El Partido (2026), joya de los realizadores publicitarios argentinos Juan Cabral y Santiago Franco con distribución global de The Walt Disney Company bajo la máscara de Buena Vista International, rankea en punta como uno de los mejores y más completos retratos del fútbol que haya entregado el séptimo arte, una hazaña que se magnifica porque la faena analiza cuidadosamente el partido más famoso de toda la historia de la Copa Mundial de la FIFA, precisamente aquel del 22 de junio de 1986 en el Estadio Azteca entre Argentina e Inglaterra, con la primera ganando 2-1, correspondiente a la Copa Mundial México 1986, un evento en el que Argentina asimismo saldría triunfante gracias a la presencia de Diego Armando Maradona, artífice de los dos goles más famosos de la disciplina del balompié a secas, La Mano de Dios y El Gol del Siglo, ambos durante el segundo tiempo de dicho enfrentamiento. Narrado desde las perspectivas combinadas de ambos países a través de las voces mayormente ficcionalizadas de dos de los jugadores que intervinieron en el match, los célebres Gary Lineker y Jorge Valdano, el film se vende como un trabajo documental pero en realidad recupera lo mejor de los dos mundos por antonomasia del cine, de hecho los del registro en directo y la ficción, ya que procura capturar la intensidad de la realidad de entonces, por un lado, y refritar el artificio in crescendo paradigmático de la narración impostada, por el otro lado, siendo este último el que termina prevaleciendo en función de la épica altisonante que los directores y guionistas pretenden construir sirviéndose de las emociones aunque también de un insólito rigor histórico para esta clase de propuestas del mainstream, casi siempre pasatistas o por lo menos nunca tan meticulosas como El Partido.
La odisea de Cabral y Franco, el primero con mucho más recorrido que el segundo porque dirigió desde videoclips para la banda Babasónicos y avisos publicitarios de muy alto perfil para Rolex, Cadbury, Ikea, Sony Bravia y Telecom Argentina hasta un par de largometrajes ficcionales independientes, Two/ One (2019) y Risa y la Cabina del Viento (2025), no se conforma con los entretelones netamente deportivos sino que explora todo lo que estaba en juego en aquella contienda y para ello sistematiza una serie de acontecimientos que mutan en procesos a lo largo del tiempo, especialmente la Ocupación de las Islas Malvinas en 1832/ 1833 por parte del Imperio Británico, la “invención” o más bien la determinación de las reglas del fútbol por parte de los anglosajones en 1863, un muy polémico partido previo entre ambos equipos en la Copa Mundial Inglaterra 1966 que terminó con una victoria de los europeos por 1-0 y el surgimiento de las tarjetas amarilla y roja, la legendaria visita de Queen a la Argentina en 1981 en el contexto de la gira de presentación del disco The Game (1980), la Guerra de las Malvinas entre abril y junio de 1982 con la inmundicia de Margaret Thatcher y Leopoldo Galtieri como los demagogos psicopáticos a la cabeza, la resistencia previa a México 1986 en ambos países hacia sus directores técnicos, léase Carlos Bilardo y Bobby Robson, y la decisión de larga data de ambos de dejar de lado al delantero favorito o ya ampliamente consagrado, Daniel Passarella y Kevin Keegan, más esa casi renuncia de Julio Olarticoechea de un año antes del partido, algo que se revirtió gracias a una de las tantas explicaciones tácticas embrolladas de Bilardo en una pared cualquiera, posibilitando en el campo de juego El Nucazo de Dios que selló la victoria argentina hace largos 40 años.
