El Crimen de Cuenca

La saña institucional

Por Emiliano Fernández

Pilar Miró fue siempre una figura bastante polémica que se la recuerda en el ámbito cultural mundial como directora de cine aunque en realidad el grueso de su actividad profesional en España estuvo orientada primero a la televisión y en segunda instancia a la política, por ello trabajó como libretista y realizadora durante prácticamente todas las décadas del 60 y 70 en Televisión Española (TVE), donde sufrió acoso sexual e introdujo una apertura ideológica paulatina de izquierda en consonancia con la última etapa de la hiper retrógrada y salvaje Dictadura Franquista (1939-1975) y con el comienzo de la farsesca Transición Democrática (1975-1982), donde se garantizó la impunidad de los crueles esbirros del régimen saliente después de la muerte de Francisco Franco en 1975, y por ello en calidad de militante del Partido Socialista Obrero Español (PSOE) formó parte del gobierno de Felipe González (1982-1996), primero como Directora General de Cinematografía (1982-1985) y después como Directora del Ente de Radiotelevisión Española (1986-1989), periplo oficial del que salió acusada de malversación de fondos públicos y privilegiar a sus amigos en detrimento de los amigos de la mafia anterior. El Crimen de Cuenca, realizada en 1979 y finalmente estrenada en 1981, es sin duda su mejor película por lejos como directora y guionista dentro de una trayectoria algo mucho anodina en la que también se destacan la admirable El Perro del Hortelano (1996), basada en la comedia palatina de 1618 de Lope de Vega, y su díptico semi autobiográfico, léase la pata burguesa femenina de Gary Cooper, que Estás en los Cielos (1980) y su homóloga masculina de Hablamos Esta Noche (1982), cayendo en el olvido obras menores como Werther (1986), El Pájaro de la Felicidad (1993) y Tu Nombre Envenena mis Sueños (1996) y opus ya abiertamente fallidos como La Petición (1976), su ópera prima, y Beltenebros (1991), una gran coproducción internacional rodada en inglés y protagonizada por los actores británicos Terence Stamp, Patsy Kensit y Geraldine James.

 

Resulta fundamental para comprender al film que nos ocupa, analizado en el documental Regresa El Cepa (2019), de Víctor Matellano, y en sí un retrato del episodio más célebre de error judicial en España, el contexto de decadencia sistemática del país dentro del marco europeo y global a principios del Siglo XX, pensemos que la nación no sólo seguía siendo mayormente agrícola, si la comparamos con el importante nivel de industrialización de sus vecinas, sino que venía de siglos de ridiculización intra gremio imperialista y para colmo tenía muy frescas la Guerra Hispano-estadounidense (abril-agosto de 1898), donde España perdió todas sus colonias no africanas, y la Guerra del Rif (1911-1927), en la que debieron ayudar los franceses a desmantelar un Estado independentista en el norte de Marruecos, la República del Rif, porque la milicia española de la Dictadura de Primo de Rivera (1923-1930) no podía sola contra las tribus bereberes. El guión de Miró y Salvador Maldonado respeta los hechos históricos con fidelidad: en 1910 en el pueblo de Osa de la Vega, en la Provincia de Cuenca, desaparece un pastor analfabeto llamado José María Grimaldos alias “El Cepa” (Guillermo Montesinos) luego de vender unas ovejas de su propiedad, lo que genera que su madre Juana (Mary Carrillo) acuse a sus dos compañeros de estancia de tipo feudal, los filoanarquistas Gregorio Valero (Daniel Dicenta) y León Sánchez (José Manuel Cervino), de haberle robado y asesinado, así el cacique vernáculo conservador, Francisco Martínez de Contreras (Fernando Rey), aprovecha el asunto para presionar con un proceso legal hasta que en 1913 arriba un nuevo juez al poblado, Emilio Isasa Echenique (Héctor Alterio), dispuesto a torturar a los acusados para que confiesen el crimen amparado en el jefe de la zona de la Guardia Civil, el Sargento Juan Taboada (Francisco Casares), llegando incluso a amenazar a la esposa de Valero, Varona (Amparo Soler Leal), para que complique el caso de su marido inventando los detalles de este supuesto homicidio sin cadáver alguno.

