El Sádico (The Sadist)

La suciedad te desacraliza

Por Emiliano Fernández

Si bien lejos está Charles Starkweather (1938-1959) de poder ser catalogado como un asesino en serie en términos contemporáneos, su raid delictivo y homicida entre diciembre de 1957 y enero de 1958 alcanzó el estatuto de leyenda por su sangre fría, su corta edad y la compañía de su novia adolescente, Caril Ann Fugate, con quien llegaría a asesinar a once personas en un periplo furioso e improvisado a lo largo de los Estados de Nebraska y Wyoming. El joven había sido objeto de bullying durante toda su vida porque acumulaba piernas arqueadas, un trastorno en el habla, miopía y problemas de aprendizaje que lo dejaban muy a merced de las burlas de los otros niños, por ello cuando con el transcurso de los años adquirió un buen físico gracias a la gimnasia comenzó a cobrarse las atenciones recibidas contraatacando con violencia y un look inspirado en su ídolo James Dean y específicamente en Rebelde sin Causa (Rebel Without a Cause, 1955), de Nicholas Ray. Todo arrancó cuando un empleado de una estación de servicio no le quiso aceptar una tarjeta de crédito para comprarle un perro de peluche a Fugate, por entonces ya su novia formal, lo que eventualmente desencadenaría su asesinato y el arribo de Starkweather en la casa de la chica de 14 años, quien no estaba en la vivienda cuando el muchacho mató a la madre de la señorita, a su padrastro y a su hermanita de dos años de edad. Caril Ann luego negó su “visto bueno” del asunto y dijo que fue secuestrada por su novio pero lo cierto es que lo acompañó religiosamente en una huida de la policía que dejó los cadáveres de un amigo de la familia de él, dos adolescentes que los llevaron en la carretera, un matrimonio de burgueses ricachones y su empleada doméstica y finalmente un vendedor ambulante del camino. A la parejita la detienen porque Charles no sabía sacar el freno de mano del coche del vendedor, una tecnología novedosa para la época, y así cuando un automovilista se detiene para ayudar se produce una discusión con armas de por medio que a su vez atrae a funcionarios policiales, derivando en la ejecución de Starkweather en la silla eléctrica y una reclusión perpetua para la pícara Fugate, la cual de todos modos salió en libertad en 1976.

 

El “grado cero” de los trabajos audiovisuales inspirados en Charles Starkweather y Caril Ann Fugate, algo así como unos Bonnie y Clyde/ Bonnie Parker y Clyde Barrow hiper salvajones y adolescentes, es El Sádico (The Sadist, 1963), escrita y dirigida por James Landis, una de las mejores películas del cine exploitation e inspiración nada disimulada para las otras cuatro adaptaciones más famosas acerca del derrotero del dúo de homicidas, hablamos de Malas Tierras (Badlands, 1973), de Terrence Malick y con Martin Sheen y Sissy Spacek, Sendero de Muerte (Murder in the Heartland, 1993), de Robert Markowitz y con Tim Roth y Fairuza Balk, Kalifornia (1993), de Dominic Sena y con Brad Pitt y Juliette Lewis, y Asesinos por Naturaleza (Natural Born Killers, 1994), de Oliver Stone y con Woody Harrelson y Lewis de nuevo, amén de algunas referencias sueltas en Escape Salvaje (True Romance, 1993), de Tony Scott y basada en un guión original de Quentin Tarantino al igual que Asesinos por Naturaleza, y Muertos de Miedo (The Frighteners, 1996), de Peter Jackson y escrita por este último y Fran Walsh. El relato comienza cuando tres profesores de un colegio secundario, los treintañeros Ed Stiles (Richard Alden) y Doris Page (Helen Hovey) y el más veterano Carl Oliver (Don Russell), paran al costado de la ruta hacia Los Ángeles en una estación de servicio y depósito de chatarra automovilística en algún punto del Valle del Antílope/ Antelope Valley en camino hacia presenciar un juego de béisbol de los Dodgers, escala obligada debido a problemas con su Chevrolet Bel Air que llevan a Stiles, el único con experiencia y conocimientos en mecánica, a deducir que se trata de la bomba de inyección de combustible y que deberán reemplazarla de inmediato si pretenden llegar a tiempo al comienzo del match en Los Ángeles. Desde el vamos el asunto no parece prometedor porque el lugar en cuestión está completamente desierto, el teléfono de la casa adyacente fue cortado con brusquedad y en la cocina para colmo hay cuatro platos con comida aún tibia y apenas un gatito engullendo las sobras, lo que motiva a Ed a tratar de extraer la bomba de otro vehículo para sustituirla cuanto antes.

 

