Una de las películas más conmovedoras y afligidas del gran realizador japonés Nagisa Ôshima es Furyo (Merry Christmas, Mr. Lawrence, 1983), film realizado cinco años después de la extraordinaria El Imperio de la Pasión (Ai no Bôrei, 1978), secuela conceptual de la maravillosa El Imperio de los Sentidos (Ai no Korîda, 1976), uno de los mejores films del director de la Nueva Ola nipona que consagró a creadores de la talla de Masaki Kobayashi, Hiroshi Teshigahara, Kaneto Shindô, Yasuzô Masumura y Shôhei Imamura.
Aquí un oficial del ejército japonés, el Capitán Yonoi (Ryuishi Sakamoto), un joven militar nacionalista que se ha salvado por un pelo de participar en el fallido Golpe de Estado perpetrado por sus compañeros castrenses de ideas totalitarias en febrero de 1936, se obsesiona con un prisionero británico destinado a un campo en Java en 1942, el Mayor Jack Celliers (David Bowie), un hombre al que la guerra le ha servido como excusa para escapar de su dejadez y de su ominoso comportamiento con su hermano menor cuando éste era un niño.
El film comienza con una escena violenta en las barracas en las que el Sargento Hara (Takeshi Kitano) busca al Teniente Coronel Lawrence (Tom Conti) y al Comandante Hickley (Jack Thompson) para que presencien la tortura y el suicidio de un soldado japonés que ha violado a un prisionero, y el consiguiente escarmiento de ambos hombres por su homosexualidad tácita, que se funde con los créditos y una canción instrumental de Ryuishi Sakamoto, Forbidden Colours, tema de una alegría lánguida que presagia el tono de la película, su luminosidad, pero también la desazón irrevocable que deja en el final.
Abrumado por la responsabilidad y la vergüenza de no haber muerto con los conspiradores que intentaron derrocar al Primer Ministro Keisuke Okada a mitad de la década del treinta, Yonoi interroga constantemente a Hickley acerca de los técnicos de armamento entre los prisioneros ante la negativa del comandante a dar cualquier información, mientras conversa amigablemente con Lawrence, el único inglés que habla japonés. A pesar de la buena relación de ambos, Lawrence sufrirá constantes golpes por parte de los soldados liderados por Yonoi, incluso de parte de Hara, con el que también tiene una buena relación. Mientras que Hickley desconfía de Lawrence y lo critica por entender la cerrada mentalidad nipona, Yonoi se debate entre su nacionalismo a ultranza, el sentido del honor japonés, la tradición vernácula, la premura por ganar la guerra y su acercamiento a Occidente a través de su amistad con Lawrence, un hombre afable capaz de acercar posiciones encontradas.
En una revisión de rutina los japoneses descubren una radio en la enfermería y Celliers y Lawrence son acusados por Hara y Yonoi de introducirla para comunicarse con los aliados, por lo que son condenados a muerte. Esperando el final y en una ronda de revelación de confidencias mutuas, Celliers le cuenta a Lawrence sobre su hermano pequeño y su afán por enlistarse en el ejército para encontrar un propósito que lo aleje de Inglaterra y lo haga olvidar el pasado en uno de los mejores flashbacks de la historia del cine.
Escrita por el propio Ôshima en colaboración con Paul Mayersberg, Merry Christmas, Mr. Lawrence es la adaptación cinematográfica de una aclamada novela del escritor sudafricano Lourens van der Post, La Semilla y el Sembrador (The Seed and the Sower, 1963), que narra en clave ficcional sus propias experiencias en un campo de prisioneros de Java en 1942. A través de esta obra que transforma completamente respetando la trama y cambiando la forma en que las historias son presentadas, Ôshima trabaja a la perfección la destrucción de las mitologías japonesas. El Harakiri o Seppuku es ridiculizado demostrando que el honor y la valentía no tienen lugar en este ritual absurdo. Las antiguas creencias místicas y religiosas también son contrastadas con la visión más atea de los ingleses y sudafricanos. La sexualidad también es un tema siempre presente en toda la obra de Ôshima, que aquí es retomado desde insinuaciones y acusaciones. Pero en estas sugerencias hay un erotismo recargado que se expresa tanto en la electricidad entre Sakamoto y Bowie como en las escenas entre el soldado japonés acusado de violación y su víctima o amante, ese soldado sudafricano de origen holandés.
