De La Soul, formados en Long Island en 1988, son los pioneros indiscutibles del hip hop progresivo, alternativo y psicodélico gracias a los floreos de su producción, el poco o nulo uso de puteadas, una filosofía rapera autoconsciente/ posmoderna, los ataques al hip hop mainstream y esas letras absurdas, surrealistas o excéntricas enmarcadas en un minimalismo sosegado que ya era extraño en su época por una inteligencia que no renunciaba a la potencia discursiva. La alineación histórica fue aquella de los MCs Kelvin “Posdnuos” Mercer y David “Trugoy the Dove” Jolicoeur y el DJ y ocasional MC Vincent “Maseo” Mason más la producción fundamental de Paul Edward Huston alias Prince Paul, otrora DJ de Stetsasonic, figura que patentó la inclusión de skits/ sketchs cómicos en los discos y se apropió de una versión equilibrada del trabajo casi siempre altisonante de The Bomb Squad para Public Enemy, a su vez anticipando algunos aspectos de la tranquilidad musical del G-funk de Andre Romell Young alias Dr. Dre modelo The Chronic (1992) y Doggystyle (1993), este último con Snoop Doggy Dogg. A la agrupación hoy en día, principalmente entre los legos, se la vincula a Feel Good Inc., colaboración de De La Soul con Gorillaz que apareció en el segundo disco de estudio de la banda virtual de Damon Albarn, Demon Days (2005), y en mucha menor medida a Superfast Jellyfish, otro opus en conjunto pero para la tercera placa de Gorillaz, Plastic Beach (2010). En sus inicios formaron parte del colectivo neoyorquino Native Tongues, célebres por la inclusión de beats jazzeros y versos consagrados a una acepción amigable -o no tan agresiva- de la vida afroamericana, amén de un scratching y un sampleo muy profusos que asimismo resultaban característicos de la Era Dorada del Hip Hop de mediados de los 80 hasta la mitad de la década siguiente, de la que De La Soul son una pieza crucial al igual que los citados Public Enemy, Dr. Dre y Snoop Dogg más Run-DMC, Slick Rick, LL Cool J, Eric B. & Rakim, Jungle Brothers, Beastie Boys, Ice-T, A Tribe Called Quest, Fugees, Wu-Tang Clan, N.W.A., Ice Cube, Cypress Hill, Tupac Shakur, The Notorious B.I.G. y Nas, camada que puede extenderse un poco más para incorporar el glorioso hip hop futurista de Outkast, Missy Elliott, Timbaland y The Neptunes, entre otros. De La Soul fueron los representantes más famosos de Native Tongues junto con Jungle Brothers, A Tribe Called Quest, Queen Latifah y Black Sheep, el dúo de Mos Def y Talib Kweli, sin embargo su catálogo musical no estuvo disponible en plataformas hasta 2023 a raíz de los problemas legales para conseguir las autorizaciones necesarias para utilizar los samples, ABC de su idiosincrasia creativa, en formato digital ya que los contratos originales abarcaban sólo la distribución en físico, inconveniente que incluye el hecho de que De La Soul no son dueños de su propia música y debieron negociar con compañías como Warner, Tommy Boy Records y Reservoir Media, las cuales a su vez pretendían ofrecerles una miseria como regalías.
