La década del 70 nos regaló muchos dramas criminales muy ásperos y memorables que jamás fueron superados a posteriori en cada uno de sus respetivos rubros, desde Sérpico (1973), de Sidney Lumet, Contacto en Francia (The French Connection, 1971), de William Friedkin, y Taxi Driver (1976), opus de Martin Scorsese, hasta El Padrino (The Godfather, 1972), del inefable Francis Ford Coppola, Justicia para Todos (And Justice for All, 1979), de Norman Jewison, y Tarde de Perros (Dog Day Afternoon, 1975), otra de Lumet, no obstante la comarca del querido y lunático exploitation también nos ofreció una verdadera andanada de clásicos de entre los cuales se destaca una realización siempre tenida en alta estima en el mercado norteamericano aunque muy poco conocida en el resto del planeta, hablamos de Pisando Fuerte (Walking Tall, 1973), de Phil Karlson, obra que en castellano también recibió el título de Fibra de Valientes y que a esta altura del partido funciona como una mega joya del cine de derecha más manipulador, exagerado y profundamente adictivo, en este último apartado a una escala tan importante que podría aseverarse que anticipa la adrenalina y la testosterona que explotarían con todo durante los años 80 mediante aquel también rimbombante cine de súper acción. La película es una versión libre de la vida de Buford Hayse Pusser (1937-1974), un sujeto de unos dos metros de altura que probó suerte con la Infantería de Marina, de la que fue dado de baja por asma, y la lucha libre, donde desarrolló una exitosa carrera en el sur del país, antes de ingresar a la policía del Estado de Tennessee, primero como simple oficial y después como sheriff del Condado McNairy (1964-1970) y del pueblo de Adamsville (1970-1972), transformándose en una figura local legendaria porque se abalanzó él solito contra los dos sindicatos criminales más vastos y mortales de la zona, las llamadas Dixie Mafia y State Line Mob, las cuales controlaban el alcohol ilegal, la prostitución, todos los juegos de azar, el sicariato y el lavado de dinero.
La estampa de héroe popular de Pusser incluye un costado muy trágico porque los intentos de homicidio sobre su persona fueron muchísimos y brutales, su cuerpo quedó gravemente dañado/ desfigurado a causa de ellos, su esposa, Pauline, fue asesinada en 1967 en una embocada contra Buford, el máximo responsable del asunto, Kirksey McCord Nix, Jr., el líder de la Dixie Mafia, jamás fue procesado por el salvaje ataque, y para colmo de males la parca encontró al vengador a la edad de 36 años en un accidente automovilístico cuando su Corvette golpeó de noche un terraplén en la ruta vía un episodio enigmático que podría haber sido otro intento de homicidio. Todo esto en pantalla se convierte en una excusa para recuperar ingredientes varios de dos de los subgéneros más populares del neo film noir de entonces, léase las faenas de vigilantes y justicieros y las películas de violación y venganza/ rape and revenge, en clara sintonía con las variopintas Perros de Paja (Straw Dogs, 1971), obra maestra de Sam Peckinpah, Harry, el Sucio (Dirty Harry, 1971), de Don Siegel, El Vengador Anónimo (Death Wish, 1974), de Michael Winner, Foxy Brown (1974), de Jack Hill, y Violación (Lipstick, 1976), de Lamont Johnson. Aquí Buford (Joe Don Baker) es un ex infante de marina y ex luchador profesional que deja el ring y la vida en casas rodantes para mudarse con su esposa, Pauline (Elizabeth Hartman), y sus dos vástagos, Mike (Leif Garrett) y Dwana (Dawn Lyn), a la residencia de sus padres, Carl (Noah Beery, Jr.) y Helen (Lurene Tuttle), con vistas a sumarse al negocio familiar, un aserradero, y eventualmente escalar a un hogar propio. Al llegar se topa con un viejo amigo, Lutie McVeigh (Ed Call), quien lo invita a un antro de alcohol, putas y juego ilegal llamado Lucky Spot, donde tratan de engañarlos a los dados y por ello estalla una pelea y Pusser termina con cortes de navaja en el pecho y la espalda que lo llevan a necesitar 200 puntos de sutura, fabricarse un garrote de madera y regresar al lugar para reventar a los responsables y recuperar todos sus dólares.