Por supuesto que se aprovecha mucho mejor la personalidad estrambótica del DT argentino en detrimento del carácter más tradicional o apagado de su homólogo inglés, no obstante el asunto se compensa mediante un emparejamiento en términos de pasión o entusiasmo entre los jugadores del Reino Unido y la Argentina que intervienen en el film, hablamos de los citados Valdano, Lineker y Olarticoechea más John Barnes y Peter Shilton, por el lado de los británicos, y Jorge Burruchaga, Oscar Ruggeri y Ricardo Giusti, ya en la orilla de los argentinos. Otro elemento a destacar es un excelente soundtrack ampuloso de Nico Barry y Tomás Jacobi que se ve complementado por canciones clásicas externas como Necesito tu Amor (1987), de Charly García, Una Luna de Miel en la Mano (1985), de Virus, Under Pressure (1982), de Queen y David Bowie, Another One Bites the Dust (1980), de Queen, y Zona de Promesas (2009), dúo entre Mercedes Sosa y Gustavo Cerati, más chispazos en relativo segundo plano de Radio Ga Ga (1984) y Crazy Little Thing Called Love (1980), ambas también firmadas por el colectivo encabezado por Freddie Mercury. A pesar de que a la película se le puede achacar que omite el rol de la primavera democrática argentina alfonsinista en el match, en esencia un clima de época vinculado al optimismo luego de la finalización de una dictadura genocida de impulso neoliberal, represor y profundamente lunático, aquel Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983), sinceramente incluir el tópico hubiese representado abrirse demasiado del ecosistema futbolístico y esta rivalidad en sí con Inglaterra vista desde la perspectiva histórica polivalente, sin duda alguna los dos ejes retóricos que mueven los resortes de nuestra maravillosa gesta para la pantalla grande.
La espectacularidad cinematográfica, como afirmábamos con anterioridad, está muy bien administrada no sólo gracias a la leyenda maradoniana sino también debido a decisiones sencillas del planteo general como eso de incluir las reacciones faciales y verbales de los entrevistados o segmentar la fotografía en función del color y el blanco y negro, el primero para el fútbol y el segundo para los flashbacks, el contexto histórico y las intervenciones mencionadas de los ex jugadores, hoy en esencia manteniendo las mismas opiniones de siempre (los argentinos defendiendo La Mano de Dios y los británicos aún denunciándola, amén del consenso celebratorio para con el segundo tanto de Maradona, El Gol del Siglo). A diferencia de la victoria argentina en la Copa Mundial Catar 2022 con el payaso abúlico, fascistoide y/ o vendido al mejor postor de Lionel Messi como capitán, un claro engendro apátrida y sin conciencia social alguna criado por los europeos que carece de todo este misticismo extra futbolístico que lo podría hacer más humano o algo querible, justo como ocurría con Maradona y su aura contradictoria nacional, la consagración de 1986 constituyó una reafirmación de dos pivotes cruciales de la idiosincrasia argentina y en gran medida latinoamericana, hablamos de la picardía y el talento, la primera utilizada para sobrevivir y encarnada en el primer gol y el segundo una anomalía entre toda la mediocridad humana promedio y por supuesto simbolizado en el segundo acierto de Diego, esquema que a su vez sirve para diferenciar el formalismo caballeroso de la lacra inglesa, capaz de ocupar tierra ajena y disfrazarlo de legalidad durante siglos, y los esfuerzos marginales de los argentinos para hacerse valer o salir con vida en el trajín del Tercer Mundo y sus muchas limitaciones.
Asimismo aquí es de festejar el gesto de no centrarse únicamente en Maradona y ampliar el asunto pero sin caer en lo que hubiese sido otro gran cliché modelo Héroes (Hero, 1987), el documental oficial de México 1986 del realizador inglés Tony Maylam, eso de comparar al astro con Messi, quien recientemente cayó en desgracia -todavía más- cuando le estrechó la mano ensangrentada a Donald Trump justo después de haber asesinado a 170 niñas en uno de los tantos bombardeos de los yanquis y los sionistas sobre Irán, sin olvidarnos de lo que decíamos antes sobre su naturaleza de probeta en el fútbol extremadamente anodino del Siglo XXI, ese de alto rendimiento y contratos mercenarios/ prostibularios y muy jugosos. Si bien las ausencias de Maradona y Bilardo se sienten fuerte en la propuesta, el primero asesinado en 2020 por su entorno cercano -familiares, amigos, médicos y otras sanguijuelas incluidas- y el segundo aún respirando pero con una enfermedad neurodegenerativa desde 2018 que impidió su participación, la hidrocefalia normotensiva, El Partido se las ingenia para exprimir las palabras y sobre todo el carisma de los protagonistas todavía con nosotros y con ganas de hablar, un doble éxito porque los cineastas impiden que el idiota de Ruggeri arruine el metraje con alguna de sus pavadas marca registrada e incluso consiguen una muy buena predisposición de parte de los anglosajones, un grupito que podría haber caído en el resentimiento bélico/ futbolístico sin fin por el conflicto armado y La Mano de Dios pero opta, en cambio, por fraternizar con los otrora rivales y hoy colegas jubilados del balompié, una actitud representada a través de un poema de Jorge Luis Borges que subraya los puntos en común en la coyuntura de la Guerra de las Malvinas, Juan López y John Ward (1985).