Si nos concentramos en el devenir discográfico, la trilogía insuperable es aquella de 3 Feet High and Rising (1989), De La Soul Is Dead (1991) y Buhloone Mindstate (1993), joyas producidas por Prince Paul, todo un purista del hip hop de vieja escuela, ese fascinante, sucio y adicto a los samples que unificaba a George Clinton, de Parliament/ Funkadelic, y aquel Rick Rubin circa Def Jam Recordings. Luego del digno aunque mucho más tradicional Stakes Is High (1996), llega la larga y atenuada decadencia que abarca aggionamiento sonoro, trabajos erráticos y cercanía con respecto al soul y el funk clásicos en aquellos Art Official Intelligence: Mosaic Thump (2000), AOI: Bionix (2001), The Grind Date (2004) y And the Anonymous Nobody (2016), además de Plug 1 & Plug 2 Present First Serve (2012), álbum maximalista y bastante flojo empardado en producción al rhythm and blues en el que Posdnuos y Trugoy the Dove reemplazaron brevemente a Maseo con Chokolate & Khalid, un dúo de DJs franceses. El regreso tardío pero seguro tiene por título Cabin in the Sky (2025), primer disco en casi una década y por cierto el que marca la vuelta al estudio a posteriori del fallecimiento de Jolicoeur en 2023 a la edad de 54 años, producto de una insuficiencia cardíaca congestiva que sufría desde 2017, señor que de todos modos está muy presente mediante homenajes explícitos en las letras y a través de un buen número de vocalizaciones que dejó grabadas a lo largo de los muchos años de silencio discográfico del grupo. Aquí se profundiza ese retorno escalonado al marco psicodélico de las placas con Prince Paul y especialmente del legendario debut, 3 Feet High and Rising, que los músicos insinuaron en And the Anonymous Nobody y The Grind Date, en esta oportunidad redondeando el trabajo más interesante, lúdico y vital desde Buhloone Mindstate al punto de que recuperan mucho de la imprevisibilidad, el humor y la introspección apacible y astuta de antaño sin caer en las “actualizaciones” groseras e innecesarias del resto de los álbumes de De La Soul del Siglo XXI, hoy apenas retomando algo del hip hop progresivo de Kanye West y Kendrick Lamar y de la vertiente futurista de Missy Elliott y Outkast con el objetivo de mantenerse fiel a la efervescencia sónica/ actitudinal de los comienzos aunque encarada desde el presente, ya con más de tres décadas de experiencia a cuestas.
Luego de la típica apertura jocosa de De La Soul, Cabin Talk (Album Intro), con el célebre actor Giancarlo Esposito oficiando de profesor de colegio secundario tomándole lista a todos los que participan en el álbum y señalando de manera clara el objetivo de fondo, eso de “ayudar a comprender la percepción de la vida y el Más Allá”, la primera canción propiamente dicha es Yuhdontstop, un muy buen tema que les permite homenajear a Jolicoeur, citar extensivamente a Sure Shot, clásico de Beastie Boys de Ill Communication (1994), desparramar su filosofía cuasi zen y sobre todo enfatizar que en el mundo actual ser catalogado de pionero significa estar en la ruina por el olvido o amnesia social/ industrial, en este sentido basta con recordar que para grabar And the Anonymous Nobody tuvieron que recurrir a Kickstarter, una plataforma de micromecenazgo para la recaudación de fondos. Sunny Storms se entrega al scratching y al G-funk para ofrecer un resumen de la filosofía de vida de la banda, tan particular en la comunidad hiphopera yanqui desde siempre porque incluye el silenciar el ruido, la evolución del cambio para mejor, el envejecer volviéndose más sigiloso y sano, la sinergia de las alabanzas a Dios y el hecho de equilibrar lo bueno y lo malo para aprender de ambos aunque favoreciendo al amor porque el odio es sinónimo de ego fetichizado. Good Health recupera a nivel simbólico las viejas peleas de De La Soul con algunos exponentes del gangsta rap y sin duda deja testimonio sobre el muy buen nivel de los versos desplegados en el disco, algo que aquí se unifica con un beat intoxicante a lo hip hop futurista y unos coritos robotizados/ sintetizados/ con vocoder que nos acercan al sustrato colorido de la trilogía inaugural con Prince Paul. Will Be, un track divertido pro-negritud de un minuto y medio con Yummy Bingham a mitad de camino entre la música disco y una hipotética new wave dirigida al público infantil, pronto deja paso a The Package, un tema tan entusiasta, cinematográfico y psicodélico como uno podría esperar de los señores al punto de que incluso la base le hace justicia, funky pero no tan funky porque uno de los horizontes de los neoyorquinos siempre fue moverse en un eclecticismo heterodoxo que no privilegia demasiado ningún componente en especial porque la magia se produce cuando todos se fusionan, hoy al servicio de una letra orientada al renacimiento del grupo luego de la pandemia del coronavirus, el fallecimiento del compañero/ amigo y la lucha tanto por recuperar el propio catálogo musical como por conseguir una empresa que edite el nuevo trabajo discográfico, en este caso la Mass Appeal Records de Nas, que tiene un acuerdo de distribución con Universal Music Group.
