Sensuela

La Venus de Laponia

Por Emiliano Fernández

Sensuela (1973) es una de esas películas que hay que verlas para creerlas, una obra que va mucho más allá del camp tontuelo de los 50 y 60 porque realmente mezcla un generoso número de componentes que superan la pura exageración autoparódica: la última película del director y guionista Teuvo Tulio, un finlandés desquiciado que se hizo conocido en la década del 30 como actor y galán a lo Rodolfo Valentino, combina el sustrato Clase B de Ed Wood, la pasión por los melodramas hiper coloridos de Douglas Sirk, un perfil trash que parece una versión “no autoconsciente” del cine de John Waters, aquel sexploitation demencial de Russ Meyer y el Armando Bó de Isabel “la Coca” Sarli, el dejo experimental/ improvisado del cine de Andy Warhol, el surrealismo kitsch a lo Alejandro Jodorowsky y hasta el erotismo exacerbado y algún que otro detalle sádico semejante al terror de la Hammer Film Productions, la querida factoría británica del espanto. Aquí Tulio en esencia vuelve a hacer lo que hizo siempre aunque desatándose con todo por la liberación sexual y la falta de constricciones morales o hipocresía del hippismo y el Flower Power, por ello mismo el vendaval de las pasiones, los celos, las peleas, las acusaciones, las indignidades, los delirios y las venganzas más rimbombantes ahora pasa a extremarse considerablemente a nivel visual y formal, con una fotografía a cargo del señor y Yrjö Norta -también coguionista, junto a la pareja de Teuvo, la actriz Regina Linnanheimo- plagada de colores chillones y una historia de triángulo amoroso y padre sobreprotector llevada al terreno de la hipérbole más absurda y divertida, impronta melodramática por cierto ya trabajada en clásicos naif como La Canción de la Flor Escarlata (Laulu Tulipunaisesta Kukasta, 1938), En los Campos de los Sueños (Unelma Karjamajalla, 1940), La Forma en que me Querías (Sellaisena kuin sinä Minut Halusit, 1944), Cruz de Amor (Rakkauden Risti, 1946), Sangre Inquieta (Levoton Veri, 1946) y Poder Apasionado (Intohimon Vallassa, 1947). Aquí el eje retórico es tanto la fábula de la muchacha virtuosa del contexto bucólico que derrapa hacia los placeres de la carne por dinero contante y sonante, fundamental para sobrevivir en la antropofagia citadina, como el típico derrotero de formación/ aprendizaje, bildungsroman o coming of age, según la perspectiva del clasicismo o el calidoscopio de la posmodernidad.

 

El relato comienza en Laponia, una región multinacional -perteneciente a Noruega, Rusia, Suecia y Finlandia- habitada por el pueblo animista sami, zona casi siempre cubierta de nieve y destinada a la cría de renos y huskies, y transcurre durante las postrimerías y el período posterior a la Guerra de Continuación (1941-1944), conflicto enmarcado dentro de la Segunda Guerra Mundial entre Finlandia y la Alemania nazi por un lado y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas por el otro, la cual venía de también ganar la Guerra de Invierno (1939-1940) contra los finlandeses, los cuales luego de la Guerra de Continuación se vieron obligados por los soviéticos a expulsar a los soldados germanos -otrora colegas de armas- de su territorio mediante lo que se dio en llamar la Guerra de Laponia (1944-1945), con los nazis dejando mayormente devastada la región en su retirada vía las estrategias de tierra arrasada y minas terrestres. La trama en sí es muy sencilla y se basa en El Maestro de Postas (Stantsionnyi Smotritel, 1831), célebre cuento de Alexander Pushkin, centrándose en una chica lapona llamada Laila (Marianne Mardi), hija del posesivo Aslak (Ossi Elstelä), que abandona su idílico campamento lleno de tipis en el desierto blanco en pos de una vida en Helsinki con el hombre que ama, Hans (Mauritz Åkerman), un ex piloto alemán que ella y su padre curaron y protegieron en ocasión de la amistad de la Guerra de Continuación y el rol de enemigo coyuntural de la Guerra de Laponia. La relación no dura mucho porque el hombre se cansa y la basurea frente a sus amigos, no obstante ella le escribe cartas a su padre diciéndole que se casará con él, por ello cuando Aslak viaja a la capital ella debe montar una farsa con el fotógrafo Hans a pesar de estar en pareja con el obrero portuario y colega Pekka (Ismo Saario), lo que deriva en desastre, un intento de suicidio de ella y una vida de prostitución al amparo del cruel proxeneta Joni (Matti Nurminen). Entre carreras de trineos, maquillaje ultra vistoso, algún cunnilingus al paso, diálogos y un narrador en off (Yrjö Tähtelä) bastante patéticos y lobos y renos disecados que pretenden pasar por vivos, la agraciada anatomía en movimiento de Mardi marca el ritmo general y el inconformismo discursivo paradójicamente conservador -a nivel estructural- del melodrama, un género antiquísimo que bien administrado puede ser sinónimo de osadía y desenfreno subversivo.

