Mejor Solo que Mal Acompañado (Planes, Trains & Automobiles)

La premura del viaje

Por Emiliano Fernández

La carrera en el ámbito cultural de John Hughes arranca en el staff de la legendaria revista satírica y absurda National Lampoon (1969-1998) escribiendo diversas historias corrosivas que terminarían transformándose en una franquicia con tramas propias y protagonizada por Chevy Chase y Beverly D’Angelo, aquella de Vacaciones (National Lampoon’s Vacation, 1983), de Harold Ramis, Vacaciones Europeas (National Lampoon’s European Vacation, 1985), opus de Amy Heckerling, y Vacaciones de Navidad (National Lampoon’s Christmas Vacation, 1989), de Jeremiah S. Chechik, amén de otros guiones iniciales pero ya fallidos, primero Reunión de Clase (National Lampoon’s Class Reunion, 1982), de Michael Miller, una comedia negra -también originada en las páginas de la célebre revista- que pretendía respetar el acervo estudiantil mordaz de Colegio de Animales (National Lampoon’s Animal House, 1978), de John Landis, segundo Señor Mamá (Mr. Mom, 1983), de Stan Dragoti, una comedia hueca de intercambio de roles paternales, y tercero Los Piratas de las Islas Salvajes (Nate and Hayes, 1983), de Ferdinand Fairfax, una rareza absoluta que oficiaba de exploitation de ese Indiana Jones de Harrison Ford, George Lucas y Steven Spielberg. Para mediados de la década del 80 Hughes salta a la dirección de largometrajes mediante una seguidilla de temática adolescente compuesta por las muy taquilleras aunque simplonas Se Busca Novio (Sixteen Candles, 1984), El Club de los Cinco (The Breakfast Club, 1985), Ciencia Loca (Weird Science, 1985) y Un Experto en Diversión (Ferris Bueller’s Day Off, 1986), panorama que se completa con un par de dramas románticos -también del segmento púber- escritos para el realizador Howard Deutch, léase La Chica de Rosa (Pretty in Pink, 1986) y Alguien Maravilloso (Some Kind of Wonderful, 1987), que terminan de impulsar el Brat Pack ochentoso, asimismo conformado por los actores de El Primer Año del Resto de Nuestras Vidas (St. Elmo’s Fire, 1985), de Joel Schumacher, y de especializar al ya bastante redundante John en un retrato idealizado de un período de la vida en el que la infancia se extingue para dejar paso a una adultez en donde los ataques contra los mayores comienzan a sentirse hipócritas porque hacia allí vamos, incompatibilidad de caracteres de por medio.

 

Sin lugar a dudas la gran paradoja de la trayectoria del cineasta radica en el detalle de que su mejor película por lejos, tanto como guionista como en su faceta de director, Mejor Solo que Mal Acompañado (Planes, Trains & Automobiles, 1987), estelarizada por Steve Martin y su intérprete fetiche John Candy, es por un lado una obra de quiebre que corta la estela de sus elogios sentimentaloides al hedonismo conservador y neoliberal de los Estados Unidos de Ronald Reagan, molde sustentado en unos adolescentes emocionalmente más complejos y sensatos que aquellos de las estudiantinas descerebradas de la época aunque asimismo mucho menos anárquicos que los de Colegio de Animales o Porky’s (1981), de Bob Clark, y menos interesantes que aquellos de The Karate Kid (1984), de John G. Avildsen, y Escuela de Jóvenes Asesinos (Heathers, 1988), convite de Michael Lehmann que a su vez era una remake apenas “maquillada” de la incluso mejor Masacre en Central High (Massacre at Central High, 1976), de Rene Daalder, y por el otro lado el mojón que marca la génesis del declive artístico paulatino y doloroso de Hughes porque literalmente casi todo lo realizado a posteriori -con las honrosas excepciones de Mi Pobre Angelito (Home Alone, 1990) y su primera secuela, Mi Pobre Angelito 2: Perdido en Nueva York (Home Alone 2: Lost in New York, 1992), ambas dirigidas por Chris Columbus- se mueve en un espectro que va desde lo olvidable hasta el verdadero desastre, recordemos para el caso su pálido intento de regreso al ecosistema púber ochentoso, Destinos Opuestos (Career Opportunities, 1991), de Bryan Gordon, su última y deslucida colaboración con Deutch, Dos Locos en Vacaciones (The Great Outdoors, 1988), la simpática pero muy tontuela Beethoven (1992), de Brian Levant, la poco imaginativa Milagro en la Calle 34 (Miracle on 34th Street, 1994), remake a cargo de Les Mayfield de la maravilla homónima de 1947 de George Seaton, y aquella retahíla exploitation de Mi Pobre Angelito vía Dutch (1991), de Peter Faiman, Daniel el Travieso (Dennis the Menace, 1993), de Nick Castle, y ¡Cuidado: Bebé Suelto! (Baby’s Day Out, 1994), opus de Patrick Read Johnson, sin olvidarnos del hecho de que Dutch además podía leerse sin problemas como una remake tangencial de este mismo neoclásico que nos ocupa.

