A fines de la década del sesenta Grecia vivía uno de sus períodos más oscuros con la Dictadura de los Coroneles, una junta militar de extrema derecha anticomunista que gobernó ominosamente desde abril de 1967 hasta julio de 1974, cuando cayó debido al desastroso intento de anexión de Chipre que terminó con la invasión de Turquía al norte de la isla mediterránea. Durante la dictadura, el director de origen griego radicado en Francia Konstantinos Gavras, conocido artísticamente como Costa-Gavras, ya era distinguido por su compromiso social en el cine y su mirada de la realidad política mundial plasmada en la adaptación de la novela Compartimiento Asesino (Compartiment Tueurs, 1962), del escritor francés Sébastien Japrisot, que se estrenaría en 1965 granjeándole sus primeros premios internacionales, pero el verdadero éxito llegaría con la adaptación de Z (1967), novela del prolífico escritor griego Vasilis Vasilicós, aclamado intelectual en el exilio debido a la persecución por parte de los susodichos dictadores militares.
Tras el éxito de Sobra un Hombre (1 Homme de Trop, 1967), Costa-Gavras había decidido adaptar Z, para lo que buscó la ayuda del escritor y militante antifranquista Jorge Semprún con el objetivo de narrar la historia del homicidio de un diputado del Partido Izquierda Democrática Unida, Grigoris Lambrakis, asesinado en mayo de 1963 por fuerzas parapoliciales en connivencia con la policía y el poder político durante una manifestación por la paz. En medio de un clima de hostilidad, la conferencia del popular diputado de izquierda, además médico y reconocido atleta en su juventud que militaba en favor del desarme nuclear, crispa a los exaltados militares, los cuales dejan entrever que ante la imposibilidad de prohibir el evento no brindarán la custodia necesaria ante las provocaciones de los movimientos neofascistas griegos. A lo largo del film el espectador descubre que estos energúmenos de extrema derecha son parte de una organización parapolicial ligada a las fuerzas del orden, léase la policía y los militares, con contactos políticos muy aceitados que no es de extrañar que incluyan al presidente y sus ministros.
El guión de Costa-Gavras y Jorge Semprún narra comparativamente la organización del mitin político de la izquierda y la reacción de los grupos parapoliciales, así como las actitudes de la policía y el ejército, para luego seguir al juez de instrucción en la investigación del asesinato, que burdamente la policía y el ejército califican de accidente para encubrir el crimen, relacionado con esa organización secreta de extrema derecha que funciona como un Estado paralelo. De a poco y sin demoras, las pruebas de la existencia de la comitiva neofascista en connivencia con la policía, el ejercito y la política se hace tan patente que se torna imposible hablar de Estado de derecho ante tamaña corrupción enquistada.
Z (1969) es un hito del cine al calor de las revueltas sociales de fines de los años sesenta. Filmada siguiendo a los personajes para generar una sensación de documental, Costa-Gavras da un paso más allá en el realismo introduciendo al espectador dentro de la acción, colocándolo con la cámara como un manifestante más, un organizador, tal vez un infiltrado que sigue atentamente a los protagonistas en su periplo. La acción de la película es frenética, los personajes van de un lado a otro, las pruebas saltan a la vista, los testigos aparecen por todos lados, intentan acallarlos, testifican y son agredidos en una trama que no da respiro alguno y que no deja lugar a malentendidos ni a tibiezas a la hora de condenar a los perpetradores del crimen y sus cómplices.
Costa-Gavras y Semprún denuncian aquí el estado de corrupción política y la penetración de las ideas del fascismo italiano en la mentalidad de los distintos estamentos gubernamentales unos años antes del Golpe de Estado militar. La película se presenta como una prueba de la falta total de un Estado que proteja a los ciudadanos, a merced de una organización política clandestina de extrema derecha infiltrada en la policía, el ejército y la política e utilizada como fuerza de choque en las manifestaciones de organizaciones y partidos de izquierda con la anuencia y pasividad del poder capitalista.
Aquí Costa-Gavras inicia una colaboración con el compositor griego Mikis Theodorakis, músico célebre por la banda sonora de la película Zorba, el Griego (Alexis Zorbas, 1964), dirigida por Michael Cacoyannis, en ese momento en arresto domiciliario por parte de la dictadura, que tendrá su punto más alto unos años más tarde con Estado de Sitio (État de Siège, 1972), la historia de la ejecución del agente de los servicios de inteligencia estadounidenses Dan Mitriore, por parte de la guerrilla urbana Movimiento de Liberación Nacional-Tupamaros, escrita por el guionista italiano Franco Solinas, responsable de la trama de La Batalla de Argelia (The Battle of Algiers, 1966), de Gillo Pontecorvo, todo con composiciones que luego serán parte de la obra magna de Theodorakis, Canto General (1974), la musicalización del poema del escritor y político comunista chileno Pablo Neruda, envenenado por la dictadura cívico militar genocida encabezada por Augusto Pinochet.
Z es una de las películas más valientes e impactantes de la historia del cine, una verdadera demostración de maestría para filmar que también es el puntapié de la colaboración de Costa-Gavras con el director de fotografía de las mejores películas de Jean-Luc Godard, Raoul Coutard, con el que trabajó en films como Alphaville (1965), Pierrot, el Loco (Pierrot, le Fou, 1965) y Weekend (1967), entre muchas otras. Costa-Gavras luego unirá fuerzas con Coutard en La Confesión (L’aveu, 1970), su siguiente película, una obra también adaptada por Jorge Semprún en base a las memorias de Artur London, político comunista checoslovaco sobre los juicios estalinistas en Europa del Este. Coutard y Costa-Gavras crean escenas impactantes que buscan poner en evidencia las mentiras de los policías y militares a la luz de las imágenes, verdadero testimonio indiscutido de la verdad de la época.
Protagonizada por Yves Montand como Z, el político asesinado, la obra de Costa-Gavras tiene un elenco estelar en el que se destaca Irene Papas como la esposa de Z, Jean-Louis Trintignant como el juez de instrucción, François Périer como el procurador, Jacques Perrin como un fotoperiodista que intenta cubrir los acontecimientos para un diario de izquierda, Charles Denner y Bernard Fresson como dos de los organizadores del evento por la paz, Pierre Dux como uno de los generales de la gendarmería, Georges Géret como uno de los testigos y Renato Salvatori como uno de los asesinos.
El realizador griego logra en Z crear una obra maestra de alto impacto político que influyó en la visión de gran parte del mundo sobre la Dictadura de los Coroneles y la gestación de la misma. Costa-Gavras marcó también con Z a gran parte del cine político, creando un film que funciona como un preámbulo para narrar cómo la extrema derecha opera en su camino hacia el poder y cuáles son las consecuencias de sus Golpes de Estado, que restringen todas las libertades civiles, hambrean al pueblo, persiguen opositores y tratan de acallar todas las voces de protesta, ya sea con cárcel o balas. Z es, al igual que todo el cine de Costa-Gavras, una obra imprescindible para comprender a las dictaduras y las consecuencias que se pagan por permitir que las fuerzas antidemocráticas lleguen al poder.
Z (Francia/ Argelia, 1969)
Dirección: Costa-Gavras. Guión: Costa-Gavras y Jorge Semprún. Elenco: Jean-Louis Trintignant, Yves Montand, Irene Papas, François Périer, Jacques Perrin, Charles Denner, Pierre Dux, Georges Géret, Bernard Fresson, Renato Salvatori. Producción: Jacques Perrin y Ahmed Rachedi. Duración: 127 minutos.