En el hip hop alternativo nunca falta un homenaje familiar y el correspondiente a Cabin in the Sky es A Quick 16 for Mama, composición con un excelente aporte de Michael Santiago Render alias Killer Mike que le debe mucho al Kanye West soulero terrorista de The College Dropout (2004) y Late Registration (2005) y que se consagra, efectivamente, a ponderar los sacrificios maternos en pos de criar hijos íntegros, desde la humildad, el cariño y la bondad pero sin soportar estupideces de los tontitos neofascistas del mundo. Just How It Is (Sometimes), con Jay Pharoah y Gareth Donkin, sigue firme en la estela sesentosa del track previo -beat futurista y coros a lo Motown incluidos- y constituye la canción más larga y quizás más graciosa de la placa, ahora retratando una separación en la que la mujer va borrando sistemáticamente de sus redes sociales todos los videos y fotos en los que aparece el varón infiel en cuestión, lo que genera una catarata de chismes en el grupo de amigos/ familiares de ambos y por supuesto oficia de una especie de patíbulo digital a la vista de todos los contactos, humillación de por medio. Cruel Summers Bring Fire Life!! arranca en el terreno de la música disco modelo Giorgio Moroder, con Yukimi Nagano, de los suecos Little Dragon, oficiando de émulo de Donna Summer, para luego mutar en una mini odisea psicodélica en la que resurgen dos de los pivotes de aquellos versos de fines de los años 80 y comienzos de los 90, léase un surrealismo un tanto críptico y el latiguillo conceptual de D.A.I.S.Y. Age, un acrónimo por “da inner sound, y’all/ el sonido interior, amigos” que tantas veces los llevó a ser catalogados como los hippies del hip hop, algo de lo que renegaron con vehemencia para luego volver a confirmarlo de una forma u otra a lo largo de su trayectoria. Day in the Sun (Gettin’ wit U), con Bingham y Q-Tip, de A Tribe Called Quest, es otro intento muy digno de retornar a la génesis de la carrera de los señores mediante una base sencilla y alegre que se pone al servicio de la divinización de esos días soleados, rebosantes de un verde brilloso omnipresente, que se comparten con las personas queridas y su energía, aquí exaltados en simultáneo desde el rap y desde segmentos melodiosos que hacen las veces de estrofas, puente y estribillo en función de la estructura deforme paradigmática de muchas canciones de De La Soul.
La poderosa Run It Back!!, con el inefable Nasir bin Olu Dara Jones alias Nas en el micrófono, se sostiene en un beat hardcore noventoso y en ese clásico autobombo del rap y el rhythm and blues contemporáneo que deriva en un repaso por figuras actuales con una repercusión entre mundial y vernácula estadounidense, como Doechii, SZA, Leon Thomas III, Shaboozey y Kendrick Lamar alias K. Dot, amén del detalle de Nas sumándose por un momento a De La Soul como “el cuarto Bee Gee, el cuarto miembro de ZZ Top o el cuarto Fugee”, sin duda tres de los tríos más renombrados de la música anglosajona de la segunda mitad de la centuria pasada. Different World, con la poetisa Gina Loring y un sample central de I’m in a Different World, recordada obra maestra de Four Tops perteneciente al álbum Yesterday’s Dreams (1968), por un lado trae a colación a Dwayne Wayne (Kadeem Hardison), protagonista de A Different World (1987-1993), sitcom creada por Bill Cosby para la cadena NBC, y por el otro lado se mete de manera explícita con la depresión, el cansancio, el egoísmo y las peleas que atravesaron los muchachos de De La Soul a lo largo de su carrera, optando -como casi siempre, abrazados al optimismo- por ponderar las distintas herramientas que los sacaron del pozo de la angustia rutinizada, en este caso el amor, la sinceridad, la sonrisa, Dios, los amigos y la idea de alejarse de la negatividad, de la mentira y de las poses de dureza que tienden a la confrontación, todo con un telón de fondo que apuesta por la presencia etérea de Trugoy the Dove en el estudio de grabación junto a Posdnuos y Maseo. Patty Cake juega con el imaginario pueril, a la par mediante la letra y un beat semejante a aplausos, para hablar de la situación económica de yanquilandia desde la perspectiva del pueblo trabajador y no de la burguesía, por ello el desempleo, la miseria y la falta de esperanzas pasan al primer plano mientras avanzan el individualismo, la codicia capitalista, las crisis familiares, el consumismo banal y el aparato represivo de los psicópatas de la extrema derecha en el poder en sintonía con Donald Trump y Javier Milei, entre otros payasos vinculados al neoliberalismo y las estructuras sociales más esclavistas o reaccionarias.
