Jurassic World: Renace (Jurassic World: Rebirth)

La supervivencia no es una posibilidad remota

Por Emiliano Fernández

Jurassic World: Renace (Jurassic World: Rebirth, 2025), de Gareth Edwards, pone en evidencia que incluso cuando Hollywood se propone hacer las cosas bien -o quizás corregir errores inmediatos- termina cayendo en el mismo conservadurismo de siempre de la mano de fórmulas que ya no pueden inyectarle vitalidad a una franquicia marchita en términos artísticos y discursivos. Después del despropósito de Mundo Jurásico: Dominio (Jurassic World: Dominion, 2022), de Colin Trevorrow, continuación aburrida y delirante de las por lo menos entretenidas Mundo Jurásico (Jurassic World, 2015), asimismo de Trevorrow, y Mundo Jurásico: El Reino Caído (Jurassic World: Fallen Kingdom, 2018), obra de J.A. Bayona, el productor de cabecera de la saga, Steven Spielberg, decidió retener el control creativo, privilegiar el sustrato aventurero inicial por sobre el terror de monstruos y el cine catástrofe y en especial devolver a los dinosaurios a un contexto salvaje/ natural para dejar en el olvido las metrópolis destruidas de Mundo Jurásico: Dominio, esta última una de las peores películas del nuevo milenio desde todo punto de vista. A priori era buena la idea de recontratar a David Koepp, el guionista de las dos primeras entregas, la insuperable Parque Jurásico (Jurassic Park, 1993) y la caótica pero todavía afable El Mundo Perdido: Parque Jurásico (The Lost World: Jurassic Park, 1997), ambas dirigidas por Spielberg y formando parte de la primera trilogía junto con Parque Jurásico III (Jurassic Park III, 2001), trabajo ultra olvidable de Joe Johnston, no obstante el asunto deriva en un nuevo producto fallido aunque por motivos diametralmente opuestos a los que caracterizaron al eslabón previo del 2022, esquema que sin duda continúa restándole público a la saga de manera progresiva.

 

En este sentido pensemos que así como el film de Trevorrow se alejaba exponencialmente de la idiosincrasia de la franquicia para transformarse en un mamotreto insufrible repleto de cameos, baches narrativos, vertientes ideológicas desaprovechadas y secuencias de acción completamente delirantes, ahora Jurassic World: Renace se propone iniciar una flamante trilogía que nadie pidió y presentarnos muchos personajes nuevos que sin embargo parecen fantasmas malogrados de los protagonistas de los dos films de la década del 90 del amigo Steven, amén de un relato cuya arquitectura dramática pedestre -oh, sorpresa- nos acerca a una remake tácita/ espiritual de El Mundo Perdido: Parque Jurásico y por cierto aumenta la sensación de déjà vu y de un cansancio que el tríptico controlado por Trevorrow ya había magnificado gracias a sus redundancias de blockbuster intercambiable de yanquilandia. Aquí la excusa para regresar a una isla poblada por dinosaurios resulta risible y tiene que ver con la investigación alrededor de enfermedades cardíacas de un gigante de la oligarquía farmacéutica, ParkerGenix, empresa bien mafiosa que cree que puede extender la vida de la humanidad realizando biopsias a los reptiles más grandes de la tierra, el mar y el cielo, por ello le encarga a uno de sus ejecutivos, Martin Krebs (Rupert Friend), crear un equipo para esta misión cuasi suicida que incluye a la mercenaria Zora Bennett (Scarlett Johansson), el paleontólogo nerd Henry Loomis (Jonathan Bailey) y el capitán de barco Duncan Kincaid (Mahershala Ali), entre otros personajes que viajan a la Isla de Saint-Hubert, donde a su vez existió un laboratorio de investigación genética de InGen y habitan todas las especies buscadas por estar cerca del ecuador, región con un clima cálido como el del Mesozoico.

