Val

La vida incompleta

Por Emiliano Fernández

Todos aquellos que vimos Lost Soul: The Doomed Journey of Richard Stanley’s Island of Dr. Moreau (2014), el interesante documental de David Gregory que retrata la colección de inconvenientes que atravesó La Isla del Dr. Moreau (The Island of Dr. Moreau, 1996), película que empezó siendo dirigida por el gran cineasta sudafricano Richard Stanley y terminó completada por el veterano John Frankenheimer, sabemos que Val Kilmer, uno de los protagonistas del film en cuestión, lejos está de ser un alma caritativa y de hecho se acerca a las clásicas soberbia y prepotencia del Hollywood promedio con el ego inflado, un señor que por entonces estaba en la cúspide de su popularidad mundial porque venía de Fuego contra Fuego (Heat, 1995), de Michael Mann, y Batman Eternamente (Batman Forever, 1995), de Joel Schumacher, y que había aceptado el trabajo de turno, en síntesis el comienzo de su paulatino declive como estrella mainstream, porque deseaba colaborar con Marlon Brando, con quien paradójicamente terminaría discutiendo en una infinidad de ocasiones. En realidad el opus de Stanley, responsable a la fecha de Hardware (1990) y Demonio del Polvo (Dust Devil, 1992), sufrió calamidades variopintas adicionales como la salida de Bruce Willis por su divorcio de Demi Moore, el suicidio en 1995 de la hija de Marlon, Tarita Cheyenne Brando, la inestabilidad climática de la sede principal del rodaje, el norte de Australia, la sustitución del director por no saber controlar al tremendo Val y enemistarse a los ejecutivos del estudio, New Line Cinema, la salida del actor Rob Morrow por las innumerables peleas en el set, la llegada de un David Thewlis que no se hablaba con Val Kilmer y finalmente el divorcio de este último de la asimismo actriz Joanne Whalley.

 

Val (2021), dirigida por los debutantes Leo Scott y Ting Poo, en esencia un dúo de editores que hoy por hoy saltan a la dirección de largometrajes, es un documental de raigambre autobiográfica que recorre la vida, carrera y enfermedad reciente de Kilmer, a quien hace unos años le diagnosticaron un cáncer de garganta del cual eventualmente se recuperó aunque quedando con serias secuelas porque la radiación y la quimioterapia le afectaron la voz y para colmo la espantosa condición tumoral lo obligó a realizarse una traqueotomía permanente para poder alimentarse, situación en verdad pesadillesca porque el hombre debe elegir de manera continua entre respirar o comer. La propuesta sigue una ya generosa estela de memorias audiovisuales narradas por el propio protagonista, en este caso con textos de Kilmer y locuciones en off de su hijo menor, ese Jack Kilmer que cuenta con una voz muy semejante a la de su progenitor, a partir de cientos de horas de material de archivo tanto personal/ íntimo como obtenido de terceros y fuentes mediáticas, pensemos en ejemplos previos del formato como Listen to Me Marlon (2015), de Stevan Riley, acerca del eterno Brando, Maria by Callas (2017), de Tom Volf, sobre la gran soprano griega Maria Callas, Elvis Presley: The Searcher (2018), de Thom Zimny, acerca del Rey del Rock and Roll, Pavarotti (2019), de Ron Howard, en torno al tenor italiano Luciano Pavarotti, y Zappa (2020), maravilla de Alex Winter sobre el inefable Frank Zappa y su derrotero musical todo terreno. Este andamiaje expresivo tan de moda en el nuevo milenio, sostenido en la estrella de la crónica histórica relatando su odisea y trayectoria al espectador a través de un montaje abarcador, es una reacción contra aquellos documentales expositivos de cabezas parlantes.

 

La película hace foco sobre todo en su poco conocida vida privada, empezando por sus padres, Gladys Swanette, una mujer algo enigmática de ascendencia sueca, y Eugene Dorris Kilmer, un distribuidor de equipos aeroespaciales que mutó en desarrollador/ especulador inmobiliario y le vivía metiendo los cuernos a su esposa hasta que por fin se divorciaron, quedándose el hombre con la tenencia de los purretes gracias a su poder y dinero, hablamos del mayor, Mark, el del medio, Val, y el más joven, Wesley, quien terminaría falleciendo a los 15 años de edad de un ataque de epilepsia al ahogarse en un jacuzzi por no haber tomado su mediación, algo que dejó con una culpa permanente al padre aunque no al punto de no pedirle a su vástago que sea su garante, ya siendo un actor conocido a fines de los 80, para la compra de terrenos en California y construir, así Eugene concibió a nombre del hijo pródigo 20 empresas fantasmas para evadir impuestos que generaron que Val tenga que pagar los platos rotos aunque optando por no demandar a su progenitor. El intérprete asistió a la Escuela Juilliard, un conservatorio de música, danza y teatro de Nueva York, y se casó en 1988 con la bella británica Whalley, fémina que había visto actuar en el Royal Court Theatre de Londres, durante el rodaje de su debut ¡Súper Secreto! (Top Secret!, 1984), de Jim Abrahams, David Zucker y Jerry Zucker, pero que conoció en el set de Willow (1988), de Ron Howard. La pareja se muda a Nuevo México, donde el abuelo de él había trabajado en una mina de oro, y allí tiene a sus dos vástagos, Mercedes en 1991 y Jack en 1995, no obstante el éxito de algunas películas de Kilmer y su decisión de seguir actuando -ella se retira por un tiempo por los purretes- generan conflictos y el dúo se separa en aquel 1996.

