Kelly Reichardt arrastra un sustrato paradójico porque es una de las pocas realizadoras independientes que filman con regularidad en una industria cultural del Siglo XXI cada día más concentrada, por un lado, y asimismo es una artista con una carrera en general correcta y poco más que en gran medida simboliza la chatura del Hollywood contemporáneo, tanto el mainstream más pirotécnico como esta pata minimalista que tampoco logra la catarata de productos memorables de otras épocas más valiosas y heterogéneas, por el otro lado. Su larga trayectoria está dividida en dos grupos de películas que comparten el ritmo narrativo pausado, los protagonistas lacónicos y en crisis, un realismo de cadencia obrera, mucha inteligencia retórica y esos desenlaces existencialistas y abiertos, primero nos topamos con los dramas cien por ciento indies, sobre todo Río de Hierba (River of Grass, 1994), Vieja Alegría (Old Joy, 2006), Wendy y Lucy (Wendy and Lucy, 2008), Ciertas Mujeres (Certain Women, 2016) y Esculturas de la Vida (Showing Up, 2022), y en segundo lugar vienen las obras de género aunque un tanto iconoclastas, rebeldes para con los formatos en cuestión, pensemos en los westerns El Atajo de Meek (Meek’s Cutoff, 2010) y Primera Vaca (First Cow, 2019) y los thrillers de idiosincrasia criminal Movimientos Nocturnos (Night Moves, 2013) y Mente Maestra (The Mastermind, 2025), esta última la flamante propuesta de la directora y guionista y su primera aventura en el heist film o caper movie, esa típica odisea de atracos que abarca los entretelones, la ejecución en sí y el período posterior a un robo.
Si bien del primer grupete se destaca Wendy y Lucy, protagonizada por la actriz fetiche de Reichardt, Michelle Williams, y su perra en la ficción que por cierto es la mascota de la cineasta, Lucy, y entre las gestas más tradicionalistas sin duda sobresale esa Movimientos Nocturnos, opus fascinante con Jesse Eisenberg, Dakota Fanning y Peter Sarsgaard sobre un episodio de ecoterrorismo que duplicaba sin reconocerlo La Banda de la Tenaza (The Monkey Wrench Gang, 1975), famosa novela de Edward Abbey, en realidad el grueso de la producción artística de la directora, como decíamos con anterioridad, es bastante parejo y no se mueve de los latiguillos ascéticos del indie de los años 80 y 90 de la centuria pasada, esquema en el que cae la faena que nos ocupa, Mente Maestra, trabajo disfrutable inspirado en un robo de 1972 de cuatro cuadros del Museo de Arte de Worcester, en el Estado de Massachusetts, en concreto unas pinturas de Paul Gauguin, Rembrandt y Pablo Picasso que estaban valuadas en un millón de dólares y fueron sustraídas por dos hombres justo antes del cierre. Fiel a su estilo de siempre, Reichardt baja significativamente las “pretensiones” de su ladrón, ese James Blaine “J.B.” Mooney (Josh O’Connor) que en pantalla apuesta a llevarse cuatro lienzos del ignoto Arthur Dove (1880-1946), uno de los primeros pintores abstractos de Estados Unidos, y mueve el presente del relato a 1970, detalle importante que le sirve para explorar el final de la contracultura de la década del 60 por cierta ingenuidad interna y el aparato represivo demencial de la derecha en el poder, celosa de sus privilegios.
Aquí Mooney es un carpintero desempleado de Framingham, ciudad de Massachusetts, que le pide dinero a su madre, Sarah (Hope Davis), para pagarle a sus tres patéticos cómplices, Larry Duffy (Cole Doman), Ronnie Gibson (Javion Allen) y Guy Hickey (Eli Gelb), el primero destinado a ser el conductor oficial del asalto, un sujeto que se arrepiente a último momento, el segundo un negro inmaduro, adicto y narcotraficante, quien luego del asuntillo delata a J.B. a la policía cuando el morocho termina preso por el atraco a un banco, trance del cual el protagonista en un primer momento escapa por ser el hijo de un juez, William Mooney (Bill Camp), y el tercero otro traidor -y aparentemente un amigo de J.B.- que lo delata pero ahora frente a la mafia, un gremio inmediatamente volcado a robarle las cuatro pinturas al carpintero, tesoro que había escondido en una granja remota en un estuche de su propia factoría. Todo va de mal en peor porque el protagonista opta por huir y así se refugia en la morada de una pareja amiga con la que estudió artes plásticas, Fred (John Magaro) y Maude (Gaby Hoffmann), esta última eventualmente echándolo del hogar y deduciendo que pretendía vender los cuadros usando de testaferro a su tutor en la tesis, un tal Profesor Pruitt que admira a Dove. J.B. deja pasar una oportunidad de fuga que le ofrece Fred, sumándose a una comuna en Toronto en la que vive el hermano de su amigo, y viaja hasta Cleveland para visitar a otros conocidos que recientemente abandonaron su domicilio, por ello le pide dinero en vano a su esposa, Terri Mooney (Alana Haim), mujer con el teléfono intervenido.
Mente Maestra juega con la ambigüedad identitaria/ espiritual/ ideológica de J.B., burgués con estudios universitarios que le escapa al conformismo aunque con muchos salvavidas a su alrededor, comodidad que incluye a sus padres, sus amigos e incluso esa Terri con la que tiene dos hijos pequeños, Carl (Sterling Thompson) y Tommy (Jasper Thompson), alegoría que apunta a la transformación de los ideales revolucionarios de los 60 en el hedonismo entre violento y apático desde los 70 en adelante, por ello puede decirse que el modelo de la directora no es tanto su declarada influencia, aquel Jean-Pierre Melville obsesionado con los robos de Bob, el Jugador (Bob, le Flambeur, 1956), El Soplón (Le Doulos, 1962), Hasta el Último Aliento (Le Deuxième Souffle, 1966), El Círculo Rojo (Le Cercle Rouge, 1970) y Un Policía (Un Flic, 1972), sino más bien el ascetismo y la angustia silente del carterista en la piel del uruguayo Martin LaSalle de Pickpocket (1959), gran obra maestra de un Robert Bresson que a su vez unificó ingredientes de El Rata (Pickup on South Street, 1953), de Samuel Fuller, y Crimen y Castigo (Prestupléniye i Nakazániye, 1866), la novela de Fiódor Dostoyevski. Mente Maestra exprime el soundtrack jazzero de Rob Mazurek y la fotografía árida a lo Nuevo Hollywood setentoso de Christopher Blauvelt y a pesar de que no supera a otras epopeyas de temática pictórica delictiva, como La Mejor Oferta (La Migliore Offerta, 2013), de Giuseppe Tornatore, o Mi Obra Maestra (2018), de Gastón Duprat, por lo menos añade una pincelada tragicómica al fluir artístico de una Reichardt capaz de reinventarse…
Mente Maestra (The Mastermind, Estados Unidos/ Reino Unido, 2025)
Dirección y Guión: Kelly Reichardt. Elenco: Josh O’Connor, Alana Haim, John Magaro, Bill Camp, Hope Davis, Gaby Hoffmann, Eli Gelb, Cole Doman, Javion Allen, Jasper Thompson. Producción: Neil Kopp, Anish Savjani y Vincent Savino. Duración: 111 minutos.