Hijo (Son)

La muerte como fuente vital

Por Ernesto Gerez

A Ivan Kavanagh no le interesaba tanto volver al horror -género que lo vio nacer con Tin Can Man (2007) y posicionarse con The Canal (2014)- sino contar parte de su experiencia como padre. Hace poco tuvo un hijo con su pareja y contó en un par de entrevistas que no la pasó muy bien en los momentos previos al parto. Son (2021) en parte se gesta como forma de exorcizar esa experiencia, por eso el género fue apropiándose de la película y no al revés; en los primeros tratamientos Kavanagh no sabía si iba a contar un drama o lo que sea pero sí que se iba a tratar de un nacimiento particular. Lo que también sabía es que la iba a contar a través del punto de vista de la madre y no del padre como en The Canal. “Leí algunos estudios sobre asesinos que decían que en la cárcel las que más visitan a los presos, independientemente de lo atroz de los crímenes que cometieron, son sus madres”, ese es el vínculo clave que le interesa y que es el eje de la película: una madre que va a bancar al hijo en todas. En Son podría estar presente aquella reformulación del mito de Jasón que podemos rastrear en The Babadook (2014), donde la progenitora en un determinado momento se quiere librar de su hijo y finalmente no lo hace, pero no hay muchos más puntos de contacto y no se pone en tensión la relación madre/ hijo ni se cuestiona en un sentido antitradicionalista el rol de la madre. Acá incluso podemos pensar en una idea más primitiva que es la de la madre por instinto; en ese sentido -y en otros más relacionados con la diégesis- Son está mucho más cerca de El Bebé de Rosemary (1968) que de The Babadook. Como en The Canal el terror surge por la paranoia y en el subsuelo de ambas lo fantástico podría representar trastornos psiquiátricos pero eso nunca atenta contra las acciones de una historia que no le pide ni perdón ni permiso a los delirantes buscadores de tramas racionales. Kavanagh hace terror psicológico pero también fantástico. Una película más cercana que conecta con su universo es la sueca Let the Right One In (2008), donde una figura paterna también va a hacer lo que sea por una niña y donde también es central lo vampírico. Que en ambas películas los chicos tengan características ligadas al vampirismo nos vuelve a guiar a un posible subtexto esta vez no relacionado a la patología del progenitor sino a la vampirización que hacen los chicos de la vida de sus viejos.

 

Inicio: Laura (Andi Matichak) es una chica embarazada que escapa de una secta; elipsis: David, hijo ya preadolescente (Luke David Blumm y su cara rara y genial); su madre soltera aún paranoica del culto se hace amiga de Paul (Emile Hirsch), el cana que se enamora y que la va a ayudar. En lo que podríamos denominar como el primer acto y que va desde que Laura escapa embarazada hasta que la secta la encuentra en un suburbio de Estados Unidos, hay algunos efectismos hechos con la técnica y la prolijidad que Kavanagh maneja desde hace años y que funcionan muy bien. A diferencia de Never Grow Old, su buen western crepuscular del 2019, no hay acá ese exceso de contrastes lumínicos tan lindos para cualquiera pero también todo está perfectamente calculado; digamos que estamos ante una película que nada tiene que ver con ese otro bebé maldito de Larry Cohen de It’s Alive (1974) sino que bien podría ser integrante de la nueva ola de horror arty de técnica pulida aunque por suerte tampoco lo es. El irlandés Kavanagh se mueve tan cómodo en los géneros como en los procedimientos de un mainstream americano que no lo reclama; hace cine que por técnica bien podría ser parte de la industria hollywoodense pero funcional a películas que esa industria ya no quiere ni necesita. Digamos que más allá de lo tradicional y conservador opera por fuera de las modas. Las muertes en Son, como ya habían sido fundamentales en sus dos películas anteriores, son una fuente estética vital y también lo que posibilita la progresión tanto de la trama como de los personajes. Por fuera de la diégesis la violencia de las muertes vale mucho más que la técnica perfecta, y por dentro es el motor del viaje de los protagonistas. La huida de la madre y el hijo empieza después del terror hospitalario donde los especialistas, siguiendo la tradición de El Exorcista (1973), no pueden explicar los trastornos del hijo porque, claro, nada tienen que ver con la medicina alopática. Lo más interesante de Son está en sus bordes filosos, en las decisiones estéticas en ocasiones ligadas al gore y en otras a un universo fantástico que quedan por fuera de lo que se podría esperar de un director que está más loco de lo que su aparente conservadurismo formal/ ideológico insinúa.

 

Hijo (Son, Irlanda/ Estados Unidos/ Reino Unido, 2021)

Dirección y Guión: Ivan Kavanagh. Elenco: Andi Matichak, Emile Hirsch, Luke David Blumm, Cranston Johnson, Blaine Maye, J. Robert Spencer, Rocco Sisto, Kristine Nielsen, Erin Bradley Dangar, Adam Stephenson. Producción: Louis Tisné, Anne Marie Naughton y René Bastian. Duración: 98 minutos.

Puntaje: 8