 

Más allá de las buenas intenciones de los realizadores circunstanciales y la piedad en piloto automático que despiertan los problemas de salud del talentoso retratado, sinceramente el documental jamás escapa de una corrección bastante melodramática, light y autoindulgente que enfatiza el hecho de que hablamos de un trabajo realizado con el homenajeado vivo y en plena modalidad autobombo unilateral, en suma mostrándose como una persona cariñosa y fiel para con sus seres queridos y dejando de lado y/ o tratando de contradecir su fama de virulento y de “difícil” en términos colaborativos en función de su ardua preparación para cada rol, el ardid de no abandonar el personaje de turno ni por un segundo y sus conocidas y caprichosas disputas con gente como Brando, Thewlis y el Tom Sizemore de Fuego contra Fuego y Planeta Rojo (Red Planet, 2000), de Antony Hoffman, aquí poniendo en primer plano el doble hecho de que todo se trata de un enfoque laboral de tipo detallista/ perfeccionista/ puntilloso y que el susodicho nunca se sintió a gusto en un cien por ciento dentro de Hollywood porque su perspectiva experimental, de izquierda y cuasi teatral jamás calzó del todo en la comarca del conservadurismo comercial, el artificio y la mediocridad insistente de los grandes estudios, por ello también llaman la atención su sinceridad de actor actual relegado y sus giras eternas para sacarle una moneda a su colectivo de fans en distintas convenciones de autógrafos, por un lado, y eso de que ventile sin problemas una práctica común en el mainstream aunque generalmente oculta, nos referimos a la estrategia de grabar audiciones improvisadas no requeridas y hacérselas llegar a directores con los que el actor le gustaría trabajar, así en el documental vemos los insólitos videos de Kilmer correspondientes a Nacido para Matar (Full Metal Jacket, 1987), de Stanley Kubrick, y Buenos Muchachos (Goodfellas, 1990), de Martin Scorsese, por el otro lado. En unas cuantas ocasiones del metraje pareciera que el propio protagonista, quien por cierto desde joven se filmó a sí mismo en múltiples situaciones cotidianas en su casa y en el backstage teatral y cinematográfico, sabe que su carrera no fue una maravilla y por ello va rápido al grano centrándose en el relato en sus hits tempranos y convites fundamentales de los 80 y 90 en sintonía con Top Gun (1986), de Tony Scott, The Doors (1990), de Oliver Stone, Tombstone (1993), de George P. Cosmatos, y las ya nombradas ¡Súper Secreto!, Willow, Batman Eternamente, Fuego contra Fuego y La Isla del Dr. Moreau, como aseverábamos antes el comienzo de una decadencia que lo fue confinando al terreno de la Clase B, el cine indie y los roles secundarios dentro de tanques mainstream esporádicos, circunstancia que sin embargo dejó propuestas atractivas -prácticamente no analizadas en Val– como Garras (The Ghost and the Darkness, 1996), de Stephen Hopkins, Pollock (2000), de Ed Harris, Venganza Amarga (The Salton Sea, 2002), de D.J. Caruso, Excesos (Wonderland, 2003), de James Cox, Las Desapariciones (The Missing, 2003), de Howard, Spartan (2004), de David Mamet, Entre Besos y Tiros (Kiss Kiss Bang Bang, 2005), de Shane Black, Deja Vu (2006), de Scott, Un Maldito Policía en Nueva Orleans (The Bad Lieutenant: Port of Call- New Orleans, 2009), de Werner Herzog, Las Reglas de la Mafia (Kill the Irishman, 2011), de Jonathan Hensleigh, Canción a Canción (Song to Song, 2017), de Terrence Malick, y El Muñeco de Nieve (The Snowman, 2017), de Tomas Alfredson. Como muchos actores en su situación que se ven sutilmente marginados por una industria a la que tanto han servido, primero por su fama de problemático o neurótico y después por el cáncer de garganta, Kilmer en los últimos años se volcó a una autonomía minimalista de índole teatral al punto de obsesionarse con su ídolo Mark Twain y escribir un unipersonal cómico muy eficaz que filmó bajo el título de Cinema Twain (2019) y que además pretende expandir en otra obra cinematográfica -aunque mucho más ambiciosa- acerca de la enemistad entre el escritor y Mary Baker Eddy, la fundadora de un culto bizarro llamado Ciencia Cristiana del que formaron parte los ya desaparecidos padres del intérprete, Eugene fallecido en 1993 y Gladys en 2019. El amigo Val reconoce en pantalla que su costumbre narcisista de filmarse repetidamente a sí mismo o hacerse acompañar por camarógrafos para registral material para el documental es en suma banal e inútil porque la vida no puede reducirse a una serie de viñetas que jamás le harán justicia del todo por su carácter incompleto, por los cambios identitarios que se les escapan a las imágenes y por ese trasfondo unilateral adulador al que apuntábamos previamente, sin verdaderas críticas externas a la vista. Dicho esto, el film que nos ocupa cumple con dignidad con su razón de ser, léase complementar la biografía en papel de Kilmer, Soy tu Huckleberry: Memorias (I’m Your Huckleberry: A Memoir, 2020), y entregar un retrato humano y bien prosaico del oficio siempre inestable de los actores…

 

Val (Estados Unidos, 2021)

Dirección: Leo Scott y Ting Poo. Guión: Val Kilmer. Elenco: Val Kilmer, Jack Kilmer, Mercedes Kilmer, Joanne Whalley, Gladys Swanette, Eugene Dorris Kilmer, Marlon Brando, Sean Penn, Kevin Bacon, Kurt Russell. Producción: Val Kilmer, Leo Scott, Ting Poo, Ali Alborzi, Andrew Fried, Brad Koepenick, Dane Lillegard y Jordan Wynn. Duración: 109 minutos.

Puntaje: 6