No tardan mucho más en aparecer los nenes terribles del caso, Charles A. “Charlie” Tibbs (Arch Hall Jr.), de 20 años y con una estampa a mitad de camino entre James Dean y Elvis Presley, y Judy Bradshaw (Marilyn Manning), bella señorita de supuestos 18 años para no espantar a la censura cinematográfica de la época aunque en esencia comportándose como una nena similar a la Fugate original, ahora prácticamente muda salvo por algunas palabras susurradas al oído de su novio, quien sí se la pasa hablando y como su compañera hace honor al título de la realización debido a que se consagra a una retahíla de juegos de terror y dolor inducidos mientras obliga al cobardón camuflado de Stiles a reparar el coche dentro de un armazón narrativo casi en tiempo real y sin demasiadas elipsis retóricas/ temporales. Tibbs, armado con una pistola calibre 45 y un cuchillo, y Bradshaw, perro faldero adorable que trae gaseosas y tarta cuando se le pide y hasta hace de encargada transitoria de los rehenes cuando Charles está “entretenido” con otros menesteres, vienen huyendo de la ley desde Arizona y cometiendo pequeños robos a quienes los suben al costado de la autopista, luego fusilando o cortándole la garganta al bobo o boba en cuestión y llevándose el auto hasta que se quedan sin gasolina y el ciclo comienza de nuevo. Los jóvenes desprecian a las figuras de autoridad y por ello se ensañan con los maestros a sabiendas de que profesores como ellos los impulsaron a la vida delictiva mediante burlas y destrato que condujeron a lágrimas crónicas, así el muchacho primero golpea a Oliver, luego le rompe la ropa a Page, le mete el rostro en la tierra, le saca los aros de las orejas para Judy y le toquetea las tetas, y finalmente practica tiro al blanco con coches cercanos a los cautivos y fusila sin más al vejete. De repente llegan a la estación de servicio dos uniformados en motocicleta que llevan a Charlie a encerrar a Ed en el baúl de un auto y a encargarle a Bradshaw que vigile a Page a punta de cuchillo, no obstante la situación se descontrola cuando Stiles comienza a golpear la carrocería y Doris pide por ayuda, generando el reglamentario fusilamiento de los oficiales y un ultimátum de 15 minutos para la instalación de la bomba de combustible.

 

Las dos fuerzas creativas principales detrás de la faena, Landis y Arch Hall Jr., quienes por cierto también colaborarían en las hoy completamente olvidadas The Nasty Rabbit (1964) y Deadwood ’76 (1965), nunca más volverían a ofrecer algo ni remotamente tan valioso como El Sádico, la única película por la que es recordado el realizador y guionista y el mejor trabajo por lejos de Hall, amén de la delirante y muy graciosa Eegah (1962), una propuesta en verdad espantosa dirigida por su progenitor, el también actor Arch Hall Sr.: en primera instancia podemos afirmar que Landis aprovecha de manera exquisita la claustrofobia, el suspenso y la desesperación por sobrevivir que se generan por la toma de rehenes y los castigos físicos y psicológicos, en plan de cruel revancha conceptual por maltratos pasados, y hasta exprime al máximo la inmaculada fotografía del extraordinario Vilmos Zsigmond, aquí en su primer largometraje y mucho antes de sus colaboraciones futuras con gente de la talla de Robert Altman, Peter Fonda, John Boorman, Jerry Schatzberg, Mark Rydell, Steven Spielberg, Brian De Palma, Michael Cimino, Don Siegel, George Miller, Roland Joffé, Jack Nicholson, Phillip Noyce, Richard Donner, Sean Penn, Irwin Winkler y Woody Allen, y en segundo lugar el amigo Hall se las arregla para construir un Tibbs de cadencia y credo anarquista que exuda peligrosidad con gestos y tics físicos símil dibujos animados y que se mueve en la frontera entre lo terrorífico afectado y lo camp caricaturesco sin jamás caer en un hipotético ridículo tontuelo/ posmoderno/ metadiscursivo que quiebre el verosímil inmersivo de una faena que definitivamente fue tomada muy en cuenta por Tobe Hooper al momento de cranear La Masacre de Texas (The Texas Chain Saw Massacre, 1974), en especial por las tropelías macabras del caso y un final a toda pompa con persecución luego del asesinato accidental de Judy a manos de un Charles con los ojos llenos de nafta cortesía de Ed, otro de los fusilados del lote por molesto y caprichoso. La metáfora repetida de la suciedad, esa que los docentes utilizan como insulto hacia los delincuentes pero que ellos reivindican como sinónimo de una marginación de la que se sienten orgullosos, sirve para desacralizar a las autoridades tanto simbólicas como materiales con el objetivo manifiesto de desarticular su insoportable soberbia a lo sentimiento de superioridad, base de todas las idioteces de autolegitimación de la escoria estatal y plutocrática privada. Muy lejos de la convalidación de las instituciones públicas de gran parte del mainstream de ayer, hoy y mañana, El Sádico, también conocida como Profile of Terror y Sweet Baby Charlie, revienta sin problemas a dos representantes de las fuerzas de represión y a otro par de imbéciles del aparato educativo de control social por antonomasia, el colegio secundario, eje de gran parte de los problemas de las sociedades modernas porque allí los estudiantes toman un primer y brutal contacto con el canibalismo comunal vía abusos, frustraciones y estupideces de toda índole, “ensayos” o experiencias de probeta de lo que será su vida como adultos, les guste o no. El frenesí tan meticuloso como nihilista del diminuto film de Landis, uno de los favoritos del gran Joe Dante, anticipa en buena medida el pesimismo todo terreno de la década siguiente y supera en maldad a su obvia inspiración de aquella etapa, Psicosis (Psycho, 1960), de Alfred Hitchcock, en esta ocasión pasada por el tamiz del inconformismo adolescente de los 50 y de la primera rebeldía abierta y a gran escala de la juventud de los primeros años de los 60, recién eclosionando con todo en el segundo lustro de dicha década para ya dejar atrás el look clásico de los greasers -simbolizado en los jeans, léase pantalones y chaquetas- para derivar en la contracultura polimorfa posterior…

 

El Sádico (The Sadist, Estados Unidos, 1963)

Dirección y Guión: James Landis. Elenco: Arch Hall Jr., Richard Alden, Marilyn Manning, Don Russell, Helen Hovey, Joan Howard. Producción: L. Steven Snyder. Duración: 92 minutos.

Puntaje: 9