Better Man: La Historia de Robbie Williams (Better Man)

La irresponsabilidad del alienado

Por Emiliano Fernández

En el Reino Unido burlarse de Robbie Williams, ex miembro de la boy band noventosa Take That, es prácticamente una institución nacional porque este vocalista y representante insignia del pop chatarra ha hecho de la autocrítica una de sus marcas registradas y por cierto dicha estrategia ha resultado de lo más exitosa tanto en su tierra natal como en otros países del globo, en esencia remarcando que sordos existen en todos lados y que el éxito casi nunca es garantía de calidad y mucho menos desde finales del Siglo XX, época en la que más que nunca las moscas vuelan contentas hacia el excremento pero ello no invalida que la bosta sigue y seguirá siendo bosta. Williams, efectivamente integrante de Take That entre 1990 y 1995, un colectivo especializado en baladitas pop, rhythm and blues y algo de dance, siempre se enfrentó a las dos cabezas del grupo, el manager Nigel Martin-Smith y el líder y compositor/ cantante principal Gary Barlow, y después de tres discos, los insufribles Take That & Party (1992), Everything Changes (1993) y Nobody Else (1995), terminaría siendo expulsado por su apego a la cocaína y el alcohol, por ser un alienado irresponsable que en 1994 estuvo cerca de fallecer de sobredosis antes de una presentación en los MTV Europe Music Awards y por osar promover la inclusión de otros géneros en el repertorio estándar, como esos hip hop, britpop y soft rock que exploraría más adelante como solista.

 

Better Man: La Historia de Robbie Williams (Better Man, 2024), aburrida biopic a cargo de Michael Gracey, el mismo asalariado del rutinario documental P!nk: All I Know So Far (2021), en la que el retratado hace de sí mismo aunque sustituyendo su cuerpo vía CGI con un chimpancé antropomorfizado, es exactamente lo que parece, un proyecto autoindulgente e insípido porque el chiste de fondo, el reemplazo con el macaco, se agota rápido y muta en un recurso entre irrelevante, molesto y bobo que para colmo llegando el final habilita una ridícula escena de acción cual “lucha contra mis demonios internos”, mega indicio de unos caprichos artísticos que otrora estaban vinculados al vanguardismo y hoy no pasan de la memez más conservadora homologada a una odisea biográfica del montón, animada desde un fotorrealismo que aquí se pretende justificar a través de la afirmación de Williams de que siempre se sintió “menos evolucionado que las otras personas”. El film, en su primera persona más patética, no sabe exactamente qué vendría a ser o cuál sería su tono narrativo, por ello deambula perdido entre el melodrama freak de backstage, el musical posmoderno, la parodia del mundo del espectáculo, el retrato hipócrita de un adicto/ enfermo mental y la infaltable gesta de masoquismo, autodescubrimiento y redención definitiva por pura magia o quizás gracias a sus millones de libras/ dólares, una fortuna que sella la desintoxicación.

 

El triste guión de Gracey, Oliver Cole y Simon Gleeson abunda en secuencias surrealistas rimbombantes y cubre todos los lugares comunes del periplo de Williams: su juventud como tontito humilde en los 80 (Jonno Davies interpreta a la versión infantil), su cariño por la abuela Betty (Alison Steadman), el fanatismo por Frank Sinatra, Dean Martin y Sammy Davis Jr., la relación conflictiva con su padre Peter (Steve Pemberton), el primer contacto con Martin-Smith (Damon Herriman) en una audición para construir una copia británica de los New Kids on the Block, la fama progresiva con Take That, su personalidad ambiciosa y autodestructiva, las batallas con el manager por el control creativo, su expulsión en 1995 de la banda, aquella relación con Nicole Appleton (Raechelle Banno) del girl group All Saints que en la realidad finiquita por un aborto y aquí a raíz de las infidelidades y la negligencia en general del drogadicto, el lanzamiento de su carrera solista mediante la asociación con el compositor y productor Guy Chambers (Tom Budge), el fallecimiento de la abuela, sus múltiples problemas de autoestima e incluso sociales/ psiquiátricos -peleas con su entorno incluidas- y la reglamentaria recuperación símil manual de autoayuda escrito por un gurú del show business que siempre combinó arriba y debajo del escenario ingredientes a priori discordantes, como un ego enorme, autodesprecio, muchas payasadas y ese pop anodino.

 

La ciclotimia de la propuesta, cuyo título remite al hit homónimo del año 2000, es propia de Williams, quien como decíamos antes adora ventilar una vulnerabilidad tan hueca como estrafalaria, pero Gracey no sabe aprovecharla en términos visuales o narrativos y se queda en un rip-off lastimoso y bien redundante de epopeyas parecidas como Bohemian Rhapsody (2018), Rocketman (2019), The Dirt (2019), Stardust (2020), Respect (2021), Elvis (2022), Weird: The Al Yankovic Story (2022), I Wanna Dance with Somebody (2022), Girl You Know It’s True (2023), Bob Marley: One Love (2024), Back to Black (2024) y Disco, Ibiza, Locomía (2024), entre otras faenas de esta fiebre en torno a las biopics musicales posterior al blockbuster de Bryan Singer sobre Queen y Freddie Mercury. Desde ya que el convite incorpora los éxitos del único período solista no tan vergonzoso o inmundo del retratado, aquel inicial de Life thru a Lens (1997), I’ve Been Expecting You (1998), Sing When You’re Winning (2000) y Escapology (2002), y ofrece alguna que otra escena potable, sobre todo la callejera de Rock DJ, sin embargo el convulsionado y demasiado extenso film va directo al olvido por la gran mediocridad de Williams y del realizador que eligió, aquel de la apenas simpática The Greatest Showman (2017), un australiano que ni siquiera logra aprovechar a los hermanos Liam (Leo Harvey-Elledge) y Noel Gallagher (Chris Gun), líderes de Oasis…

 

Better Man: La Historia de Robbie Williams (Better Man, Estados Unidos/ Reino Unido/ China/ Francia/ Australia/ Canadá, 2024)

Dirección: Michael Gracey. Guión: Michael Gracey, Oliver Cole y Simon Gleeson. Elenco: Robbie Williams, Jonno Davies, Damon Herriman, Steve Pemberton, Alison Steadman, Tom Budge, Raechelle Banno, Leo Harvey-Elledge, Chris Gun, Jake Simmance. Producción: Michael Gracey, Paul Currie, Jules Daly, Coco Xiaolu Ma y Craig McMahon. Duración: 135 minutos.

Puntaje: 3