El animador checo Karel Zeman fue el artífice de una producción artística apabullante que merece ser muchísimo más difundida y celebrada de lo que es hoy en día porque constituye uno de los más grandes tesoros que haya dado el séptimo arte en toda su historia, hablamos de un artesano de una enorme inteligencia experimental que inspirándose en los films de Georges Méliès, las novelas de Julio Verne y los grabados del querido Gustave Doré creó una obra inconfundible que fue recuperada por artistas como Terry Gilliam, Wes Anderson y Tim Burton, entre muchos otros que quedaron fascinados por la riqueza de su trabajo y aquella tendencia a la combinación meticulosa de acción real y una pluralidad de técnicas de animación y deliciosos efectos especiales, sobre todo el cutout o animación con recortes, las miniaturas y maquetas, el stop-motion más ameno con muñecos, las pinturas mattes, los perfiles para los primeros planos, los títeres, las figuras en relieve, las esculturas gigantes, los inserts de metraje documental, la sobreimpresión y el fundido, los trajes/ disfraces, los filtros cromáticos o de otra clase en el rodaje o durante la postproducción, mucha utilería fantástica y por supuesto esa animación tradicional, siempre dibujada a mano, que a veces era encarada en 2D y en otras ocasiones en 3D. Si bien las cúspides de su carrera son sin duda Viaje a la Prehistoria (Cesta do Praveku, 1955), Una Invención Diabólica (Vynález Zkázy, 1958) y Aventuras del Barón de Münchhausen (Baron Prásil, 1962), una trilogía híbrida al cien por ciento -mitad acción real y mitad vanguardia animada multifacética- que anticipa lo hecho en un tríptico similar posterior, ese también interesante de Crónica de un Bufón (Bláznova Kronika, 1964), El Dirigible Robado (Ukradená Vzducholod, 1967) y En el Cometa (Na Komete, 1970), Zeman asimismo entregó largometrajes completamente animados aunque para nada clasicistas o conservadores o vinculados al mainstream símil Walt Disney, pensemos por ejemplo en su ópera prima, El Tesoro de la Isla de los Pájaros (Poklad Ptačího Ostrova, 1952), astuta joya que combina animación en 2D y 3D e incluye hermosas figuras en relieve como jamás se vieron en cortometraje o faena industrial alguna.
Fue después de En el Cometa, de hecho la última película híbrida de su trayectoria, que el señor regresó a la animación ya de manera definitiva para una trilogía tardía de films en cutout antes de su fallecimiento en 1989 a la edad de 78 años, nos referimos a Aventuras de Simbad, el Marino (Pohádky Tisíce a Jedné Noci, 1974), basada en el relato homónimo de Las Mil y Una Noches (Siglo IX), El Aprendiz de Brujo (Čarodějův Učeň, 1978), odisea inspirada en Krabat (1971), famosa novela del escritor alemán Otfried Preußler construida a partir de una leyenda popular sorbia/ soraba de larga data alrededor del bienhechor Janko Šajatović (1624-1704), y El Cuento de Juan y María (Pohádka o Honzíkovi a Marence, 1980), canto del cisne que se basó en diversos relatos de hadas checos, en sí tres trabajos quizás más minimalistas -si los comparamos con el marco monumental de las seis películas previas- que se explican por aquella desconfianza que despertó en el régimen comunista de Checoslovaquia el éxito en taquilla y reconocimiento del director y guionista en Occidente, al que accedía mediante acuerdos varios de distribución y exhibición en festivales de cine, un panorama al que se suma la paranoia opresiva estándar posterior a la Primavera de Praga de 1968, aquella intentona democratizadora y descentralizadora del país que derivó en una brutal represión con motivo de la invasión de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y las otras naciones que formaban el Pacto de Varsovia, gobierno dictatorial vernáculo que por cierto caería de manera pacífica vía la Revolución de Terciopelo de 1989, apenas unos meses antes de la muerte de Zeman. De las tres últimas propuestas del amigo Karel la más popular y la mejor es El Aprendiz de Brujo, una obra exquisita coescrita por Jirí Gold, este último en su único trabajo para el séptimo arte, que nos presenta la historia del huérfano Krabat (voz en off de un narrador retrospectivo a cargo de Luděk Munzar), un joven afable y vagabundo del Siglo XVIII perteneciente al linaje sorbio, un pueblo eslavo occidental con idioma propio e idiosincrasia católica que habita una región cubierta de bosques llamada Lusacia y ubicada en el límite entre Polonia (Silesia) y Alemania (Sajonia y Brandeburgo).
