Al igual que el mainstream más pomposo que maneja mucho dinero, rutiniza sus productos y cuenta con una más que aceitada estructura de promoción mediante un público cautivo/ fidelizado que ha sido largamente “programado” en su aceptación acrítica del gigantismo a granel, la Clase B es un terreno heterogéneo en el que se puede encontrar de todo y cuya riqueza o pobreza cualitativa varía mucho según el período considerado, a saber: durante la primera etapa del cine, léase buena parte de la primera mitad del Siglo XX, el ecosistema del bajo presupuesto se mezclaba con las películas clandestinas polirubro y sus homólogas caseras, las “home movies” primigenias, y todo el asunto casi siempre tenía que ver con el porno de entonces o stag films, sin embargo entre los 40 y los años 60 surge una industria específica de la Clase B que solía moverse como un espejo de pacotilla con respecto al aparato hollywoodense paradigmático, hablamos de un esquema productivo marginal en el que por vez primera aparecen rasgos específicos que en muchísimas ocasiones resultaban indistintos en relación a los de las epopeyas de grandes recursos que se pretendía imitar, de allí que géneros ninguneados como el terror, la ciencia ficción y las crónicas de aventuras de diversa envergadura y/ o origen concentrasen el interés de unas productoras chicas o quizás medianas que trataban de maquillar el hecho de que sus propuestas no contaban con los mentados “valores de producción” -eufemismo histórico del séptimo arte que aplica a la presentación visual del opus en cuestión- de los tanques de los estudios de Los Ángeles y su perfeccionismo exacerbado, un panorama que a su vez vuelve a cambiar con la llegada de las décadas del 70 y 80 y la profundización de la distancia entre el mainstream y el ahora llamado indie, este último un gremio diverso que abarcaba un poco de todo ya que en él encontramos desde efectivamente obras de barricada del cine de género, esas que pretenden abrirse del carácter inofensivo de Hollywood, hasta productos más artísticos o alternativos que apuntan al circuito de festivales, dos nichos que se extienden hasta el nuevo milenio.
Equinox (1970), en este sentido, es un gran exponente de la precariedad transformada en fortaleza y también una suerte de clásico de transición entre la inocencia del underground de género de mediados de la centuria pasada y el trasfondo ya más agitado o más bien polémico -definitivamente volcado al shock en materia de la previsibilidad estándar de la gran pantalla- del nihilismo de los 70 y el cinismo más abiertamente burlón y descarado de los 80, ésta una vertiente que a partir de los tristes años 90 sería vaciada de todo su sustrato revulsivo para emparejarla con respecto al rubro fantástico del mainstream más masivo e infantilizado, nuevo fetiche de Hollywood que pasó a reemplazar al cine ecléctico para adultos de esos 80 hacia atrás. La película en sí empezó siendo un proyecto personal del veinteañero Dennis Muren, un autodidacta que codirigió junto a Mark Thomas McGee un film casero, The Equinox… A Journey into the Supernatural (1967), que fue comprado por Tonylyn Productions, una compañía encabezada por Jack H. Harris, productor de cierto renombre porque impulsó las carreras de Steve McQueen con The Blob (1958), de Irvin S. Yeaworth Jr., de Robert Lansing con 4D Man (1959), opus también de Yeaworth, de John Landis con la propia Schlock (1973) y de John Carpenter con aquella graciosa ópera prima del maestro, Dark Star (1974), amén de haber reeditado Obras Maestras del Terror (1960), dirigida por el argentino Enrique Carreras y escrita por el español Narciso Ibáñez Serrador a partir de cuentos de Edgar Allan Poe, para estrenarla en Estados Unidos bajo el título de Master of Horror (1965). A Harris le pareció que la odisea original de Muren, de sólo 71 minutos de duración, era un poco corta y por ello contrató a un hasta entonces editor, Jack Woods, para que incorporase secuencias adicionales y así estirar el asunto hasta estos 82 minutos, algo que a la postre hizo que Woods quedase acreditado como único director a pesar de que Muren fue el responsable principal, yanqui que más adelante se transformaría en supervisor de efectos especiales para aquella Industrial Light & Magic de George Lucas.
