Hollywood durante la temporada de premios -y a veces más allá en cuanto al año en curso- siempre fetichizó determinadas temáticas que percibía como serias para sacarle un poco de lustre al detalle onanista de premiarse a sí mismo y/ o para variar con respecto al contenido promedio de la gran industria cultural lobotomizadora del cine, en esencia chatarra banal destinada a tontitos conservadores que consumen el mismo envase vacío una y otra vez en plan de “entretenerse”. Así las cosas, durante las décadas del 40, 50 y 60 el mainstream yanqui se obsesionó con el nazismo, en los años 70 y 80 apostó por la discriminación racial contra los negros y a partir de los 90 se entretuvo con el feminismo mediante esos relatos de empoderamiento rosa que estuvieron de moda hasta muy recientemente en el Siglo XXI, cuando el ascenso de la lacra de extrema derecha puso en evidencia que la estrategia de ponderar eternamente a una minoría por sobre los intereses de las mayorías no estaba dando sus frutos a escala del condicionamiento cultural marca registrada de Hollywood, en suma perdiendo la batalla ante los monigotes payasescos y filonazis que desde el empresariado, las fuerzas armadas o la misma televisión saltaban hacia lo más alto del poder, siendo los ejemplos más evidentes esos retrasados mentales que responden a los nombres de Donald Trump, Jair Bolsonaro y Javier Milei. Los “genios” que controlan los estudios y las grandes productoras de hoy en día, unos adefesios fanáticos de las franquicias globalizadas, también son de lento discurrir y por ello vuelven incansablemente a latiguillos que ya han pasado su fecha de vencimiento, como un nene adicto al azúcar o un ególatra en pos de alguna lisonja.
El regreso al nazismo y específicamente a los Juicios de Núremberg entre 1945 y 1948 por parte de la nueva realización de James Vanderbilt, Núremberg (2025), no sólo se siente profundamente trasnochado al punto del reciclaje para cinéfilos de jardín de infantes, más teniendo en cuenta que la temática ha sido trabajada en Juicio en Núremberg (Judgment at Nuremberg, 1961), recordado y exhaustivo film de Stanley Kramer, sino que para colmo se da en un contexto histórico muy poco propicio para que la mafia hollywoodense saque por milésima vez la carta de la vieja y ya risible autovictimización sionista, pensemos en el genocidio cometido por Israel en su conjunto y el gobierno del primer ministro Benjamín Netanyahu en concreto contra el pueblo palestino, una campaña de exterminio que no tiene nada que envidiarle a las de los nacionalsocialistas durante la Segunda Guerra Mundial y que por supuesto también recuerda el expansionismo imperialista de yanquilandia, grandes garantes de cuanta dictadura y régimen cleptómano neoliberal existiese en el Tercer Mundo durante la Guerra Fría y más allá. La propuesta es aburrida y mediocre -casi dos horas y media de duración total- y se centra en la relación entre Hermann Göring (Russell Crowe), el “número dos” después de Adolf Hitler en custodia de los países vencedores, y Douglas Kelley (Rami Malek), el psiquiatra castrense asignado por los aliados para juzgar el estado mental de los jerarcas nazis detenidos y evitar suicidios durante los procesos legales, en los que se juzgará los crímenes de guerra y contra la humanidad cometidos por el Tercer Reich a través de las masacres varias de ocupación y la red de campos de esclavitud y exterminio.
Incluso obviando la generosa redundancia debido a Juicio en Núremberg, clásico que en su tiempo abrió nuevo terreno en el mainstream estadounidense al mostrar imágenes reales de los cadáveres abandonados por los nazis en el contexto de la liberación de los campos de concentración, la película que nos ocupa lejos está del extraordinario elenco de antaño, léase Spencer Tracy, Burt Lancaster, Montgomery Clift, Richard Widmark, Judy Garland, Maximilian Schell, Marlene Dietrich y William Shatner, y por cierto funciona como un compendio de lugares comunes para apilar nominaciones, como un sustrato comprometido, pretérito e hiper explotado (no falta la comodidad política/ ideológica para el espectador), una pluralidad de personajes secundarios innecesarios (todos los segmentos del público deberían identificarse con alguno), diálogos estereotipados que se perciben “importantes” (las situaciones y los planteos se ven venir a kilómetros a la distancia) y actuaciones algo mucho intensas en función de criaturas con peso específico histórico (a Crowe y Malek se suman Michael Shannon y Richard E. Grant, los encargados de componer a los fiscales, respectivamente el norteamericano Robert H. Jackson y el británico Sir David Maxwell Fyfe). Núremberg derrapa tanto en su primera mitad, homologable a un thriller psiquiátrico en el que el demasiado ingenuo Kelley prácticamente admira al narcisista Göring, como en la segunda parte del relato, en este caso empardada a un “courtroom drama” semejante al opus de Kramer aunque en versión devaluada o reduccionista, pensemos en el incompetente de Jackson siendo salvado por Maxwell Fyfe durante el interrogatorio del mandamás nazi.
Quizás el mayor problema lo encontremos en la trama de Vanderbilt, de hecho un guionista anodino que de vez en cuando se ilumina como en Zodíaco (Zodiac, 2007), neoclásico de David Fincher acerca del ignoto asesino en serie del título que operó entre 1968 y 1969, y Sólo la Verdad (Truth, 2015), su otra película como director y un retrato bastante lúcido de la controversia que generó la difusión en 2004 de unos memos firmados por el Teniente Coronel Jerry B. Killian que probaban el trato preferencial que se le dio a George W. Bush en 1972 y 1973, cuando el susodicho estaba cumpliendo su servicio militar en Texas, en este sentido la propuesta no entrega ni una escena mínimamente interesante o novedosa que justifique su existencia o un mísero personaje que no sea una caricatura extenuante dentro de la misma narrativa de siempre del imperialismo capitalista anglosajón como “salvador de la humanidad”, óptica que desde ya implica sacar de la ecuación aliada a los franceses y los soviéticos. Crowe en general mantiene la dignidad gracias a su experiencia y capacidad de adaptación pero lo realizado por Malek en ocasiones es francamente doloroso porque el actor no encuentra el tono para su personaje, un secundario ascendido a coprotagonista por la obsesión del cine actual con las perspectivas laterales a sabiendas de que las principales están ampliamente agotadas. El film enfatiza que el derecho internacional estaba en pañales en la época, que la pasividad frente a la barbarie es complicidad y que los nazis de ayer se vinculan a los neonazis del presente como Trump y compañía, pero todo es demasiado tibio y olvidable para dejar huella o por lo menos tomarlo en serio, como tanto desea la faena…
Núremberg (Estados Unidos/ Hungría, 2025)
Dirección y Guión: James Vanderbilt. Elenco: Russell Crowe, Rami Malek, Michael Shannon, Richard E. Grant, Leo Woodall, John Slattery, Mark O’Brien, Colin Hanks, Wrenn Schmidt, Lydia Peckham. Producción: James Vanderbilt, Benjamin Tappan, Frank Smith, William Sherak, Richard Saperstein, István Major, Cherilyn Hawrysh, George Freeman y Bradley J. Fischer. Duración: 148 minutos.