzas conceptuales que le dan sentido a la experiencia, pensemos que ella pinta y él tiene el cuerpo saturado de tatuajes o que la ninfa era adepta a autoflagelarse (siente dolor pero no le teme para nada) y el varón arrastra un temor patológico a lastimarse (la insensibilidad domina su psiquis o la somete). Haciéndose un festín con la cámara lenta peckinpahneana a lo John Woo y desempolvando con sarcasmo para los créditos iniciales Everybody Hurts, clásico de R.E.M. del disco Automatic for the People (1992), la odisea trabaja bien el patetismo del amor que traiciona como leitmotiv narrativo, en simultáneo punto de referencia para la desconfianza, el perdón y todas las contradicciones de la vida, y ofrece una explosión gore durante el desenlace que no llega a encandilar aunque cumple en sus delirios y extravagancias, amén de esa indolencia o inmunidad al dolor de Nathan que casi sin buscarlo se transforma en un arma y en una buena metáfora de la cultura belicista e intolerante para con la diferencia del Siglo XXI, ya que su impronta de víctima apática o hiper masoquista va mutando de a poco en un victimario que ejerce prácticamente la misma crueldad que recibe de parte de los psicópatas fascistoides del montón de la sociedad, una retroalimentación que enfatiza este ciclo de violencia de nunca acabar y sus paradojas…

 

Novocaína (Novocaine, Estados Unidos, 2025)

Dirección: Dan Berk y Robert Olsen. Guión: Lars Jacobson. Elenco: Jack Quaid, Amber Midthunder, Ray Nicholson, Jacob Batalon, Betty Gabriel, Matt Walsh, Craig Jackson, Tristan de Beer, Garth Collins, Lou Beatty Jr. Producción: Tory Tunnell, Sam Speiser, Drew Simon, Matt Schwartz, Julian Rosenberg, Joby Harold y Adam Friedlander. Duración: 110 minutos.

Puntaje: 6