Vida Privada (Vie Privée)

La visibilidad inmerecida

Por Emiliano Fernández

Basta con contemplar la rutinaria o más bien desabrida Vida Privada (Vie Privée, 2025), obra de Rebecca Zlotowski, para certificar que ya no queda nada de aquella fascinación de los franceses con el film noir y los enigmas claustrofóbicos hitchcockianos, sólo espasmos que derivan en productos televisivos/ para streaming que nada tienen que ver con el polar o policial negro francés, en todo caso pareciéndose al cine de acción metropolitano ochentoso de Hollywood, o en obras un poco más tradicionalistas como la que nos ocupa pero con una eficacia retórica que brilla por su ausencia, detalle que tiene que ver con un problema del séptimo arte en general del Siglo XXI vinculado a la incompetencia narrativa del grueso de los directores y guionistas actuales, unos inútiles como esta Zlotowski a la que no se le cae una mísera idea novedosa y para colmo se pisa los pies todo el tiempo haciendo que la pata melodramática familiera del relato entorpezca el suspenso y que esta última vertiente no se lleve muy bien que digamos con los chispazos de comedia, faena romántica e incluso farsa fantástica alrededor del hipnotismo, las vidas pasadas/ alternativas y temáticas semejantes.

 

La caótica trama gira alrededor de una psiquiatra estadounidense que trabaja en París, la Dra. Lilian Steiner (Jodie Foster), quien como buena judía se victimiza cuando le conviene y ni siquiera escucha con atención a sus pacientes, prefiriendo grabarlos en MiniDisc. La mujer tiene una relación distante con su hijo, Julien (Vincent Lacoste), vuelve a acercarse románticamente a su ex esposo oftalmólogo, Gabriel Haddad (Daniel Auteuil), y entra en contacto con una hipnotizadora para que le quite un llanto sutil que no deja de molestarla, Jessica Grangé (Sophie Guillemin), planteo que deriva en una sesión surrealista en la que la protagonista adquiere la forma de un violonchelista hebreo, de hecho un hombre, en la París de mediados de la centuria pasada ocupada por las tropas nazis. El núcleo del asunto es el sospechoso suicidio de una paciente de Steiner, Paula Cohen-Solal (Virginie Efira), quien podría haber sido asesinada por su esposo, Simon (Mathieu Amalric), muy deseoso de una herencia que la mujer recibió de su tía Pearl, o quizás por su hija, Valérie (Luàna Bajrami), hipotéticamente furiosa al enterarse de que Simon no es su padre biológico por ser estéril.

 

Como decíamos antes, la película es demasiado larga, redundante y elemental y ni siquiera sabe cómo sintonizar con las distintas vertientes del polar, como el realismo poético de los años 30 y 40 de Julien Duvivier, Marcel Carné y Jean Renoir, la decadencia moral de los 50 de Henri-Georges Clouzot y Jacques Becker, la elegancia helada de los 60 modelo René Clément, Claude Chabrol y Jean-Pierre Melville y el nihilismo de los 70 de Henri Verneuil y Alain Corneau, optando en parte por copiar los latiguillos narrativos y conceptuales -a la francesa y de manera muy reduccionista- de aquel Woody Allen de transición de principios de los 90 de esas poco vistas Alice (1990), Sombras y Nieblas (Shadows and Fog, 1991), Maridos y Esposas (Husbands and Wives, 1992) y Un Misterioso Asesinato en Manhattan (Manhattan Murder Mystery, 1993), casi todas obras menores -salvo la tercera- dentro de la carrera del neoyorquino aunque superando por mucho al promedio de calidad del cine del Siglo XXI. La odisea está repleta de estereotipos que no van a ningún lado o se resuelven mágicamente de repente, en línea con la crisis existencial o el mega escepticismo de Lilian.

 

Zlotowski, que en su faceta de guionista viene de coescribir Emmanuelle (2024), lastimosa remake a cargo de Audrey Diwan del clásico de 1974 del porno softcore de Just Jaeckin, aquí utiliza en balde Psycho Killer (1977), de Talking Heads, y en esencia respeta la estela de sus bodrios previos, Bella Espina (Belle Épine, 2010), Grand Central (2013), Planetario (Planetarium, 2016), Una Chica Fácil (Une Fille Facile, 2019) y Los Hijos de Otros (Les Enfants des Autres, 2022), todos igual de intrascendentes. Ahora bien, Vida Privada recibe una visibilidad que no merece por el aporte de una Foster francófona desde su niñez, como ya lo demostrase largamente en Deja de Llamarme Nena (Moi, Fleur Bleue, 1977), de Eric Le Hung, y Amor Eterno (Un Long Dimanche de Fiançailles, 2004), de Jean-Pierre Jeunet, presencia que genera una inevitable comparación con Planetario, con unas desencajadas/ incómodas Natalie Portman y Lily-Rose Depp, la hija de Johnny Depp y Vanessa Paradis, debido a que este sexto largometraje de la directora por lo menos aprovecha en serio y para bien el “ingrediente extranjero”, esta Jodie de 63 años que dignifica muchísimas escenas…

 

Vida Privada (Vie Privée, Francia, 2025)

Dirección: Rebecca Zlotowski. Guión: Rebecca Zlotowski, Anne Berest y Gaëlle Macé. Elenco: Jodie Foster, Daniel Auteuil, Virginie Efira, Mathieu Amalric, Vincent Lacoste, Sophie Guillemin, Luàna Bajrami, Frederick Wiseman, Irène Jacob, Park Ji-min. Producción: Frédéric Jouve. Duración: 107 minutos.

Puntaje: 4