Podrán decirse muchas cosas en torno al cinismo como actitud, pero si hay algo que posee es una postura activa, crítica. No una postura demoledora ni extremadamente potente tal vez, aunque sí una esencia insoportablemente incómoda. Un aroma que desarma toda armonía, una armonía que desarma toda melodía. A veces para construir una nueva. Una trompeta, una partitura.
El cinismo es una de las actitudes que nunca faltan en esta primera temporada de Pluribus (2025), obra paródica de Vince Gilligan para Apple TV de nueve episodios de unos 50 minutos cada uno, por cierto un profesional conocido principalmente por crear y dirigir las inolvidables Breaking Bad (2008-2013) y Better Call Saul (2015-2022) pero destacado también, en menor medida, por su participación como guionista en The X-Files (1993-2002), icónica creación de Chris Carter para la cadena Fox. En todas las series se observan continuidades varias, por ejemplo la pasión intacta por las tomas abiertas (regreso al desierto de Albuquerque, en el Estado de Nuevo México), los múltiples planos picados y subjetivos y finalmente los claroscuros que acompañan sabiamente a los personajes principales.
Por otro lado, se ha mencionado que esta primera temporada de Pluribus remite en algunos aspectos a otras series como The Last Man on Earth (2015-2018) o Lost (2004-2010), o bien a obras cinematográficas como Village of the Damned (1960), de Wolf Rilla, y 28 Days Later (2002), de Danny Boyle, sin embargo indudablemente la reminiscencia clara es hacia Invasion of the Body Snatchers, tanto en su versión original de 1956 a cargo de Don Siegel como la primera remake de 1978 de Philip Kaufman. El propio afiche de la serie apuesta por la referencia a la histeria de Kevin McCarthy y Donald Sutherland de antaño.
En cuanto al relato, la propuesta, hermanada al “slow cinema” o cine contemplativo, ilustra un escenario en el cual un virus/ código extraterrestre se esparce de modo intempestivo por toda la población global, dejando solamente (el número parece no ser casual) trece personas en todo el mundo inmunes, por causas desconocidas. La particularidad del suceso -y en buena medida la originalidad de la serie- pasa por el hecho de que se transforma a la humanidad en una entidad colectiva insólita. En primer lugar, una que es políticamente correcta en sus formas e incapaz de ejercer violencia sobre otros seres. Una que se muestra incompetente para contradecir a quienes son inmunes y es absolutamente condescendiente con ellos. Y sobre todo, una entidad colectiva símil mentalidad de panal que pareciera obligada a complacer a esta nueva minoría incluso en sus tendencias más destructivas. Como en todo trabajo complejo, hay lugar para la ambigüedad y las múltiples lecturas en la tradición de The Twilight Zone (1959-1964), joya de Rod Serling para la CBS.
Se destacan posturas varias frente a la problemática, entre las que florece el cinismo de la protagonista principal, Carol Sturka (Rhea Seehorn, que brilla nuevamente luego de su intervención en Better Call Saul), aunque hay espacio para interesantes sorpresas desde el cono sur, principalmente bajo una interpretación estadounidense de lo que sería un habitante del Paraguay, Manousos Oviedo (Carlos-Manuel Vesga), hoy más cercano a Colombia o México en su forma de expresarse y vinculando al personaje en cuestión con el rechazo absoluto a la posibilidad de asimilación de los inmunes al panal. También hay un intento por representar la cultura andina, un poco más logrado porque se utilizan actores locales y se pule mejor el verosímil.
En términos conceptuales, es inevitable pensar que encontramos llamados de atención sobre los principales problemas y rasgos de esta época disruptiva. Especialmente sobre las plataformas, los algoritmos y la Inteligencia Artificial en tanto herramienta y medio que moldea la subjetividad. Así como ya lo dijo hace décadas Marshall McLuhan (1996) en sus clásicos y pioneros estudios sobre la TV de los años 60, hoy lo subrayan contemporáneos como Franco Berardi (2019) advirtiendo cómo la aceleración informática no hace más que abrir de par en par las puertas a un futuro automatizado que limita las dimensiones afectiva e intelectual de los sujetos.
Finalmente, como también aquí hay algo del cine que habla de sí mismo, tal vez sea un buen momento para destacar, como mencionan Mónica Kirchheimer y Ezequiel Rivero (2023), que las plataformas, es decir, las empresas de contenido “on demand”, no transforman por sí mismas la estructura de los mercados y las lógicas de curación de contenidos en línea, sino que éstas son promovidas activamente por las propias industrias culturales locales. Lo hacen aprovechando su inmensa capacidad para capturar datos pero sobre todo nuestra atención.
¿Cuáles son las herramientas que tenemos para defender nuestros productos culturales, para lograr otros modos o métodos de circulación? ¿Cuáles para defender lo rupturista, para defender lo plural?
Pluribus (Estados Unidos, 2025)
Dirección: Vince Gilligan, Gordon Smith, Adam Bernstein, Zetna Fuentes, Gandja Monteiro y Melissa Bernstein. Guión: Vince Gilligan, Vera Blasi, Ariel Levine, Jonny Gómez, Gordon Smith, Alison Tatlock y Jenn Carroll. Elenco: Rhea Seehorn, Karolina Wydra, Carlos-Manuel Vesga, Miriam Shor, Samba Schutte, Menik Gooneratne, Darinka Arones, Soledad Campos, Anna Mhairi, Max Reeves. Producción: Vince Gilligan, Chris Smirnoff y Julie Hartley. Duración: 450 minutos.