Indefectiblemente cuando en crítica cinematográfica alguien nos habla de “clasicismo”, asignándole un signo positivo, pretende reenviar el discurso hacia el campo de la esencia misma del séptimo arte, una desviación retórica -hasta cierto punto, facilista- que en su ingenuidad emparda al origen del medio con una “pureza” más ideal que concreta. En vez de comparar u oponer herramientas formales de períodos sumamente distintos que responden a configuraciones históricas específicas, gran parte de la prensa lo único que hace es recurrir al comodín del clasicismo para tirarle flores a la utopía de la inmanencia o a directores sobre los que hay un consenso en términos cualitativos, símil Clint Eastwood.
Ahora bien, si utilizamos el concepto como es debido y dejamos de lado las imprecisiones autoafirmantes, descubriremos que el susodicho puede funcionar como un instrumento interesante para analizar una camada de películas que hacen del antagonismo para con la estupidez rimbombante del Hollywood de nuestros días su bandera principal. Pensemos en Cenizas del Pasado (Blue Ruin, 2013), El Cazador (The Rover, 2014), The Guest (2014), Time Lapse (2014) o Ex Machina (2015), todos opus que -desde su ideario particular- trazan una distancia consciente en relación al fetiche de los CGI y la parafernalia insufrible del cine ATP, abrazando en cambio el minimalismo y aquella violencia sin filtro de antaño.
La extraordinaria Cold in July (2014) profundiza aún más este derrotero detrás de una reconstitución identitaria de la pantalla grande hacia determinados rasgos de las décadas del 70 y 80, en una reapropiación del extremismo de aquellos años pero sin las semblanzas melancólicas del mainstream festivalero o las relecturas metadiscursivas a la Jean-Luc Godard de palurdos trasnochados como Quentin Tarantino. Aquí la perspectiva está mucho más pegada al armazón del género, del cual no sólo se toma la estructura sino también el enfoque nihilista y lacónico: el fundamentalismo lúdico de los 90 para jugadas de este estilo se transformó en una mélange furiosa que nunca olvida los tópicos cruciales del presente.
De hecho, la trama gira en torno a la rearticulación de la identidad de los dos protagonistas, tanto a nivel privado como en la sociedad espontánea que conforman a lo largo del metraje. En la Texas de 1989, una noche Richard Dane (Michael C. Hall), cabeza de familia y dueño de una tienda de marcos, mata a un ladrón que ingresó a su casa, lo que pronto deriva en el acoso por parte del padre del fallecido, Ben Russell (Sam Shepard), un misterioso ex presidiario. La coyuntura centrada en un thriller de invasión de hogar de repente muta en western en pos de justicia cuando ambos descubren que el difunto no es el hijo de Russell y que la gloriosa institución policial montó toda una estratagema para enmascarar la verdad.
El director y guionista Jim Mickle, basándose en la novela homónima de Joe R. Lansdale, se luce con un desarrollo pausado que mantiene la tensión con maestría, generando un suspenso bien primario a partir de la combinación de la fórmula hitchcockiana del “hombre común bajo circunstancias excepcionales”, una banda sonora a puro sintetizador en la línea de Te Sigue (It Follows, 2014) y un cúmulo de personajes taciturnos cuyas erupciones pulsionales nos recuerdan a Sam Peckinpah. Tampoco podemos pasar por alto la estupenda intervención de Don Johnson en la piel de Jim Bob Luke, otro “lobo solitario” amigo de Russell y tercer miembro de esta brigada improvisada y presta a cuanta masacre haga falta.
Mickle construye su mejor obra a la fecha, superando a las de por sí interesantes Stake Land (2010) y Ritual Sangriento (We Are What We Are, 2013), y vuelve a demostrar que no le tiembla el pulso al momento de extremar la dimensión dramática y duplicar la apuesta durante las escenas de cierre, hoy por hoy con un tiroteo que no tiene nada que envidiarle a las carnicerías fulminantes de los 70. Mientras que para Shepard Cold in July es un mojón más dentro de su excelente racha de films de los últimos años, la propuesta adquiere un mayor significado si la pensamos en términos de la carrera de Hall, ya que le permite terminar de “despegarse” de Dexter y acreditar la amplitud de su registro interpretativo…
Cold in July (Estados Unidos/ Francia, 2014)
Dirección: Jim Mickle. Guión: Jim Mickle y Nick Damici. Elenco: Michael C. Hall, Sam Shepard, Don Johnson, Vinessa Shaw, Wyatt Russell, Bill Sage, Nick Damici, Tim Lajcik, Brogan Hall, Kristin Griffith. Producción: Rene Bastian, Adam Folk, Linda Moran y Marie Savare. Duración: 109 minutos.