Krabat disfruta de una existencia despreocupada y libre, escapando de unos perros salvajes, evitando ser apresado por mendicidad y personificando a los Reyes Magos con otros dos adolescentes para pedir comida con canciones, hasta que una noche se presenta un cuervo parlante que lo insta a que vaya al molino negro de agua, donde conoce a un hechicero al que le falta su ojo derecho (Jaroslav Moučka), tirano diabólico que controla el lugar con mano firme porque necesita de doce esclavos para que el molino sobrenatural funcione, una escuela de magia solapada en la que los muchachos pasan de “aprendices” a “alumnos” del mandamás y todos los años deben someterse a un duelo con la llegada del invierno, suerte de purga porque el mejor discípulo del grupo es obligado a confrontar con nuestro brujo adepto a las trampas. El protagonista en un principio se alegra por la comida en abundancia pero pronto descubre el régimen de explotación y los castigos brutales a cargo del jefazo, quien no permite abandonar el molino sin su expreso consentimiento y adora atormentar a sus estudiantes transformándose en cuervo, gato, serpiente, zorro, gallo, jabalí, araña, águila e incluso murciélago. Luego de aprender las estafas del autócrata, como convertir en joyas preciosas unas piñas de pinos y en bueyes a sus aprendices para conseguir mucho dinerillo, Krabat se enamora de una muchacha que suele entonar canciones de amor durante Pascua, la Kantorka, no obstante le resulta muy difícil pasar tiempo con la chica por la vigilancia permanente del hechicero y el terror que impone en el molino, para colmo matando en el primer invierno a su mejor amigo, Tonda, cuando ambos luchan transformados en gallos y de repente el brujo muta en jabalí a pura perfidia. La nueva víctima desprevenida o primer reemplazo se llama Witko, otro mendigo de la menesterosa e injusta Lusacia, y el segundo Lobosch, uno de los Reyes Magos de antaño que viene a sustituir a Michal, asesinado en un duelo en el que le clava una espada al maestro convertido en murciélago y éste lo traiciona como serpiente. Ayudado por otro amigo y colega cautivo, Yuro, Krabat lee a escondidas el grimorio o libro de magia negra del brujo con la meta de descubrir sus secretos y vencerlo.
Más cerca del diseño de personajes y el cutout en general de El Cuento de Juan y María que de aquellos de Aventuras de Simbad, el Marino, El Aprendiz de Brujo por un lado juega con el surrealismo, el horror gótico, el cuento de hadas, el slapstick o comedia física, las aventuras folklóricas y el bildungsroman o crónica de aprendizaje, siempre desde el lirismo humanista paradigmático de Zeman, y por el otro lado gira incansablemente en torno a tres ejes conceptuales o latiguillos que los niños pueden pasar por alto pero que los adultos identifican desde el vamos, primero la magia como engaño caprichoso y efímero, crítica tácita contra la especulación capitalista porque lo que hoy es sinónimo de opulencia momentos después no vale nada en el delirio comunal plutocrático, segundo el grimorio, El Koraktor, en tanto símbolo del monopolio del saber o comprensión del funcionamiento del sistema de producción social, en este caso el paradójico molino, y sus tácticas represivas o de amedrentamiento, nuevamente una hechicería orientada a la razón instrumental y a la explotación diaria de la plebe, y tercero este acto de hablar monopolizado por un poder que controla la circulación colectiva de los discursos, por ello los adolescentes apenas si sueltan expresiones aisladas y en realidad sólo habla profusamente el maestro y en las postrimerías del relato la Kantorka, que suele cantar en sutil independencia desde el exterior comunal, por fuera de la cárcel del molino. La película no sólo enfatiza las metamorfosis del mentor maléfico sino también la capacidad de respuesta de sus pupilos, esos que se transforman en ratones, pajaritos, patos, peces, caballos y vegetación acuática pero también en león, de allí que el amor en el desenlace conquiste a la magia y su hipnosis al extremo de suprimirlas y dejarlas en el pasado, con los púberes recuperando la libertad innata y autodefiniéndose como simples molineros que no necesitan del fetiche burgués para con el control mental/ material y sus truquillos fugaces, amén del episodio del Mariscal de Sajonia, cuando Krabat es enviado a Hungría como cuervo para rescatar al susodicho de las huestes de un Imperio Otomano en conflicto con los belgas, una jugada de pacifismo satírico para con las guerras cien por ciento del ideario de Zeman. La epopeya asimismo explora tanto la fragilidad de la tiranía deshumanizadora, mesiánica y fundamentalista, representada en los rituales sádicos del brujo, como la necesidad de desaprender lo malo/ manipulador, la magia, y de recuperar la sabiduría obrera popular, en pantalla la importancia del cariño y los oficios más sencillos como el de molinero, crucial para la producción de harina y por consiguiente del alimento más extendido del planeta, el pan. A pesar de que se podría definir a la animación como híbrida porque en términos concretos los recortes dominan pero el metraje real se cuela de manera esporádica para el humo de las llamas purificadoras del final y para algunas tomas del molino en funcionamiento, el corazón del film son unas caricaturas extraordinarias que cobran vida y ponen en vergüenza al grueso de la animación mainstream e indie del futuro, totalmente incapaz de construir fábulas con este grado de belleza y de riqueza discursiva…
El Aprendiz de Brujo (Čarodějův Učeň, Checoslovaquia/ República Federal de Alemania/ República Democrática Alemana, 1978)
Dirección: Karel Zeman. Guión: Karel Zeman y Jirí Gold. Elenco: Luděk Munzar y Jaroslav Moučka. Producción: Karel Hutěčka. Duración: 76 minutos.