The Survivalist

La voluntad de perdurar

Por Emiliano Fernández

Vivimos en una época un tanto bizarra en la que la mayoría de las personas se creen muy inteligentes como si realmente lo fueran o -peor aún- como si la inteligencia fuese sinónimo de sabiduría, esa que unifica la experiencia enriquecedora con una formación humanista/ cultural/ científica acorde. Obviando tal delirio, por cierto institucionalizado en casi todos los rubros profesionales, The Survivalist (2015) nos coloca en un terreno distinto al de la soberbia y la autoconciencia facilista, obligándonos a abrazar la sequedad de los dramas bélicos y/ o de supervivencia que no nos aturden con los estereotipos de aquella ciencia ficción ochentosa que tomaba prestada la arquitectura del western clásico, siguiendo el ejemplo de los spaghettis. En franca sintonía con El Señor de las Moscas (Lord of the Flies, 1963) y Onibaba (1964), aunque aportando una lectura postapocalíptica, el relato niega el confort de la transformación escalonada de los personajes y desde el vamos da por sentado el horror que se esconde detrás de la naturaleza humana cuando la desolación es el estándar.

 

Aquí los hombres se comportan como hombres y las mujeres como mujeres, con todas las diferencias y similitudes del caso: en vez de CGI, calzas ajustadas y patadas voladoras dignas de los mamotretos del mainstream y de muchos de los otrora grandes directores, hoy los hombres caen en la brutalidad del hambre y las mujeres utilizan el sexo como valor de cambio y manipulación, sacando a relucir las “debilidades” de su contraparte falocéntrica. Luego de una infografía sobre el incremento de la población y su relación con las reservas de petróleo, esa justificación nihilista a lo Mad Max (1979) para un mundo futuro que se autofagocita, vemos a un protagonista sin nombre arrastrando el cadáver de un intruso, reabriendo la trampa para osos, atizando el fuego con una Biblia, lavándose, comiendo, trabajando en su granja, orinando en una maceta y masturbándose con la foto de una chica. Dos extrañas llegan a su hogar en el bosque y como no tienen nada para ofrecer, la madre entrega a su hija a cambio de comida y sólo pide al hombre que “no acabe adentro de ella”.

 

Esta pequeña gran película juega de manera extraordinaria con la desconfianza, el temor y la aprensión, sentimientos apuntalados a través de una serie de constantes antagonismos entre planos que encuentran su espejo distorsionado en la otra orilla: así descubrimos roces entre la idiosincrasia pastoral del protagonista y su astucia símil cazador (la dedicación y el amor concedidos a los cultivos se oponen a su cautela, casi siempre con escopeta en mano), entre una soledad degradada y la necesidad de recuperar el contacto con otros humanos (dentro de un esquema enmarcado en un darwinismo social de “matar o morir”), entre la defensa de una aparente quietud y los fantasmas que acechan desde el pasado (la misteriosa muerte de su hermano tiene mucho que ver en este punto), entre la simpleza masculina y el maquiavelismo disimulado femenino (sintetizado en los reiterados intentos de las mujeres en pos de asegurarse las condiciones mínimas para asesinarlo) y sin dudas entre la voluntad de perdurar y esos embates concretos del entorno (con la violación del terruño a la cabeza).

 

Más allá de la estupenda labor del trío protagónico, compuesto por Martin McCann, Mia Goth y Olwen Fouere, en esta oportunidad el que se roba realmente las palmas es el director y guionista Stephen Fingleton, un irlandés que en su ópera prima se luce al dar forma a una angustia sumamente lacónica y atemporal, enarbolando la bandera de la crudeza vía los primeros planos y un montaje de cortes secos, y creando un ecosistema en verdad furibundo que responde a reglas propias y tangibles como por ejemplo “si quieres mi amor, sufre un poco de miseria”, ese viejo axioma de la convivencia familiar y/ o de pareja. Aquí los personajes no despiertan simpatía pero a la vez comprendemos su recorrido según un contexto impiadoso: no estamos ante las caricaturas patéticas, intercambiables y sin carnadura de gran parte del cine actual. Salteándose el cliché y retratando el “todo vale” de nuestros días, tampoco hay una postura que pretenda enaltecer a la ética por sobre la barbarie porque no encontramos en el desarrollo un progreso moral, sino más bien una definición de vínculos en función de la conveniencia, la afinidad y una especie de piedad maltrecha. Aun así, la apertura redentora del desenlace nos dice que el ostracismo puede ser más digno que las camarillas del pillaje primitivo y que no todo está perdido a nivel de la solidaridad humana, por más que la senda del aprendizaje parezca muy larga y dolorosa…

 

The Survivalist (Reino Unido, 2015)

Dirección y Guión: Stephen Fingleton. Elenco: Martin McCann, Mia Goth, Olwen Fouere, Andrew Simpson, Douglas Russell, Kieri Kennedy, Barry Ward, Ryan McParland, Michael Og Lane, Ciaran Flynn. Producción: David Gilbery, Wayne Marc Godfrey y Robert Jones. Duración: 104 minutos.

Puntaje: 9