Furyo también condensa muchos de los intereses ideológicos sobre los que Ôshima trabajó en sus películas anteriores, en especial las contradicciones del nacionalismo y los absurdos generados por la creencia en un sentido del honor que anula la vida. Pero lo que más llama la atención de la película es su extraordinaria construcción de la descomposición social del espíritu japonés en su expansión por el sudeste asiático a partir de la exposición a los valores occidentales, una brecha abierta sobre el autoimpuesto aislamiento que genera una palpable e impredecible amalgama entre la férrea cultura oriental y las creencias liberales occidentales.
Merry Christmas, Mr. Lawrence, titulada Furyo en los países de habla hispana por la palabra japonesa que alude a los prisioneros de guerra, es un drama antibélico que critica a través de los personajes interpretados por David Bowie y Tom Conti la locura nacionalista que se apodera de los pueblos en tiempos violentos, consolidando verdades que siempre se vienen abajo cuando la razón y la sensatez recobran su lugar en la comunidad.
La película es la primera incursión como actor de Ryuishi Sakamoto y su segunda composición musical para un film, pero también representa la consolidación de Takeshi Kitano en un papel a su medida y la aparición de un David Bowie con muchas más líneas de diálogos que en sus trabajos previos en El Ansia (The Hunger, 1983), de Tony Scott, y El Hombre que Cayó a la Tierra (The Man Who Fell to Earth, 1976), de Nicolas Roeg, obras que pretendían actuaciones más circunspectas y taciturnas de un músico que anhelaba un papel más acorde con su nuevo rol de ídolo pop a partir del éxito del álbum Let’s Dance (1983), quien fue elegido para el papel después de que Ôshima lo viese en Broadway interpretando El Hombre Elefante (The Elephant Man, 1980-1981), obra escrita por el estadounidense Bernard Pomerance.
Ôshima hace imposible no emocionarse con la sonrisa del desenlace de Takeshi Kitano, la candidez de Tom Conti y la parsimonia de Sakamoto, poniendo de relieve la severidad del director con las actuaciones del elenco japonés y la libertad ofrecida a su homólogo occidental para subrayar con la mayor distancia posible el abismo entre ambas culturas. La fotografía de Tôichirô Narushima, plagada de sugestivas tomas cenitales que generan extrañeza, es de una inusual delicadeza, al igual que las sutiles composiciones del propio Sakamoto.
En Furyo Nagisa Ôshima crea escenas maravillosas, como esa en la que Lawrence se burla de Yonoi mencionando las parodias teatrales operísticas de la Era Victoriana del teatro de William Gilbert y Arthur Sullivan para criticar su absurdo sentido del orden, o el abrazo de Celliers a Yonoi justo antes de que el japonés trate de matar a Hickley. El director de obras tan extraordinarias como Murió Después de la Guerra (Tôkyô Sensô Sengo Hiwa, 1970) y La Ceremonia (Gishiki, 1971) ofrece aquí una fábula antibélica de una belleza sin igual, con un final de una tristeza arrasadora y una de las bandas sonoras más melancólicas jamás realizadas.
Furyo (Merry Christmas, Mr. Lawrence, Japón/ Reino Unido/ Nueva Zelanda, 1983)
Dirección: Nagisa Ôshima. Guión: Nagisa Ôshima y Paul Mayersberg. Elenco: David Bowie, Tom Conti, Ryuichi Sakamoto, Takeshi Kitano, Jack Thompson, Johnny Ohkura, Alistair Browning, James Malcolm, Chris Broun, Yûya Uchida. Producción: Jeremy Thomas. Duración: 123 minutos.