La denuncia del estado calamitoso de la sociedad global del nuevo milenio continúa en The Silent Life of a Truth, track con una base hipnótica y disonante que analiza el entramado de mentiras del marketing, la publicidad, las redes sociales, las plataformas y las granjas de trolls en general que los nuevos dictadores y sus amigotes multimillonarios del segmento tecnológico, la nueva oligarquía plutocrática, tienen a su disposición, en esencia naturalizando las patrañas que sirven a sus intereses y convirtiéndolas por un tiempo en el “sentido común” hasta que la verdad de los hechos vuelve a imponerse con toda su fuerza, a la espera de que la torre de los embustes caiga por su propio peso y la comunicación o diálogo real pueda restablecerse como es debido, entre adultos responsables que piensan y sienten y no entre necios o lobotomizados o cómplices o frívolos o tilingos que sólo sienten. En Eff, en esta ocasión con la intervención de Black Thought, MC de The Roots, y con una referencia en los versos a I’m Waiting for the Man, himno de The Velvet Underground & Nico (1967), joya iconoclasta apadrinada por Andy Warhol, se burla de las lisonjas maquiavélicas de la fama, retoma los dardos contra la industria musical que tanto daño les provocó, hoy homologada a la mediocridad de la repetición ad infinitum de lo mismo, e incluso profundiza una idea que ya había sido insinuada en temas previos, hablamos de esa sabiduría que viene con la experiencia y que rara vez se presenta en la juventud, una etapa de la vida en la que los errores son moneda corriente de la mano de una petulancia o ego inflado que jamás debería extenderse hacia la madurez porque cuando lo hace el asunto cambia de color, obligándonos a afirmar que estamos ante el arrogante promedio casi insalvable de la posmodernidad, todo un fanático de la rivalidad y el desprecio al diferente. La pirotecnia devocional vuelve en Believe (In Him), composición caracterizada por el aporte de Lady Stout y K. Butler & the Collective en materia de acercar el asunto hacia el gospel hecho y derecho, por cierto más en términos de un agradecimiento al Todopoderoso que en lo que sería un canto en pos de convertir a los escépticos en fieles, por ello la conciencia piadosa enmarcada en la fe, la felicidad, la armonía y la verdad oficia de bálsamo multifunción para las consecuencias más nefastas de la culpa, la duda, las tragedias, la confusión y el autosabotaje cotidiano.
Yours, con una dupla de alto perfil, Common y Slick Rick, se concentra en la otra orilla de esa vejez que obsesiona a De La Soul porque Mercer y Mason promedian los 50 años, en este sentido la psicodelia ya no es tan infantil jocosa sino más bien precautoria debido a que apunta a concientizar a los jóvenes acerca de lo efímero de la mocedad y su triple obligación de informarse sobre el pasado, sopesar todas las doctrinas del presente y finalmente adoptar una posición con vistas a un futuro de mayor inclusión social y militancia y menos cinismo, apatía y estupidez, lamentablemente los tres pilares del Siglo XXI junto con una avaricia que lo único que hace es reproducir el esquema de los “esclavos felices” de hoy en día, con tantos lelos defendiendo a sus amos del capitalismo mientras los explotan o sodomizan gracias a la homogeneidad y el conformismo cultural. Palm of His Hands, con Bilal, se sirve de un beat simple para volcar toda la carga retórica sobre una letra que combina el surrealismo de siempre con las loas a Dios y una suerte de autocrítica de la hombría, conductas reprobables de por medio que se corrigen a través de la aceptación del error y la firmeza en cuanto a un trasfondo moral que viene supeditado a una ideología o credo, noción recurrente en el devenir discursivo de De La Soul en contraposición a la legión de imbéciles de hoy en día que no creen en nada, en suma convalidando las injusticias desde la torpeza, la pasividad o una ignorancia que ya no tiene excusas de las que agarrarse para defenderse. Uno de los mejores temas del lote es el homónimo, Cabin in the Sky, exploración entre amarga y necesaria