 

Aquí se refrita el binomio conceptual de caza fascistoide versus conservación de la fauna y nos topamos con un planteo metadiscursivo autorreferencial de franquicia añeja porque en la trama los dinosaurios también pasaron de moda, trayecto que va desde los años de la primera trilogía a los productos cada vez más problemáticos y lelos de Trevorrow. Jurassic World: Renace supera a Mundo Jurásico: Dominio, lo que no es mucho decir, y justo como afirmábamos antes está volcada a la aventura clasicista en consonancia con la fórmula de siempre de “parque temático o santuario que se desmadra por un error humano o la avaricia de la lacra capitalista”, ya dando vergüenza ajena que se siga utilizando el leitmotiv musical de John Williams cuando todo lo realizado luego de las dos películas de Spielberg fue cuesta abajo en función de la lenta desaparición de la dignidad y el humanismo bajo el peso del artificio comercial de montaña rusa descerebrada. Si bien el desarrollo de personajes del primer acto en su conjunto es patético, lleno de clichés, secundarios insulsos y diálogos que parecen escritos por un niño, lo realmente preocupante es que a Johansson nadie le avisó que ya dejó de trabajar en aquellos bodrios de Marvel para subnormales: su personaje y su desempeño son tristes espasmos de lo que hacía para el emporio de los superbobos. Para colmo de males sólo en Hollywood es posible toparse con unos paramilitares que rescatan a toda una familia, el clan latino de Rubén Delgado (Manuel García-Rulfo), sus dos hijas y el novio de una de ellas, para después tener que soportar a los civiles todo el maldito tiempo y ver comprometida la supuesta “misión secreta” de fondo, más allá de la ridiculez señalada de una premisa que implica obtener muestras de tejidos de tres animales vivos y colosales.

 

Los CGIs son bastante mediocres para un tanque multimillonario como el que nos ocupa, siempre de tonos saturados, baja nitidez y puestos al servicio de una amalgama burda con los humanos, y las secuencias de acción tampoco son la gran cosa aunque por lo menos se preocupan por mantener los pies sobre la tierra si las comparamos con aquellas situaciones lunáticas, extenuantes e interminables de los convites de Bayona y Trevorrow. La segunda mitad con tufillo a King Kong (1933), clásico de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, se siente por momentos soporífera y saturada de un humor simplón demodé y la hipocresía estándar de Hollywood, una vez más criticando la manipulación genética y sus engendros mientras explota estos monstruos a través de los animales sobrevivientes del laboratorio de Saint-Hubert. Si de salir con vida se trata y a contramano de lo que asevera Loomis en una escena, la supervivencia no es una posibilidad remota en el relato porque desde el primer momento sabemos que las criaturas de Johansson, Ali y Bailey llegarán vivas al desenlace y dicha previsibilidad resta empatía o pone de relieve que el suspenso es casi inexistente, debido al vicio del mainstream posmoderno de totemizar a los personajes más inofensivos o estereotipados y reciclar de eslabones previos todas y cada una de las secuencias de acoso o peligro. De hecho, los protagonistas de esta semi faena coral resultan insípidos y mejor ni hablar de las risas que despierta el dinosaurio gigante del final, Distortus Rex, una cruza nada sutil entre gorila y el xenomorfo de la saga iniciada con Alien (1979), de Ridley Scott. Ni siquiera se salva el villano corporativo, desalmado y codicioso, ese Krebs que pretende dejar en manos de ParkerGenix el monopolio de la longevidad humana mientras Loomis y eventualmente Bennett desean popularizar el asunto símil software de código abierto, señor que paradójicamente se parece a un ejecutivo promedio de los estudios y las productoras de hoy en día que custodian con mano de hierro sus contenidos y los siguen exprimiendo hasta sacarles el último dólar disponible, precisamente en línea con Universal Pictures y Amblin Entertainment de Spielberg. A pesar de que, como decíamos al inicio, en Jurassic World: Renace se descartan los héroes mustios de antaño y se reconduce a la retahíla de animales prehistóricos hacia la libertad de la naturaleza, el agotamiento de la franquicia es profundo y abarca incluso lo extracinematográfico ya que la epopeya original de 1993 respondía a preocupaciones o novedades de aquella etapa que hoy ya no llaman la atención ni mucho menos, pensemos por ejemplo en los CGIs, que revolucionarían para mal el séptimo arte, o en la fascinación global con la clonación, la ecología y las nuevas especies de dinosaurios que fueron descubiertas a lo largo y ancho del planeta durante la fase final del Siglo XX…

 

Jurassic World: Renace (Jurassic World: Rebirth, Estados Unidos/ Reino Unido/ Malta/ India/ Taiwán, 2025)

Dirección: Gareth Edwards. Guión: David Koepp. Elenco: Scarlett Johansson, Jonathan Bailey, Mahershala Ali, Rupert Friend, Manuel García-Rulfo, Luna Blaise, David Iacono, Audrina Miranda, Ed Skrein, Bechir Sylvain. Producción: Frank Marshall y Patrick Crowley. Duración: 134 minutos.

Puntaje: 3