Payaso en un Maizal (Clown in a Cornfield)

La tradición mata

Por Emiliano Fernández

Eli Craig, hijo de Sally Field al igual que el novelista y guionista Peter Craig, su hermano mayor, comenzó su carrera en el séptimo arte con una de las mejores y más imaginativas y graciosas comedias de terror del Siglo XXI, Tucker y Dale Luchan contra el Mal (Tucker and Dale vs Evil, 2010), aquella faena en torno a un par de campesinos afables que eran confundidos con asesinos en serie por un grupito de estudiantes universitarios en medio de una seguidilla de clichés del horror modelo La Masacre de Texas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974), de Tobe Hooper. Lamentablemente, como suele suceder en un nuevo milenio plagado de gente sin trabajo porque no apuntan de por sí a un entretenimiento hiper masivo como quieren los estudios y las productoras de anclaje mainstream, la carrera del realizador y guionista terminó esfumándose paulatinamente debido al trabajo televisivo anodino/ por encargo de siempre, léase Hermanos: La Familia es Todo (Brothers & Sisters, 2006-2011), serie creada por Jon Robin Baitz para la cadena ABC, Zombieland (2013), en este caso un piloto que fue rechazado por Amazon Prime Video y que estaba basado en la película homónima de 2009 de Ruben Fleischer, y Pequeño Demonio (Little Evil, 2017), otra comedia de horror pero ahora para Netflix y de impronta sobrenatural y sumamente mediocre sobre la posibilidad de que el hijastro del protagonista sea el mismo Anticristo.

 

Cuando ya estábamos a punto de tirar la toalla en lo referido a la trayectoria de Craig por fin el señor se aparece con una película decente que sin llegar al nivel de calidad de Tucker y Dale Luchan contra el Mal por lo menos supera sus bodrios televisivos de la década previa, hablamos por supuesto de Payaso en un Maizal (Clown in a Cornfield, 2025), una propuesta conservadora si la comparamos con aquella ópera prima aunque cargada de una sana pretensión de “mover” la estantería almidonada del espanto de hoy en día, en suma compensando el recurso agotado de los payasos asesinos y la arquitectura igualmente vetusta del slasher adolescente de pueblito con un discurso satírico interesante basado en los prejuicios sociales vinculados a las dos puntas del edadismo, unos jóvenes de marco hedonista y unos adultos bastante paranoicos que los desprecian símil La Guerra del Cerdo (1975), clásico olvidado de Leopoldo Torre Nilsson a partir de una novela de Adolfo Bioy Casares, Diario de la Guerra del Cerdo (1969). Con mucho de autoconciencia posmoderna en materia de los ejes infaltables del género a lo Angustia (1987), de Bigas Luna, o Scream (1996), de Wes Craven, el opus de Craig no tiene casi nada de la inteligencia del cine de antaño pero se las ingenia para construir un conflicto intergeneracional que nunca pierde vigencia porque los rebeldes de nuestro presente serán los carcamales ridículos del futuro.

 

El relato, inspirado en la novela del mismo título de 2020 de Adam Cesare, arranca con el asesinato en un maizal de una parejita en 1991 por parte de un demente disfrazado de un payaso local bautizado Frendo, la mascota de Baypen, la única fábrica de Kettle Springs, pueblo de Missouri que en esencia se mantiene con vida gracias al jarabe de maíz, sin duda el “producto estrella” de Baypen. Salto al presente mediante, pronto descubrimos que la púber Quinn Maybrook (Katie Douglas) y su padre, el médico Glenn (Aaron Abrams), se mudan a Kettle Springs después de la muerte de la madre de la chica, una drogadicta que falleció por una sobredosis. Transformado en el matasanos oficial de la diminuta ciudad, Glenn no acusa recibo cuando su hija le informa sobre la agresividad hacia los adolescentes de los adultos con algo de poder en Kettle Springs, como el docente amargado del colegio secundario, Vern (Bradley Sawatzky), o un sheriff de pocas pulgas, Dunne (Will Sasso). Quinn se acerca románticamente a Cole (Carson MacCormac), hijo del oligarca y alcalde del condado, Arthur Hill (Kevin Durand), además el propietario de una Baypen que terminó reducida a cenizas por un incendio supuestamente iniciado por Cole y su grupo de amigos, quienes se la pasan grabando videos de terror autoparódicos para un canal de YouTube sin saber que serán acechados en una fiesta por un ejército de psicóticos disfrazados de Frendo.

 

Con buen gore aunque sin los desnudos otrora fundamentales del género reverenciado, el citado slasher, el director abusa de los jump scares bobos, alarga demasiado la introducción -casi toda la primera hora de los 97 minutos totales hasta la carnicería final- y sinceramente no innova en lo que atañe al diseño de los payasos asesinos, gremio hoy monopolizado por el genial Art, the Clown de Damien Leone desde All Hallows’ Eve (2013) y Terrifier (2016) en adelante. En materia de los puntos a favor, se puede aseverar que Douglas es hermosa y está perfecta como final girl, la homosexualidad del galancito, ese Cole de MacCormac, está bien incorporada en la trama y por cierto la masacre del último acto cumple en cuanto a desparpajo e incluso trasfondo conceptual, de hecho enmarcada en la fetichización de una tradición que se opone a la cultura también banal del Siglo XXI de todo lo digital efímero, comarcas representadas respectivamente por Arthur, un descerebrado fascistoide que de seguro votó a Donald Trump, y su vástago símil marica de clóset. El influjo narrativo es un poco monótono pero resulta muy gracioso el chiste/ la escena farsesca del teléfono a disco, cuando Quinn y la arpía rubia reglamentaria, Janet (Cassandra Potenza), no pueden pedir ayuda por no saber cómo marcar el aparatejo señalado, en este sentido la fuga del alcalde durante el desenlace, sin que se vuelva a saber de él a pesar de su carácter de mandamás de los homicidas, nos habla más de cierto homenaje vedado al absurdo del terror de los años 80 que a la posibilidad de una secuela a futuro, por más factible que sea el asunto ya que el mismo Cesare ya lleva dos continuaciones escritas, Payaso en un Maizal 2: Frendo Vive (Clown in a Cornfield 2: Frendo Lives, 2022) y Payaso en un Maizal 3: La Iglesia de Frendo (Clown in a Cornfield 3: The Church of Frendo, 2024). En última instancia parece que la moraleja de la historia es doble, el hecho de que tanto obsesionarse con el pasado genera psicópatas retrógrados y su contraparte, eso de que tanto escenificar la realidad provoca desconexión/ frialdad y una más que evidente confusión entre la praxis cotidiana y el producto de las fantasías, los delirios o la ficción maquiavélica del credo que sea, así las cosas la tradición sin renovación alguna mata y la cultura del simulacro o la idiotez obtura el análisis verdadero y detallado de los ingredientes que componen una realidad compleja…

 

Payaso en un Maizal (Clown in a Cornfield, Estados Unidos/ Canadá/ Reino Unido/ Luxemburgo, 2025)

Dirección: Eli Craig. Guión: Eli Craig y Carter Blanchard. Elenco: Katie Douglas, Aaron Abrams, Carson MacCormac, Kevin Durand, Will Sasso, Cassandra Potenza, Vincent Muller, Ayo Solanke, Bradley Sawatzky, Alexandre Martin Deakin. Producción: Isaac Klausner, Wyck Godfrey, John Fischer, Terry Dougas, Marty Bowen y Paris Kassidokostas-Latsis. Duración: 97 minutos.

Puntaje: 6