El film prácticamente no tiene historia elaborada alguna y lo que nos propone es una serie de carnicerías fascinantes y astutas que giran alrededor de la frustración de Buford ante la inacción de los corruptos representantes institucionales del Condado McNairy, el juez R.W. Clarke (Douglas Fowley) y el sheriff en funciones Al Thurman (Gene Evans), una dupla putrefacta al servicio de unas Dixie Mafia y State Line Mob que están controladas por la maquiavélica Callie Hacker (Rosemary Murphy), jerarca principal entre varios, y que a su vez responden a una suerte de enlace misterioso con Nashville, la capital de Tennessee, John Witter (Logan Ramsey). Si bien la primera mitad del convite ya es lo suficientemente agitada, gracias a los tajos sobre el cuerpo de Pusser, la excelente secuencia de presentación en sociedad del garrote en Lucky Spot y aquella muerte entre llamas de Thurman cuando pretendía asesinar al volante al protagonista por osar postularse para sheriff, envalentonado tras salir libre luego de la paliza a los esbirros del sindicato delictivo, es esa segunda parte de Pisando Fuerte la que lleva el relato hacia la hipérbole porque la “fiesta” no empieza hasta que Buford se hace cargo en serio de impartir justicia en McNairy ayudado por tres socios insobornables, Grady Coker (Bruce Glover), oficial corrupto reformado, Obra Eaker (Felton Perry), negro menesteroso que trabajaba con él en el aserradero, y Luan Paxton (Brenda Benet), una meretriz celestial que oficia de informante desde el burdel de Hacker, planteo retórico que desemboca en secuencias ultra memorables como la del traslado de la oficina del juez a los baños del juzgado, la de la redada fallida por un soplón interno, Virgil Button (Ted Jordan), la del primer intento de asesinato en la carretera, la de la dinamita en la destilería, aquella de los disparos en la casa familiar y la muerte del perro, Shep, la de la feroz tortura a Margie Ann (Lynn Borden), la del fallecimiento de la traicionera Callie en Lucky Spot y esa recordada de la trampa rutera contra Pusser en la que sucumbe Pauline.
El guión cruel y directo de Mort Briskin y Stephen Downing, en esencia dos profesionales televisivos, se beneficia mucho de las reescrituras no acreditadas de John Michael Hayes, histórico colaborador de Alfred Hitchcock, y de la impronta nihilista e hiper violenta y gore del desquiciado de Karlson, realizador muy prolífico y hoy injustamente olvidado que en los 70 estaba en la fase final de una trayectoria que abarcó desde el western Alarido de Sangre (Gunman’s Walk, 1958), la propuesta bélica Del Infierno a la Eternidad (Hell to Eternity, 1960) y esa terrorífica Ben (1972) hasta clásicos del film noir como Trágica Información (Scandal Sheet, 1952), Los Cuatro Desconocidos (Kansas City Confidential, 1952), Asesinato en el Muelle (99 River Street, 1953), Ciudad del Vicio (The Phenix City Story, 1955) y Los Hermanos Rico (The Brothers Rico, 1957), amén de aquella siguiente película con respecto a Pisando Fuerte, Con la Misma Moneda (Framed, 1975), última obra de Karlson y también protagonizada por Baker, intérprete con una presencia escénica extraordinaria que ya había colaborado con gente de la talla del mencionado Peckinpah, Stuart Rosenberg, Blake Edwards y Terence Young y pronto saltaría a la fama gracias a la presente faena, Charley Varrick (1973), de Siegel, y La Organización Criminal (The Outfit, 1973), de John Flynn, tres trabajos sublimes del mismo año del neo noir. Catalizadora de dos secuelas inferiores, las de 1975 y 1977, un film para TV en 1978, la serie de 1981, la lamentable remake del 2004 con Dwayne Johnson y esa tradición de renegados viscerales y loquitos que va desde Mad Max (1979), de George Miller, hasta John Wick (2014), de Chad Stahelski, la película por un lado recupera conceptos propios de la etapa de la Guerra de Vietnam, como el odio autodestructivo, la revancha inevitable, las “masacres en casa”, el envilecimiento social, la vehemencia sin frenos, un individualismo caníbal y esas cicatrices que nunca se curan, y por el otro lado supera a las odiseas tradicionales de vigilantes y/ o desquite proponiendo una limpieza total, lo que desde ya trae a colación una convalidación de la demencial subcultura de las armas en Estados Unidos, basta con pensar no sólo en el mítico desenlace, cuando Mike le lleva una escopeta a su padre en el hospital -regalo de Navidad para el pequeño- después del asesinato de Pauline y con Buford saturado de yeso en su mandíbula por los tiros recibidos y ya planeando introducir su patrulla en Lucky Spot para cargarse a los mafiosos, sino asimismo en la metamorfosis identitaria de la esposa, quien arranca la narración condenando las armas, como buena burguesa paranoica, idealista y quejosa crónica que ama la vida y no quiere accidentes, y la cierra aceptando su presencia permanente en el hogar porque desea que el marido sobreviva a su rauda avanzada contra los facinerosos, doble paradoja de fondo porque ella es la primera en fallecer y encima la actriz que la compone, la bella y malograda Hartman, se suicidaría por depresión en 1987 arrojándose desde una ventana de su departamento en un quinto piso luego de trabajar para Lumet, Coppola, Siegel, John Frankenheimer, Larry Cohen, Guy Green y Don Bluth…
Pisando Fuerte (Walking Tall, Estados Unidos, 1973)
Dirección: Phil Karlson. Guión: Mort Briskin y Stephen Downing. Elenco: Joe Don Baker, Elizabeth Hartman, Felton Perry, Gene Evans, Noah Beery Jr., Brenda Benet, Lurene Tuttle, Leif Garrett, Dawn Lyn, Bruce Glover. Producción: Mort Briskin. Duración: 125 minutos.