Desde ya que luego de la Era Dorada de la Animación Estadounidense, entre fines de los años 20 y las postrimerías de la década del 60, las cosas nunca volvieron a ser lo que eran en términos de excentricidades, imaginación, desparpajo y calidad detallista en sí de los productos y personajes resultantes, los cuales en los años venideros siguieron siendo explotados por el mainstream aunque redireccionando el destino, de la gran pantalla a la televisión, y bajando mucho los presupuestos y por consiguiente el acabado general, con técnicas, nuevos profesionales y tiempos de producción que ya no garantizaban la frescura de antaño y fueron pauperizando las caricaturas a través del conservadurismo o la falta de recursos. Tomemos de ejemplo el caso quizás más representativo, el de las dos series de cortos animados cinematográficos Looney Tunes (1930-1969) y Fantasías Animadas de Ayer y Hoy (Merrie Melodies, 1931-1969), sagas que Warner Bros. continuó exprimiendo desde la década del 70 hasta nuestro presente mediante nuevas tandas de episodios más historietas, videojuegos, álbumes musicales y distintas atracciones para parques temáticos, todo alrededor de criaturas hiper conocidas por generaciones y generaciones de fanáticos en sintonía con Bugs Bunny, el Pato Lucas, Porky, Elmer Gruñón, el Gallo Claudio, Silvestre, Marvin el Marciano, Piolín, Sam Bigotes, Cecilio Tortuga, Pepé Le Pew, Quique Gavilán, la Abuelita, Speedy González, Penélope Pussycat, el Demonio de Tasmania y por supuesto El Coyote y el Correcaminos, entre otros chiflados entrañables de una obstinación suprema.
Esta colorida fauna de ácratas, casi toda creada por los imprescindibles Tex Avery, Chuck Jones, Robert McKimson y Friz Freleng, experimentaría una nueva popularidad mundial a fines del Siglo XX no gracias al medio al que había sido relegada, efectivamente la TV y su tendencia a la infantilización del público, sino por un par de apariciones o cuasi cameos en el soporte que los había visto nacer, el cinematográfico de aquel Hollywood Clásico que utilizaba a los cortos animados como prólogo para el film principal y/ o como segmentos intermedios para las funciones continuadas de películas a lo largo del día, así las cosas la graciosa introducción de personajes de Looney Tunes y Fantasías Animadas de Ayer y Hoy en ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? (Who Framed Roger Rabbit?, 1988), joya de Robert Zemeckis y Richard Williams, y Gremlins 2: La Nueva Generación (Gremlins 2: The New Batch, 1990), de Joe Dante y Jones, no sólo revivió ambas sagas sino que patentó las dos alternativas al respecto, ya sea combinando animación y live action o especializándose en la primera para insertarla en el metraje como episodios independientes símil la franquicia comenzada con La Pantera Rosa (The Pink Panther, 1963), del querido Blake Edwards. La perspectiva híbrida con la acción real, mucho más “vistosa” y acorde con los cánones del Hollywood posmoderno adicto al automatismo o el espectáculo por el espectáculo en sí, de hecho pasaría a dominar las adaptaciones cinematográficas futuras de los personajes de la Warner y los condenaría a blockbusters cuyo éxito o fracaso equivale a la vida o la muerte.
Sin dudas El Día que la Tierra Explotó: Una Película de Looney Tunes (The Day the Earth Blew Up: A Looney Tunes Movie, 2024), maravilla de Peter Browngardt estrenada en salas tradicionales y en sí un spin-off espiritual de Looney Tunes Cartoons (2019-2024), el muy digno refrito del propio Browngardt para HBO Max de los personajes de la centuria pasada, supera lo hecho por las odiseas híbridas Space Jam: El Juego del Siglo (Space Jam, 1996), un intento ameno de aggiornamiento por parte de Joe Pytka, Looney Tunes: De Nuevo en Acción (Looney Tunes: Back in Action, 2003), esa relectura más clasicista a instancias de Dante, y Space Jam: Una Nueva Era (Space Jam: A New Legacy, 2021), mamarracho de Malcolm D. Lee que derrapaba en el tedio y el lenguaje publicitario. La propuesta, además el primer largometraje totalmente animado basado en Looney Tunes que llega a los cines y le escapa al mercado hogareño del directo a video/ streaming, está protagonizada por Porky y el Pato Lucas, ambos con la voz del experto canadiense Eric Bauza, y se centra en una invasión encabezada por un alienígena sin nombre (Peter MacNicol) inspirado en aquellos visitantes esperpénticos de La Invasión de los Hombres Verdes (Invasion of the Saucer Men, 1957), de Edward L. Cahn, amén de la necesidad del dúo de salvar su casa del derribo municipal, aunar fuerzas con Petunia (Candi Milo), el eterno interés romántico de Porky y hoy una “científica del sabor” en una fábrica de chicles, y precisamente luchar contra un ejército de zombies controlados por una goma de mascar uniocular que obedece al invasor.