 

Vale aclarar que la propuesta se rodó en 1967 y 1968, comenzó la postproducción en 1969 y se refilmaron algunas secuencias en 1970, finalizando todo -problemas presupuestarios mediante- alrededor de 1973 y consiguiendo un mínimo estreno en 1975 después de una lucha con el ente de censura de Finlandia de la época que terminó de convencer a Tulio de retirarse para siempre del cine y sepultar al opus hasta su muerte en 2000 a los 87 años, momento en que Sensuela comenzó a editarse en formato hogareño y a convertirse no sólo en la curiosa “obra maestra” del director sino en una de las joyas del sexploitation y el trash de corazoncito melodramático que parece adorar a figuras variopintas como King Vidor, Josef von Sternberg y Ernst Lubitsch. El amigo Teuvo era tan ambicioso como Ed Wood y se nota que le resultaba imposible renunciar a la tentación de imitar la fastuosidad del Hollywood Clásico pero sin contar con los recursos necesarios, ejemplos claros de ello son la escena inicial en un ridículo “avión” que parece emular aquellas secuencias de la nave espacial de Plan 9 del Espacio Exterior (Plan 9 from Outer Space, 1957), su homóloga del vuelo comercial en Finnair de ella y Hans o la jugada de construir las tomas de la nave surcando el cielo y Hans descendiendo en paracaídas con una fotografía en bastante mal estado sirviendo de fondo montañoso y gélido. La artificialidad permanente no sólo se da de la mano de las horrendas actuaciones del elenco o el hiper kitsch/ lisérgico/ surrealista diseño de producción -pensemos en la vestimenta muy exagerada del pueblo sami o la decoración de los tipis y los departamentos de Helsinki- sino también mediante la enorme torpeza de Tulio a la hora de combinar tomas en locaciones reales y planos visiblemente armados en estudio con un fondo fijo cualquiera. Sin embargo lo camp más chiflado se da cita en ocasión de la memorable orgía en el departamento del ex soldado nazi, un verdadero pantallazo semi vanguardista en torno a lo que el realizador entendía por “amor libre” sesentoso, a lo que se suma el detalle de que en todos sus trabajos la protagonista debe soportar a varones que le tocan las tetas y el culo, amén de la maravillosa presencia de la compañera de cuarto de Laila una vez que se independiza de Hans, Greta (Maria Pertamo), una amiga y deliciosa prostituta rubia que cada vez que alguien la zamarrea o le pega un buen bife -sea Aslak o Pekka- cae en el suelo con la ropa muy suelta y los pechos al aire.

 

En este sentido, Tulio definitivamente se inspiró en el cine de Meyer y Bó para secuencias como las de los encuentros sexuales aparatosos entre ella y los dos machos, la graciosísima escena en el sauna durante las vacaciones con su prometido Pekka y la costumbre de golpearse el cuerpo con unas ramas, el intento de un oficial naval por convertirla en puta ofreciéndole más y más dinero para que entregue su cuerpo, los instantes de acoso laboral que sufre por parte de hombres exaltados por su belleza, el cortejo idealizado bajo el cariño del obrero y por supuesto su metamorfosis en meretriz de la mano de un Joni que supo tener en su establo a Greta y ahora vive de una Laila a la que martiriza con un látigo para el placer del público cabaretero de Hamburgo y más allá. El kitsch, la adorable estupidez y las bizarreadas ingenuas de Sensuela no tienen parangón incluso para lo que era la Clase B de su tiempo, muy imaginativa y siempre efervescente al borde de lo contracultural terrorista, basta con pensar en la secuencia del principio en la que Aslak castra a sus renos abriéndole con un cuchillo el escroto a los animales y vaciándolo mordiendo las testículos y luego escupiéndolos en la nieve, cumbre discursiva visceral cuasi jodorowskiana que para colmo se reproduce maximizada en el desenlace cuando el veterano vuelve a hacer lo mismo pero en ocasión de la revancha por el engaño de la falsa boda de la Venus de Laponia y Hans, cuando emascula al muchacho en el living del departamento burgués con sus dientes, planteo que a su vez deriva -más adelante- en una escena muy inteligente centrada en ella topándose con el alemán en un antro de Hamburgo mientras se hacía el macho putañero con un amigo, momento en el que le dispara un alegato en contra de la hegemonía patriarcal y a favor de la autonomía femenina y el respeto de la mujer en términos de las relaciones de poder entre los sexos. El encanto supremo del film, ese que nos hace olvidar el hecho de que hace casi todo mal de manera inconsciente, pasa por las contradicciones de siempre del ámbito exploitation, léase decir una cosa y hacer otra, en este caso condenar la cosificación de las hembras y al mismo tiempo cosificarlas desde un glorioso erotismo que exacerba los desvaríos retóricos al punto de ofender a la legión de puritanos -penes flácidos y conchas secas- de ayer, hoy y mañana, reforzando el carácter disruptivo del sexo aun dentro del disparate y la eclosión de la “verdadera” esencia femenina, la promiscuidad de las furcias…

 

Sensuela (Finlandia, 1973)

Dirección: Teuvo Tulio. Guión: Teuvo Tulio, Regina Linnanheimo y Yrjö Norta. Elenco: Marianne Mardi, Ossi Elstelä, Mauritz Åkerman, Ismo Saario, Maria Pertamo, Matti Nurminen, Yrjö Tähtelä, Armas Ek, Marjatta Happonen, Eila Hartikainen. Producción: Teuvo Tulio. Duración: 109 minutos.

Puntaje: 6