The Jesus Rolls

La libertad del camino

Por Emiliano Fernández

Definitivamente John Turturro lo único que quería hacer era una remake de Las Cosas por su Nombre (Les Valseuses, 1974), el clásico anarquista de Bertrand Blier con Gérard Depardieu y Patrick Dewaere, pero a sabiendas de que en nuestro presente -plagado de cinéfilos de cotillón que no pasan de los clichés de siempre- casi nadie conoce al francés y su humor terrorista, decidió que la mejor movida de marketing era insertar a Jesús Quintana, su personaje pederasta de El Gran Lebowski (The Big Lebowski, 1998), dentro de la trama aprovechando que el film original contaba con una escena al paso que transcurría en un bowling. En esencia ese es el background de The Jesus Rolls (2019), un querible y diminuto despropósito que falla a la vez como reinterpretación de la propuesta de Blier y como película independiente de aquella y con pretensiones oblicuas de verdadero spin-off del legendario opus de los hermanos Joel y Ethan Coen, con el que por cierto la película que nos ocupa no tiene prácticamente nada que ver porque el humor negro de antaño hoy por hoy deriva en una road movie de corte delictivo/ sexual mucho más light e inocente.

 

El realizador y guionista no siente vergüenza alguna en redondear una especie de resumen escena por escena de la obra gala de una manera casi fundamentalista aunque bajando el nivel de virulencia retórica, como decíamos con anterioridad: mientras que el trabajo de Blier funcionaba como una reflexión amoral y disruptiva acerca de los coletazos del Mayo Francés desde el punto de vista de una juventud masculina que se rebelaba en un periplo que incluía pequeños robos, sensualidad, alguna que otra muerte, violaciones y un fuerte marco de una adorable misoginia, aquella primigenia del varón que ataca lo que no entiende o no puede poseer, el convite de Turturro en cambio apuesta por un análisis a los tumbos de la crisis existencial de un par de veteranos que están recién salidos de la cárcel y no saben bien qué hacer con su flamante libertad, algo así como unos hedonistas que se entregan a las aventuras del camino sin que medie ningún intento de acoplarse a esa misma vida burguesa que los personajes de Depardieu y Dewaere pretendían destruir vía una avanzada ácrata tácita que aquí se convierte en un jugueteo banal sin horizonte ideológico.

 

La estructura narrativa es más o menos la misma de antaño, cambian algunos detalles y es de destacar el muy buen nivel de todas las actuaciones del elenco: el Quintana de Turturro finiquita una sentencia de prisión por entrar y robar en una casa, “tomar prestado” un auto, perturbar la paz pública y exhibirse ante un menor, así el director del presidio de turno (Christopher Walken) lo despide recordándole su talento natural para los bolos y a la salida se topa con su amigo/ colega de toda la vida, Petey (Bobby Cannavale), con quien pasa a saludar a su bella madre prostituta (Sônia Braga) y se embarca en una serie de asaltos improvisados que incluyen el hecho de sustraerle el vehículo a un peluquero kitsch llamado Paul Dominique (Jon Hamm), quien a su vez tiene de empleada a una antigua conocida de Jesús, Marie (Audrey Tautou en el papel de Sylvette Herry alias Miou-Miou), y le pega un tiro a Petey -como represalia por el hurto- que le roza un testículo. Luego de conseguirle ayuda a su compinche con el único médico que encuentran en medio de la noche, un endocrinólogo (Tim Blake Nelson), al cual además atracan, los dos hombres y la muchacha francesa se consagran a una odisea al azar con más robos de coches, entradas forzosas en casas desiertas, el detalle de llevarse el chango de un supermercado, algo de homoerotismo, una vuelta a la peluquería de Dominique en plan venganza y varias orgías con una Marie ultra putona que a pesar de haberse acostado con 374 hombres, nunca tuvo un orgasmo.

 

Resulta evidente que Turturro, quien en su “versión director” gusta de combinar obras bizarras como Illuminata (1998) y Romance & Cigarettes (2005) con cosillas más clásicas en la línea de Mac (1992) y la previa Casi un Gigoló (Fading Gigolo, 2013), no tiene la más mínima intención de duplicar aunque sea en una secuencia el tono mordaz de El Gran Lebowski porque prefiere entregar su propia interpretación de la algarabía maliciosa de Las Cosas por su Nombre, una jugada que desde ya no tiene nada de malo pero que aquí en concreto hace agua debido a la levedad naif de la propuesta en su conjunto y la ausencia de verdaderas sorpresas en un devenir general que hasta reproduce el memorable episodio de la señora ex presidiaria que se suicida luego de hacer el amor con los protagonistas (Susan Sarandon reemplaza a Jeanne Moreau, nada menos) y su consecuencia inmediata, cuando su hijo (Pete Davidson en el rol de Jacques Chailleux) es tomado bajo el ala de los susodichos y hasta consigue darle un orgasmo a Marie. Quizás la mayor ironía de fondo es que The Jesus Rolls es un trabajo minúsculo, hecho con esfuerzo y al costado de las estupideces de la comedia mainstream de nuestros días, circunstancia que no es garantía de nada en función de una contracultura setentosa despojada de sus planteos revulsivos y metamorfoseada en un gesto cinematográfico simpático -pero no mucho más- orientado a celebrar el aprendizaje y la toma de riesgos en la madurez/ vejez, no sólo en la juventud…

 

The Jesus Rolls (Estados Unidos, 2019)

Dirección y Guión: John Turturro. Elenco: John Turturro, Bobby Cannavale, Audrey Tautou, Susan Sarandon, Pete Davidson, Jon Hamm, Christopher Walken, Tim Blake Nelson, Sônia Braga, Margaret Reed. Producción: Sidney Kimmel, John Penotti, Robert Salerno, Fernando Sulichin y Paul-Dominique Win Vacharasinthu. Duración: 85 minutos.

Puntaje: 4