Fahrenheit 451

La verdad del fuego

Por Martín Chiavarino

La nueva adaptación de la extraordinaria novela del escritor de ciencia ficción Ray Bradbury, Fahrenheit 451, recupera la historia distópica central de la obra pero traslada la acción del mundo analógico de la década del cincuenta al imaginario digital de nuestra época perdiendo por el camino grandes porciones del mensaje humanista del autor de Crónicas Marcianas.

 

Respetando bastante la estética del libro y prácticamente sin recurrir a ninguna característica de la adaptación homónima de 1966 del realizador francés François Truffaut, el film del director norteamericano Ramin Bahrani -en base a un guión de su autoría junto al iraní Amir Naderi- construye un Estados Unidos totalitario traumatizado por la Segunda Guerra Civil, empecinado en destruir todas las manifestaciones de la cultura y manipulando la historia como mejor le place a los poderes hegemónicos autoritarios de turno.

 

La premisa del relato se organiza en base a un reality show que protagonizan los bomberos comandados por el Capitán John Beatty (Michael Shannon) y su lugarteniente Guy Montag (Michael B. Jordan), que tiene como corolario la quema y destrucción de objetos culturales denominados genéricamente grafitis. De entre los objetos culturales los libros físicos son los más perseguidos por su carácter disruptivo antisistema, representando el disenso, el caos y la libertad de elección como expresiones del libre albedrío, todas características de la facultad del pensamiento y de la creación de relatos que indagan en la angustia y el desasosiego del espíritu humano, grandes enemigos del conformismo y de la industria farmacológica de la felicidad. En contraposición a estas características más humanas, la sociedad de la nueva Norteamérica utiliza drogas para el entumecimiento de la memoria y realidad virtual para el entretenimiento en una sociedad donde la escritura y las noticias son generadas por algoritmos para operar sobre la realidad y el régimen de verdad. Para Montag todo cambia cuando roba una edición física del libro Memorias del Subsuelo del escritor ruso Fiodor Dostoievski, en una casa que allanan, encontrando en la literatura preguntas y cuestionamientos que nunca se había realizado antes. Para entender lo que pasa recurre a Clarisse (Sofia Boutella), la informante de los bomberos, antes parte de la comunidad rebelde que memoriza los libros para preservar su legado. A su vez, los bomberos también descubren un complot rebelde para transmitir las obras culturales a través del ADN a los apáticos sujetos de la nueva sociedad, lo que dispara la paranoia de las autoridades totalitarias que comienzan a buscar entre los sospechosos de disidencia esta arma cultural masiva.

 

A través de una serie de lemas que definen las consignas de una sociedad a mitad de camino entre la disciplina y el control, tal como las definieran los filósofos francesas Michael Foucault y Giles Deleuze, Fahrenheit 451 (2018) crea un Estado donde los bomberos policía son las estrellas del espectáculo de la destrucción, la única libertad es la de obedecer, el periodismo no es ni siquiera un recuerdo lejano y los que se rebelan ante el estado de las cosas amenazan la felicidad de los apáticos espectadores que viven a través de sus pantallas.

 

Entre pasajes de Hojas de Hierba de Walt Whitman, de Memorias del Subsuelo de Dostoievski, Las Uvas de la Ira de John Steinbeck, referencias al mito de la Caverna de Platón y melodías de Erik Satie, el film crea un villano que redacta sus pensamientos para quemarlos después, un joven cabo que aspira a sucederlo y cada vez tiene más preguntas y recuerdos que no puede explicar y una joven atormentaba por su traición a los bohemios rebeldes, últimos reductos de la cultura en el estado de Ohio.

 

Para su desarrollo el film ameritaba una miniserie y no un largometraje ya que deja demasiados cabos sueldos, personajes sin sentido ni justificación narrativa y cuestiones sin una resolución coherente. En especial las historias de los personajes quedan a medio contar, especialmente en el caso de los tres protagonistas. Tampoco hay una gran construcción del mundo posbélico aunque sí una clara delimitación de las clases sociales. El principal problema de la película yace en su propio planteo, ya que la introducción del proyecto de injertar las obras de cultura en el ADN niega la propia definición de cultura, a ser el cultivo de la mente, la construcción del carácter, procesos que no pueden ser insertados fisicoquímicamente. El film compensa esta falla con una buena dosis de literatura y poesía, una recurrencia a la nostalgia, una interesante apología de la subversión, buenas actuaciones y un correcto desarrollo narrativo, aunque incompleto, que deja la sensación de falta de inversión e interés en una adaptación apenas convincente de una de las mejores obras de ciencia ficción del Siglo XX.

 

Fahrenheit 451 (Estados Unidos, 2018)

Dirección: Ramin Bahrani. Guión: Ramin Bahrani y Amir Naderi. Elenco: Michael B. Jordan, Michael Shannon, Sofia Boutella, Khandi Alexander, Lilly Singh, Martin Donovan, Andy McQueen, Dylan Taylor, Grace Lynn Kung, Keir Dullea. Producción: David Coatsworth. Duración: 100 minutos.

Puntaje: 6