Lilo & Stitch

La pequeña aberración

Por Emiliano Fernández

Lilo & Stitch (2002), odisea animada por la factoría Walt Disney y dirigida por una dupla compuesta por los debutantes y también guionistas Chris Sanders y Dean DeBlois, fue un trabajo relativamente correcto que le permitió al emporio de Mickey Mouse por un lado aggiornarse por fin a los tiempos que corrían, en este caso incorporando en la trama un lindo surtido de alienígenas de la Federación Galáctica Unida, y por el otro lado tratar de segmentar mejor el público que se pretendía captar para abandonar en parte “las masas” indistintas/ intercambiables de siempre, ahora de hecho apuntando al ecosistema rosa de corta edad. Para comprender este volantazo o golpe de timón debemos recordar que el estudio venía de una fase exitosa y muy clasicista/ nostálgica denominada el Renacimiento de Disney (Disney Renaissance), etapa que abarca desde La Sirenita (The Little Mermaid, 1989) hasta Tarzán (1999), y que en general la compañía estaba un poco perdida en cuanto a qué hacer a continuación para adaptarse al Siglo XXI sin repetirse hasta el infinito, por ello había probado el musical antológico en Fantasía 2000 (1999), el berretín de la época con los reptiles prehistóricos en Dinosaurio (Dinosaur, 2000), la fórmula cómica estándar en Las Locuras del Emperador (The Emperor’s New Groove, 2000) y aquellas aventuras en sintonía con Julio Verne en Atlantis: El Imperio Perdido (Atlantis: The Lost Empire, 2001).

 

Si bien la idea de base de Lilo & Stitch, eso de ponderar el caos en la niñez, el derrotero de los marginados y las insólitas posibilidades que ofrecen las parentelas compuestas en un nuevo milenio muy adepto al ensamblaje más improvisado, era digna y se correspondía en mayor o menor medida a tantos otros productos de antaño de Disney, lo que demostraría ser verdaderamente influyente a futuro en el caso del opus de Sanders y DeBlois sería primero la infantilización anárquica condensada en el personaje de Stitch (voz del propio Sanders), un experimento genético -el número 626, para ser más precisos- semejante a un koala de color azul destinado a destruir todo a su paso como un nene hiperquinético o quizás un retrasado mental fascistoide y hambreador que vota a la extrema derecha del Siglo XXI o a cualquier secta mafiosa del JP Morgan como el mileismo y el macrismo, pensemos por ejemplo en los Minions de la exitosísima franquicia que comenzó con Mi Villano Favorito (Despicable Me, 2010), sin duda el caballo de batalla de Illumination, y segundo la meta de volcarse al segmento femenino del público y fidelizarlo con ahínco, movida que funcionó en taquilla en Frozen (2013) y Moana (2016) y derivó en recaudaciones decepcionantes en La Princesa y el Sapo (The Princess and the Frog, 2009), Raya y el Último Dragón (Raya and the Last Dragon, 2021), Encanto (2021) y Wish (2023), todas centradas en heroínas.

 

Disney desde las deslucidas El Libro de la Selva (The Jungle Book, 1994) y 101 Dálmatas (101 Dalmatians, 1996) nos viene torturando con sucesivas remakes en live action de sus obras animadas pero por suerte Lilo & Stitch (2025), a cargo de ese Dean Fleischer Camp de la excelente Marcel, el Caracol con Zapatos (Marcel the Shell with Shoes On, 2021), no cae en los “bajos fondos” de Blanca Nieves (Snow White, 2025), La Sirenita (The Little Mermaid, 2023) o Pinocho (Pinocchio, 2022), resultando una copia innecesaria escena por escena del original que por lo menos no molesta ni pasa vergüenza como casi todo el cine mainstream actual, sea animado o no. Así las cosas, otra vez nos topamos con la amistad entre Stitch, una pequeña aberración que escapa de sus carceleros del cosmos y llega a la Tierra, y Lilo Pelekai (Maia Kealoha), una mocosa problemática que habita en la Isla de Kauai, perteneciente al Archipiélago de Hawái, con su hermana adolescente, Nani (Sydney Agudong), luego del fallecimiento de ambos padres. Los extraterrestres de la Federación Galáctica Unida que deben recapturar al monstruito vuelven a ser el Agente Pleakley (Billy Magnussen) y el Dr. Jumba Jookiba (Zach Galifianakis), y por supuesto regresan el interés romántico de Nani que se especializa en las danzas folklóricas con fuego, David Kawena (Kaipo Dudoit), y un afroamericano adusto llamado Cobra Bubbles (Courtney B. Vance).

 

Lamentablemente el live action enfatiza el hecho de que la epopeya original ya era una mixtura bastante literal -tanto en diseño de criaturas como en la historia en sí- de E.T. el Extraterrestre (E.T. the Extra-Terrestrial, 1982), Gremlins (1984), esa Mi Vecino Totoro (Tonari no Totoro, 1988) y Pesadilla a 20.000 Pies (Nightmare at 20.000 Feet, 1963), un célebre capítulo de La Dimensión Desconocida (The Twilight Zone, 1959-1964) que iría a parar a la película ómnibus de 1983 gracias al gran George Miller. Se agradece de nuevo la música de Elvis Presley y la flamante remera de Nani con la imagen de Purple Rain (1984), la película y el disco de Prince, además del correcto desempeño de Kealoha y Agudong y cierta idea interesante de fondo orientada a pensar el duelo y la burocracia asistencial, no obstante los cambios introducidos son demasiado cosméticos y no agregan casi nada a la faena en su conjunto (aquí Jookiba y Pleakley pueden transformarse en seres humanos, Bubbles es un esbirro de la CIA y no un ex agente, la asistente social es otra, esa Señora Kekoa de Tia Carrere, un personaje nuevo como la abuela de David, la septuagenaria Tutu de Amy Hill, y por cierto el malo psicopático hoy no es el Capitán Gantu sino el científico loco, Jumba). Con un ritmo narrativo mucho más acelerado, una Lilo menos agresiva y más adorable, una Nani más “tapadita” en cuanto a su vestimenta y un final reglamentariamente sensiblero y sermoneador, esta relectura de Lilo & Stitch resulta inofensiva pero también un poco menos pesada para el público adulto porque aquel sustrato caprichoso y destructivo de la nena y de su mascota del espacio, siempre confundida con un perro, está aligerado en su carga realista, propia de purretes malcriados. Disney continúa tratando de vendernos una ristra de remakes en live action como si estuviésemos ante el salto del vinilo/ cassette al CD, utilizando una metáfora musical, sin embargo nada justifica en serio volver a películas propias de otras épocas para hacer exactamente lo mismo, por ello el asunto huele a estafa lisa y llana y pone en entredicho -por milésima vez- toda la capacidad de inventiva de estas maquinarías gigantescas de entretenimiento, en este sentido recordemos que dentro de poco llegará la remake en live action de la verdadera obra maestra de Sanders y DeBlois, Cómo Entrenar a tu Dragón (How to Train Your Dragon, 2010), el genial film de DreamWorks…

 

Lilo & Stitch (Estados Unidos, 2025)

Dirección: Dean Fleischer Camp. Guión: Mike Van Waes y Chris Kekaniokalani Bright. Elenco: Chris Sanders, Maia Kealoha, Sydney Agudong, Zach Galifianakis, Billy Magnussen, Courtney B. Vance, Amy Hill, Tia Carrere, Kaipo Dudoit, Hannah Waddingham. Producción: Dan Lin y Jonathan Eirich. Duración: 108 minutos.

Puntaje: 4