alrededor de la parca, el luto, el sentirse un veterano y la misma posibilidad de que exista un Paraíso y/ o nos abra sus puertas cuando llegue el momento de dejar las minucias terrenales e ingresar al reino de ultratumba, destacándose la estupenda construcción de un estribillo que aglutina a la perfección rapeo, coros melodramáticos, una base rítmica decididamente austera y líneas celestiales y muy sutiles de teclados, esquema que a su vez celebra la amistad que los unió a Dave y de paso denuncia la gentrificación de los grandes centros urbanos por la extensión de la especulación bursátil/ financiera al campo inmobiliario. Los señores no podían despedirse con el trasfondo macabro del track anterior y por ello la placa se cierra con Don’t Push Me, un delirio tragicómico sobre un negro que muere durante el mandato de Barack Obama en la Casa Blanca y asciende al cielo para reencontrarse con su mujer amada, no obstante la paz parece no estar garantizada en las alturas porque el difunto se autodefine al borde de un ataque de nervios por haber tenido una vida de esclavo moderno asalariado, porque sabe que jamás verá la cara de Obama en el billete de cinco dólares -el que tiene la imagen del racista e hipócrita de Abraham Lincoln, precisamente- y porque le pesa el recuerdo de Emmett Till, un adolescente afroamericano asesinado de manera brutal en 1955 a la edad de catorce años luego de ser acusado por una caucásica de haber coqueteado con ella, pretexto para otro linchamiento del supremacismo blanco.
Como era de esperarse, gran parte de Cabin in the Sky está consagrado a la mayoría de edad, el fervor religioso y los lamentos por el fallecimiento del compañero de ruta, una sombra vinculada al paso del tiempo y especialmente la vejez que los músicos unifican con sus excentricidades marca registrada, el humor liviano y unos skits que ya no merecen tracks autónomos porque pasan a incorporarse al final de determinados temas, en general oficiando de prólogo espiritual -ya no tanto de impronta bufonesca- para una canción posterior. Esta naturaleza ecléctica, fiel a la meticulosidad del grupo y su capacidad para disfrazarla de aparente caos, se extiende a la división del álbum en su conjunto, de hecho mediante una primera mitad que se corresponde a la energía positiva de dejo hippón y una segunda parte propensa a las meditaciones más serias en torno a la conjunción entre lo individual por un lado, nos referimos al luto y a los problemas legales que reclamaron años y años de batallas con las empresas discográficas símil la refriega bíblica de David contra Goliat, y lo colectivo por el otro lado, en nuestro tiempo la falta de solidaridad, empatía o siquiera conciencia en lo que respecta al hecho de que el egoísmo y la avaricia conducen al suicidio social en el corto plazo, con la distancia entre lo que se vota y los resultados en la praxis comunal achicándose más y más. Esta versión mutilada de De La Soul se calza el traje de la autoreflexión y prefiere refritar, como decíamos al principio, la etapa seminal de 3 Feet High and Rising, De La Soul Is Dead y Buhloone Mindstate pero con algunas pinceladas de hip hop progresivo y futurista que en la mayoría de las ocasiones abandonan el enfoque más ortodoxo del funk, el soul y el rhythm and blues de la andanada posterior a Stakes Is High, aquella de Art Official Intelligence: Mosaic Thump, AOI: Bionix, The Grind Date, Plug 1 & Plug 2 Present First Serve y And the Anonymous Nobody, trabajos amenos pero descartables. Nuestro regreso parcial a la psicodelia más rimbombante, matizada por una alegría que ya no puede ser permanente por las cicatrices que va imponiendo el tiempo, está encarado con eficacia porque si bien no aporta originalidad alguna por lo menos sabe balancear los ingredientes de turno al extremo de entregar una experiencia sonora gratificante que se siente como el álbum que los fans históricos estaban esperando desde mediados de la década del 90, paciencia que por fin hoy rinde sus frutos.
Cabin in the Sky, de De La Soul (2025)
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