La disfrutable Buena Suerte, Diviértete, no Mueras (Good Luck, Have Fun, Don’t Die, 2025), primera película de Gore Verbinski en nueve años desde la lejana La Cura Siniestra (A Cure for Wellness, 2016), vuelve a poner en el tapete la eterna polémica alrededor del talento del realizador estadounidense, quien empezase su carrera artística como guitarrista de diversas bandas punk/ metaleras y como director de videoclips para gente como NOFX, Vicious Rumors, Monster Magnet y unos Bad Religion hoy aludidos mediante una remera. A pesar de que el grueso de su producción cinematográfica cae en una medianía apenas simpática, hay que reconocer que el señor suele estar muy preocupado por aglutinar la pomposidad más freak del mainstream y cierto inconformismo del indie en función de una amalgama que no siempre arroja resultado positivos, en este sentido pensemos que sus cúspides son dos dípticos correspondientes en términos generales a ambas regiones, así primero tenemos la algarabía de la gran industria detrás de La Llamada (The Ring, 2002) y Piratas del Caribe: La Maldición del Perla Negra (Pirates of the Caribbean: The Curse of the Black Pearl, 2003), partes constituyentes de las franquicias del J-Horror y las aventuras semejantes a los parques de Disney, y en segunda instancia vienen las pretensiones un poco más “indisciplinadas” de la citada La Cura Siniestra y Rango (2011), esta última todo un homenaje animado al spaghetti western de Sergio Leone y Sergio Corbucci y la primera un refrito sorprendente de motivos del terror vinculados al expresionismo alemán, a escritores como Edgar Allan Poe y Thomas Mann y a colegas de la talla de Roger Corman, Martin Scorsese, Ken Russell, Guillermo del Toro y Stanley Kubrick, entre otros creadores más.
Conocido también por la infinidad de proyectos que tuvo que abandonar por su falta de tolerancia ante las estupideces marketineras que exigen los estudios yanquis del Siglo XXI, esas mismas que arruinan la enorme mayoría de las películas de hoy en día, a Verbinski le costó desarrollar propuestas eficaces por fuera de los lugares comunes citados, basta con recordar la retahíla muy anodina de Un Ratoncito Duro de Cazar (Mousehunt, 1997), La Mexicana (2001), El Sol de Cada Mañana (The Weather Man, 2005) y El Llanero Solitario (The Lone Ranger, 2013), lote al que se suman las dos primeras secuelas de la saga con Johnny Depp, Orlando Bloom y Keira Knightley, léase Piratas del Caribe: El Cofre de la Muerte (Pirates of the Caribbean: Dead Man’s Chest, 2006) y Piratas del Caribe: En el Fin del Mundo (Pirates of the Caribbean: At World’s End, 2007), por supuesto muchísimo mejores que los dos corolarios siguientes, esas lamentables Piratas del Caribe: Navegando Aguas Misteriosas (Pirates of the Caribbean: On Stranger Tides, 2011), de Rob Marshall, y Piratas del Caribe: La Venganza de Salazar (Pirates of the Caribbean: Dead Men Tell No Tales, 2017), opus de los noruegos Joachim Rønning y Espen Sandberg. Buena Suerte, Diviértete, no Mueras nos devuelve al insólito Verbinski de Rango y La Cura Siniestra, ese de vocación marginal y pretensiones cuasi experimentales que opta por rendir homenaje a cineastas que admira, pelotón en el que ahora entran Joe Dante, Spike Jonze, Tim Burton, Charlie Kaufman, Edgar Wright, Michel Gondry y sobre todo el querido Terry Gilliam de Bandidos del Tiempo (Time Bandits, 1981), Pescador de Ilusiones (The Fisher King, 1991) y 12 Monos (12 Monkeys, 1995), epopeyas muy pegadas a la fantasía en la miseria extrema.