 

El Crimen de Cuenca, título irónico si los hay que hace referencia a las torturas brutales de la Guardia Civil contra León y Gregorio y no al inexistente asesinato de un Grimaldos que reaparece en 1926 -por querer casarse y gracias a un párroco que pide un certificado de bautismo- a posteriori de once largos años de cárcel por parte de estos acusados/ declarados culpables en juicio, es en suma una realización inusual para España porque funciona como una cruza armónica de relato testimonial clásico, siempre prolijo y seco en la presentación de los hechos, y un típico exploitation de la época que en esta ocasión se engolosina con los tormentos padecidos por los chivos expiatorios políticos y populares, todo vía escenas bien crudas que retratan con lujo de detalles cómo los fascistas inmundos de la Guardia Civil golpeaban a los reos, les metían fierros en la boca, les clavaban palillos en las uñas, se las extraían, les abrían la cabeza con las tundas, los colgaban en el aire con un hilo atado al pene, les arrancaban el vello facial con tenazas, los privaban de agua después de darles como alimento bacalao sin desalar, etc. En sintonía con el Héctor Olivera de La Noche de los Lápices (1986) y El Caso María Soledad (1993) y el Fernando Ayala mucho más light de Pasajeros de una Pesadilla (1984) y Sobredosis (1986), socio del anterior en la mítica Aries Cinematográfica Argentina, el film de Miró constituye una paradigmática epopeya de relajamiento de la censura y/ o primavera democrática luego de una dictadura que utiliza un episodio de injusticia para hablar sobre la inestabilidad actual y los atropellos, delirios y prebendas del pasado inmediato, planteo que en la coyuntura española de los 70 y 80 fue considerado por las autoridades militares, aún con la facultad de juzgar a civiles, como un ataque y por ello el Ministro de Cultura del gobierno de Adolfo Suárez, Ricardo de la Cierva, prohibió la proyección de la película a pesar de que la censura había desaparecido en 1977, contracara del enorme éxito en taquilla de 1981 cuando por fin pudo estrenarse.

 

Miró, muchas veces asimismo recordada por haber protagonizado un romance con Claudio Guerín, el malogrado director de la bizarra La Campana del Infierno (1973), completada por Juan Antonio Bardem luego del fallecimiento de Guerín en un accidente durante el rodaje, puede ser comparada en parte con María Luisa Bemberg, una realizadora bastante más talentosa y perspicaz que sin embargo también padece el mote de “cineasta de apertura democrática cuya producción artística no envejeció del todo bien”, algo que tiene que ver con un proto feminismo de impronta melodramática refinada que en su momento fue sinónimo de valores progresistas, basta con tener presente el machismo del ámbito cultural de gran parte del Siglo XX, y ahora tiende a ser interpretado como algo naif y quizás tan simplón como el sustrato feminazi/ new age/ marketinero del nuevo milenio y su vuelco hacia el extremo opuesto de los marimachos, llenos como estamos de films que ponen a las hembras comportándose como hombres a puro mimetismo hilarante que retoma lo peor de la virilidad caprichosa. El Crimen de Cuenca, por suerte, nada comparte con Gary Cooper, que Estás en los Cielos y Hablamos Esta Noche y se nota mucho que es un trabajo por encargo y en simultáneo firmemente militante de una Pilar de agraciado perfil denunciador que exprime el gran desempeño de Alterio, Rey, Dicenta, Cervino, Casares y Leal y que se inspira en libros previos sobre el tema, como el homólogo de 1932 de Alicio Garcitoral y El Lugar de un Hombre (1939), novela de Ramón J. Sender, para repensar una “cause célèbre” social de esta envergadura y lanzar durísimos y eficaces dardos contra la connivencia entre civiles, Iglesia Católica -simbolizada ésta por el excrementicio Padre Rufo (José Vivó)- y fuerzas de represión, contra la frialdad y saña institucional del aparato jurídico, contra la ignorancia demencial de un pueblo que pasa de prejuzgar a los acusados a vitorearlos y en general contra los psicópatas del poder público y todos sus desvaríos del fluir cotidiano…

 

El Crimen de Cuenca (España, 1979)

Dirección: Pilar Miró. Guión: Pilar Miró y Salvador Maldonado. Elenco: Héctor Alterio, Daniel Dicenta, José Manuel Cervino, Mary Carrillo, Amparo Soler Leal, Francisco Casares, Eduardo Calvo, José Vivó, Fernando Rey, Guillermo Montesinos. Producción: Alfredo Matas. Duración: 93 minutos.

Puntaje: 8