Más allá de lo que se suele repetir al momento de hablar de Equinox, nos referimos a la más que evidente influencia que ejerció sobre The Evil Dead (1981), de Sam Raimi, y el hecho de que puede considerarse una de las primeras adaptaciones heterodoxas y modernas de los relatos de horror cósmico de Howard Phillips Lovecraft, lo cierto es que el film resulta afable, maneja bastante bien el suspenso que crea con enorme sacrificio y además apabulla a productos similares de mucho mayor presupuesto con recursos tan artesanales como la perspectiva forzada y el stop motion, en este sentido conviene considerar que a los escasos 6.500 dólares de Muren se agregaron apenas 1.500 más para las secuencias de Harris. La trama es casi inexistente y funciona como un racconto de un tal David Fielding (Edward Connell), estudiante de geología, a un matasanos en un manicomio, el Doctor Johansson (Forrest J. Ackerman), que está grabando el testimonio del muchacho a posteriori de una experiencia traumática que aparentemente llevó a la muerte a otros tres jóvenes. Luego de un año de internación la cinta de turno termina en manos del psiquiatra de Fielding, un sujeto que la reproduce ante un reportero que supo entrevistarlo después de los misteriosos eventos, ese Sloan (James Philips) que escucha que el estudiante recibió de improviso una llamada de su profesor, el Doctor Arthur Watermann (Fritz Leiber), para que se presente en su cabaña de la montaña y comunicarle algo importante. David invita a su amigote Jim Hudson (Frank Bonner), un muchacho que trae a su novia Vicki (Robin Christopher) con el objetivo de organizarle una cita a ciegas a su camarada con Susan Turner (Barbara Hewitt), no obstante este pretendido picnic en el bosque paulatinamente se cae a pedazos cuando hallan destruido el paradisiaco inmueble de Watermann, cuando un viejo demente que vive en una cueva (Irving L. Lichtenstein) les entrega una “Biblia del Mal” símil Necronomicón y cuando un guardabosques algo mucho tétrico, Asmodeus (el mismísimo Woods), asalta sexualmente a Vicki en soledad mientras la controla con un anillo freak con forma de sapo.
Conviene llamar a las cosas por su nombre y aclarar que las actuaciones son muy malas, el doblaje pésimo, los errores de continuidad llegan de a mares, unas cuantas tomas están fuera de foco, el montaje a veces resulta un poco obtuso, los diálogos se mueven entre lo tonto y lo horrendo, la música de Jaime Mendoza-Nava está evidentemente robada de otras realizaciones y es demasiado vintage cincuentona, todo el diseño de producción brilla por su ausencia y por consiguiente los interiores de la cueva dejan bastante que desear. Ahora bien, el verdadero mérito de Equinox es doble y se condice primero con un planteo retórico muy atractivo, en esencia basado en un puñado de aventuras demoníacas entre la espesura verde que asimismo pueden leerse como los pivotes de un hipotético proto slasher de la época, y segundo con los maravillosos e imaginativos efectos especiales de Muren y sus colegas Jim Danforth y David Allen, un trío que se inspira en el prodigioso acervo de Ray Harryhausen para regalarnos las estupendas y voluminosas criaturas que invoca el grimorio satanista o que simplemente aparecen de la nada en esta historia sutilmente ridícula y/ o sin pies ni cabeza, pensemos en el pulpo monstruoso que destruye la linda morada del profesor, aquel gigante deforme de tez verde y adepto a las pieles, esa especie de simio prehistórico y peludo que ataca a los cuatro jóvenes y desde ya la verdadera forma de un Asmodeus que es Mefistófeles disfrazado de funcionario forestal, un demonio alado de color rojo que le tiene pánico -al igual que los otros engendros- a las cruces y los símbolos esotéricos varios que detalla el libro. Muren, futuro socio de gente como Lucas, Steven Spielberg, Joe Dante, Ron Howard, Ivan Reitman, James Cameron y J.J. Abrams, se mueve cómodo entre los Mitos de Cthulhu lovecraftianos y las sectas del espanto post Night of the Demon (1957), de Jacques Tourneur, y justo antes de la revolución de Rosemary’s Baby (1968), de Roman Polanski, por ello estas “fuerzas del mal” que tanto asustan a Fielding incluso se extienden a una dimensión paralela símil aquella de la querida Phantasm (1979), de Don Coscarelli…
Equinox (Estados Unidos, 1970)
Dirección: Dennis Muren, Mark Thomas McGee y Jack Woods. Guión: Mark Thomas McGee y Jack Woods. Elenco: Edward Connell, Barbara Hewitt, Frank Bonner, Robin Christopher, Jack Woods, Forrest J. Ackerman, James Phillips, Fritz Leiber, Irving L. Lichtenstein, Jim Danforth. Producción: Jack H. Harris y Dennis Muren. Duración: 82 minutos.