Basado en el libro homónimo de 2016 de Andrés Burgo y sin verdaderas intenciones de antropología cultural, historiografía deportiva científica y/ o análisis geopolítico, el film coquetea con esas comarcas, esquiva sutilmente hablar tanto de las sospechas detrás de la Copa Mundial Argentina 1978, génesis también del desquite de México 1986, como del Terrorismo de Estado perpetrado por el Proceso de Reorganización Nacional, una sombra muy fuerte en aquellos años del gobierno de Raúl Alfonsín (1983-1989), y en especial sabe mitificar desde la ficción semi hollywoodense al encuentro deportivo en cuestión mientras piensa todo lo que se puso en juego en aquel Estadio Azteca de mediados de los años 80, una amalgama de competencia ritualizada, orgullo nacional y revanchismo en simultáneo por Malvinas y por el episodio de 1966 que la película inteligentemente rescata del olvido en lo que atañe a la eliminación dentro del torneo del equipo sudamericano, tanto a raíz de la bronca del capitán argentino, Antonio Rattín, como por ese trasfondo anecdótico al haber desencadenado la creación de las tarjetas amarilla y roja en cuanto a las penalidades dentro del campo del juego y su visibilidad para el público y el personal técnico en general. Lejos de basura como los dos documentales sobre Catar 2022, Elijo Creer (2023), de Gonzalo Arias y Martín Méndez, y Muchachos: La Película de la Gente (2023), de Jesús Braceras, y de un par de miniseries igual de infumables, Capitanes del Mundo (Captains of the World, 2023) y El Mundial de Messi: El Ascenso de la Leyenda (Messi’s World Cup: The Rise of a Legend, 2024), bodrios respectivamente para Netflix y Apple TV+, El Partido también evita el gigantismo de Héroes y Héroes II (Notti Magiche o Soccer Shoot-Out, 1991), opus de Christopher King y Mario Morra acerca de Italia 1990, para buscar la verdad detrás del match y comprender el sentir de ambos países mediante la inmediatez minimalista de los entrevistados y el propio campo de juego, por ello el material de archivo se podría haber restaurado un poco mejor aunque en general cumple su función en lo que hace a ilustrar los relatos ultra guionados y las reacciones de los protagonistas, pensemos por ejemplo en la astuta decisión de mostrar primero los rostros de los ex jugadores y luego El Gol del Siglo de Maradona, ese “barrilete cósmico” según la narración de Víctor Hugo Morales, detalle que habla a las claras de la propuesta audiovisual en su conjunto y su apego por el hecho de poner en interrelación los recuerdos en primera persona con unos sucesos históricos que arrastran un sinfín de sensaciones tanto a escala individual como colectiva o sociológica o política, enorme mérito de El Partido al igual que una estética rimbombante que recuerda a la iconografía de la primera generación de realizadores publicitarios de la década del 80, aquellos Adrian Lyne, Hugh Hudson, Alan Parker y los hermanos Ridley y Tony Scott…
El Partido (Argentina, 2026)
Dirección y Guión: Juan Cabral y Santiago Franco. Elenco: Diego Armando Maradona, Carlos Bilardo, Jorge Valdano, Gary Lineker, Ricardo Giusti, John Barnes, Julio Olarticoechea, Peter Shilton, Oscar Ruggeri, Jorge Burruchaga. Producción: Flora Fernández Marengo. Duración: 91 minutos.