Muy dinámico a nivel visual y narrativo y con la música incidental clasicista de Joshua Moshier y el inestimable aporte no de estrellitas del montón sino de actores especializados en animación, el film de Browngardt utiliza el 3D sólo para la nave espacial del monstruo de MacNicol y se consagra a reorientar el espíritu anarquista del pasado hacia el terror, la fantasía y la ciencia ficción de la década del 50 con El Día que Paralizaron la Tierra (The Day the Earth Stood Still, 1951), de Robert Wise, La Invasión de los Usurpadores de Cuerpos (Invasion of the Body Snatchers, 1956), de Don Siegel, y La Mancha Voraz (The Blob, 1958), de Irvin S. Yeaworth Jr., como pilares fundamentales, más allá de alusiones a La Noche de los Muertos Vivos (Night of the Living Dead, 1968), de George A. Romero, La Cosa (The Thing, 1982), de John Carpenter, El Rey León (The Lion King, 1994), de Roger Allers y Rob Minkoff, Día de la Independencia (Independence Day, 1996), gran bodrio de Roland Emmerich, Armageddon (1998), de Michael Bay, Impacto Profundo (Deep Impact, 1998), de Mimi Leder, e incluso Futurama (1999-2003), aquella primera encarnación del neoclásico de Matt Groening en la que Browngardt supo participar, y Los Expedientes Secretos X (The X Files, 1993-2018), la serie de Chris Carter para el antiguo Fox. Entre citas adicionales a los musicales hollywoodenses y el constructivismo soviético, la película asimismo hace un buen uso -sardónico hasta la médula- de It’s the End of the World as We Know It (And I Feel Fine) (1987), de R.E.M., para la batalla de Porky y Petunia contra los zombies rociándoles “extracto de huevo podrido”, y (Everything I Do) I Do It for You (1991), de Bryan Adams, para el flashback del cerdito alrededor de su crianza junto a Lucas a cargo del Granjero Jim (Fred Tatasciore). El Día que la Tierra Explotó: Una Película de Looney Tunes, a diferencia de tantos productos de nuestro nuevo milenio que sólo destilan oportunismo o un dejo cínico sin corazón, vuelca todo su cariño y toda su sapiencia hacia las características que desde el vamos hicieron de la franquicia animada de Warner una usina de humor irreverente y semi surrealista, pensemos en su ritmo frenético, los chistes absurdos, las interpelaciones a cámara, la autoparodia, una trama delirante, el slapstick o comedia física, un discurso entre sarcástico y chabacano, la constante histeria, el grotesco, la costumbre de escupir líquidos y la simpleza en el diseño de personajes y los relatos en general, aquí defendiendo el hogar, la amistad, la confianza recíproca y toda redundancia cómica bien entendida, léase esa hipérbole que nos habla de la bella viscosidad del chicle…
El Día que la Tierra Explotó: Una Película de Looney Tunes (The Day the Earth Blew Up: A Looney Tunes Movie, Estados Unidos, 2024)
Dirección: Peter Browngardt. Guión: Peter Browngardt, Kevin Costello, Darrick Bachman, Andrew Dickman, David Gemmill, Alex Kirwan, Ryan Kramer, Jason Reicher, Michael Ruocco, Johnny Ryan y Eddie Trigueros. Elenco: Eric Bauza, Candi Milo, Peter MacNicol, Fred Tatasciore, Laraine Newman, Wayne Knight, Ruth Clampett, Andrew Kishino, Kimberly Brooks, Carlos Alazraqui. Producción: Peter Browngardt y Michael Baum. Duración: 91 minutos.