El guión fue firmado por Matthew Robinson, aquí entregando por lejos su mejor trabajo como lo atestiguan las mediocres La Mentira Original (The Invention of Lying, 2009), de él y Ricky Gervais, Camiones Monstruos (Monster Trucks, 2016), de Chris Wedge, Dora y la Ciudad Perdida (Dora and the Lost City of Gold, 2019), gesta de James Bobin, y Amor y Monstruos (Love and Monsters, 2020), de Michael Matthews, y no cuenta con una historia tradicional porque opta por centrarse en una única e hilarante idea, la llegada de un sujeto del futuro sin nombre conocido (Sam Rockwell) a un restaurant de Los Ángeles a las 22:10 exactas, intento número 117 de salvar a la humanidad de sí misma por haber creado una inteligencia artificial que pronto destruirá al planeta dominando a los bípedos al hacerlos adictos y luego esclavos de sus celulares y/ o la vida digital. El susodicho, efectivamente ataviado como un pordiosero de un mañana distópico, afirma ser un soldado con la misión de reclutar a un puñado de comensales que lo ayudarán a neutralizar al enemigo a través de un programa en un pendrive que debe ser insertado en la computadora del artífice de la IA de turno, un niño de nueve años que vive a unas cuadras de distancia. En flashbacks varios descubrimos que la madre del protagonista murió por el misil de un drone y nos enteramos del background de sus principales subalternos, Mark (Michael Peña) y Janet (Zazie Beetz), pareja de profesores que huye de alumnos zombificados por sus teléfonos, Susan (Juno Temple), una mujer que perdió a su hijo en un tiroteo escolar, Darren (Riccardo Drayton), y que acepta clonarlo para pronto espantarse por el resultado, un adolescente robotizado que no deja de repetir publicidades, e Ingrid (Haley Lu Richardson), muchacha con alergia a los dispositivos electrónicos y al wifi que se viste de princesa para cumpleaños infantiles y es abandonada por su novio, Tim (Tom Taylor), porque el joven decide “mudarse” de manera permanente a una realidad virtual a la que accede mediante un casco, universo que elige por sobre la mismísima praxis cotidiana. La propuesta le pega duro al engaño y la dependencia tecnológica y se manifiesta en contra de la denominada “inevitabilidad” de la IA, una farsa puesta al servicio de una lacra capitalista amante del poder, la artificialidad y la sumisión.
Los afables 134 minutos del metraje se dividen entre los flashbacks y la misión ochentosa de fondo, con la comitiva del personaje de Rockwell debiendo sobrevivir a la policía, a un par de sicarios caricaturescos, a más púberes lobotomizados por los celulares e incluso a un monstruo bizarro y gigantesco que combina los félidos y los équidos, más precisamente el gato doméstico y el caballo, detalle surrealista de un último acto sobrecargado de un delirio paradójicamente “esperable” en una propuesta gilliamesca como la presente, con padres falsos del mocoso creador de la IA y una especie de templo conformado por una montaña de cables y custodiado por muñecos malogrados y robots de juguete. Más allá del sustrato estrafalario, anarquista y contracultural del amigo Terry reinterpretado por Verbinski, ese que además incluye algunas pinceladas grotescas en CGI dignas de El Imaginario Mundo del Doctor Parnassus (The Imaginarium of Doctor Parnassus, 2009), el film retoma mucho de las misiones de Terminator 2: El Juicio Final (Terminator 2: Judgment Day, 1991), de James Cameron, Matrix (The Matrix, 1999), de Larry y Andy Wachowski, y Al Filo del Mañana (Edge of Tomorrow, 2014), de Doug Liman, para pensar una serie de tópicos en sintonía con la tecnofilia, el edadismo, el déficit de atención, la represión policial estándar, el clasismo, la insensibilidad social burguesa, el infantilismo de los adultos actuales, la morbosidad, la ausencia de pensamiento crítico, la violencia escolar, el racismo, la evasión de la realidad o escapismo, los privilegios de la mafia oligárquica, el egoísmo extendido en el nuevo milenio y especialmente la incapacidad de las nuevas generaciones para lidiar con el dolor y la pérdida, como si no fuesen instancias/ factores que ayudasen a crecer bajo la condición de no fetichizarlos, de no transformarlos en parte de la identidad del sujeto a puro masoquismo, el extremo opuesto. El director, fiel a su estilo, ofrece un trabajo errático con una primera mitad muy buena y una segunda parte que cae en intensidad o vigor durante un desenlace de poco vuelo, sin demasiada originalidad y coherencia narrativa, no obstante la película se sostiene gracias a su rebeldía, el gran desempeño de Rockwell y un popurrí de momentos muy graciosos que justifican nuestro viaje de resistencia y urgente liberación…
Buena Suerte, Diviértete, no Mueras (Good Luck, Have Fun, Don’t Die, Estados Unidos/ Alemania, 2025)
Dirección: Gore Verbinski. Guión: Matthew Robinson. Elenco: Sam Rockwell, Juno Temple, Haley Lu Richardson, Michael Peña, Zazie Beetz, Tom Taylor, Asim Chaudhry, Riccardo Drayton, Dino Fetscher, Anna Acton. Producción: Gore Verbinski, Robert Kulzer, Erwin Stoff, Oliver Obst, George Parra y Denise Chamian. Duración: 134 minutos.