 

Mejor Solo que Mal Acompañado retoma algo de la paradigmática manipulación emocional berretona de la fase profesional púber de Hughes, aunque ahora aplicándola a una adultez que también evita la caricatura promedio hollywoodense y permite generar la empatía del público para con personajes con pros y contras como todos los mortales, y en simultáneo anticipa la obsesión del realizador y guionista en relación con esas payasadas del vodevil, los Looney Tunes y el slapstick -o comedia física del cine mudo- que marcarán a fuego su derrotero posterior hiper industrial/ ya más impersonal con Mi Pobre Angelito a la cabeza, un sustrato que por supuesto se conecta con la saga de Vacaciones y aquella estructura retórica de road movies desaforadas pero ahora bajando mucho las revoluciones del relato para que pueda entablarse, precisamente, esa mínima conexión señalada entre la pantalla y el público. Siguiendo el viejo latiguillo de la pareja dispareja, el guión de John nos presenta el accidentado y kafkiano periplo desde Nueva York hasta Chicago de un par de sujetos que en apariencia no comparten nada, Neal Page (Martin), un ejecutivo publicitario soberbio, paranoico y demasiado prejuicioso casado con Susan (Laila Robins) y padre de tres hijos que lo esperan para la cena del Día de Acción de Gracias en su casa de Chicago, festividad a dos jornadas de distancia, y Del Griffith (Candy), un vendedor itinerante de argollas para cortinas de baño que enviudó hace ocho años y ahora se la pasa construyendo lazos con cualquiera en el camino de la mano de su simpatía, su verborragia y su insistencia non stop cuando se propone algo. Como el título original en inglés sugiere, todo comienza cuando Griffith le roba sin darse cuenta a Page un taxi en Nueva York para llegar al aeropuerto y subirse a un avión que se desvía por una tormenta de nieve hacia Wichita, Kansas, donde pasan la noche en un hotel y un ladrón les roba su dinero al punto de obligarlos a formar una sociedad circunstancial que deriva en tragicómica amistad a bordo de un tren que se descompone, algún autobús al paso, un coche rentado que se incendia por un cigarrillo que cae dentro de la cabina y un camión frigorífico que transporta queso y finalmente los deja en el tan ansiado como lejano destino, casi una efigie de la utopía de la fraternidad humana.

 

La magia que consigue Hughes en la película resulta difícil de describir porque se basa en partes iguales en el carisma y la química interpretativa entre Martin y Candy, dos genios de la comedia que estaban en lo mejor de su trayectoria, el tono ambivalente de los chistes y las situaciones hilarantes, a mitad de camino entre la torpeza sincera y el cinismo ventajista, esta estructura de road movie cual garantía permanente de agilidad, algo que el resto de las comedias de la época no poseía o no sabía manejar, y finalmente la facilidad con la que el film interconecta los distintos sketchs sirviéndose del muy buen trabajo de edición de Paul Hirsch y de la música ochentosa y ultra grasienta -hasta el extremo de la hipérbole- de Ira Newborn, pensemos por ejemplo en ese cliente tarado del inicio y de la escena post créditos que no puede decidirse entre las distintas propuestas publicitarias, el Señor Bryant (William Windom), el gracioso “duelo” en pos de un taxi neoyorquino entre Neal y un transeúnte en la piel de Kevin Bacon, aquel viaje en el aparatoso automóvil de Doobie (Larry Hankin), el primer conflicto importante en el hotel del comienzo por el comportamiento del insufrible Del, todo el episodio del auto rentado que no existe y el encontronazo con la representante gordinflona de la compañía de turno (Edie McClurg) y un despachante de taxis de pocas pulgas (John Randolph Jones), la serie de debacles de Griffith en la autopista nocturna, la entrañable secuencia en el segundo motel y desde ya el desenlace dickensiano cuando Page infiere la soledad de su compañero y lo invita a su voluminoso hogar para la jornada festiva junto a la familia del yuppie tardío. Con un estupendo uso de Mess Around (1953), de Ray Charles, Red River Valley, prodigioso estándar del folk sin autor conocido, y un cover de Everytime You Go Away (1980), de Daryl Hall y John Oates, a cargo de Blue Room, algo del surrealismo ultra irónico de National Lampoon -sobre todo el Candy endiablado de la carretera, aquellos esqueletos de ambos y una cámara rápida farsesca en un ómnibus- y una constante comparación idiosincrásica entre la burguesía presumida y el lumpenproletariado capitalista ruidoso aunque de buen corazón, el film explora un tópico pocas veces trabajado con solvencia y/ o madurez por el mainstream, los vínculos que crea la premura del viaje, y como decíamos antes sella el declive creativo de Hughes estableciendo una cima cualitativa que ya nunca más alcanzaría ni como realizador todopoderoso, en línea con las flojísimas Papá a la Fuerza (She’s Having a Baby, 1988), Tío Buck (Uncle Buck, 1989) y La Pequeña Pícara (Curly Sue, 1991), ésta su canto del cisne, ni como guionista para terceros, espiral descendente que comienza con 101 Dálmatas (101 Dalmatians, 1996), de Stephen Herek, Flubber, el Invento del Siglo (Flubber, 1997), de Mayfield, y Mi Pobre Angelito 3 (Home Alone 3, 1997), de Raja Gosnell, y finiquita en el olvido terminal de las ya lamentables La Sombra de la Culpa (Reach the Rock, 1998), de Bill Ryan, Locos Visitantes (Just Visiting, 2001), de Jean-Marie Poiré, Sueño de Amor (Maid in Manhattan, 2002), de Wayne Wang, y Drillbit Taylor, Guardaespaldas Escolar (Drillbit Taylor, 2008), film de Steven Brill…

 

Mejor Solo que Mal Acompañado (Planes, Trains & Automobiles, Estados Unidos, 1987)

Dirección y Guión: John Hughes. Elenco: Steve Martin, John Candy, Laila Robins, Michael McKean, Kevin Bacon, Edie McClurg, John Randolph Jones, Larry Hankin, William Windom, Dylan Baker. Producción: John Hughes. Duración: 93 minutos.

Puntaje: 10