El crecimiento de las instituciones estatales durante el Siglo XIX se consolidó a principios del Siglo XX configurando nuevos aparatos que debían dar cuenta de sus acciones a sus superiores y responder a las progresivas demandas sociales. Franz Kafka, un abogado checo especializado en accidentes laborales con una inusual vocación hacia la escritura, comprendió con una profunda sensibilidad los entramados perversos de esa burocracia que constreñía al individuo sumiéndolo en sus intersticios legales y procesales. En los ratos libres que su profesión le permitía escribió una pequeña pero interpelante obra, que prácticamente quedó inédita e inconclusa cuando murió a los cuarenta años en 1924 debido a la tuberculosis que padecía. Gracias a la labor de su amigo y albacea, Max Brod, la obra logró publicarse, generando una transformación radical en toda la literatura por su imprevista combinación única de realismo y absurdo desde un existencialismo expresionista que analizó la alienación frente a los aparatos burocráticos. Al igual que la producción artística de George Orwell, rápidamente fue traducido a cientos de lenguas y publicado en todo el mundo, convirtiéndose en un clásico insoslayable de la literatura universal del Siglo XX.
Escrita por Marek Epstein y la realizadora polaca Agnieszka Holland en base a una historia del productor y director de la Academia de Cine Europea, Michael Downey, Franz (2025) es una aproximación episódica a la vida de Franz Kafka a través de su personalidad y su psiquis, un intento de abordaje psicoanalítico de la tensión entre las expectativas burguesas de su padre, la experiencia rutinaria de su trabajo como abogado en una aseguradora de riesgos laborales, su afición por la natación, sus primeras relaciones amorosas idealizadas y epistolares, su vocación artística como escritor y su necesidad de plasmar su distintiva visión del mundo a través de las palabras.
Protagonizada por Idan Weiss como Kafka, la película está construida a partir de variadas escenas que ejemplifican distintos momentos arquetípicos que destacan a Kafka como hijo, empleado, escritor, amigo, paciente y amante desde su niñez hasta su muerte, intercaladas con reflexiones de los distintos personajes que lo conocieron sobre la vida del autor de El Proceso (Der Prozess, 1925) y su relación personal con él, construyendo una contraposición entre la particular personalidad y sensibilidad de Kafka y la opinión que sus allegados tenían de él. También hay una lectura de Kafka como una persona más cercana a nuestra época, un adelantado que le tocó vivir un tiempo en el que no se sentía cómodo y del que necesitaba escapar.
Su rechazo a las convenciones sociales más conservadoras de la generación anterior se mezcla aquí con la explotación de su figura transformada en un icono pop turístico de Praga, algo que la película trabaja a partir del retrato documental de los recorridos del circuito turístico alrededor del fallecido escritor que ofrecen algunos guías en la capital de la República Checa. La aversión o reverencia romántica respecto de lo corporal desde su niñez hasta su vida adulta, con escenas de desnudos que hacen hincapié en este tópico de su vida, son parte de este intento en pos de abarcar el derrotero y la psiquis del autor de En la Colonia Penitenciaria (In der Strafkolonie, 1919). El contraste entre el hombre y su obra, a partir de los asuntos que inspiraron sus textos y su relación con la religión judía y con Praga, también son algunas de las cuestiones más importantes que Franz trabaja para intentar encontrar al escritor detrás de todas las biografías y los textos de análisis literario que se han escrito sobre su vida y su obra.
Extrañamente, a pesar de la extensa bibliografía, esta es la segunda aproximación cinematográfica a la vida del escritor más conocido de Praga luego de Kafka (1991), el opus de escenografía expresionista de Steven Soderbergh protagonizado por Jeremy Irons. Tampoco hay siquiera demasiados films acerca de la obra kafkiana, destacándose la extraordinaria El Proceso (The Trial, 1962), de Orson Welles, y El Castillo (Das Schloß, 1997), de Michael Haneke, inspiradas en dos de sus obras inconclusas más importantes. Esta nueva versión con una impronta más europea y un poco menos vanguardista que su antecesora, más esa música que acompaña sin sobresalir ni perturbar, no logra desarrollar todo su potencial convirtiéndose en una película tan solo para admiradores de la obra de Kafka, a pesar de sus extraordinarias actuaciones y de la buena labor en fotografía de Tomasz Naumiuk.
Agnieszka Holland retrata la vida de Kafka buscando encontrar al hombre que vivió en una de las ciudades más opulentas y en plena ebullición cultural de fines del Siglo XIX y principios del Siglo XX al igual que París y Viena, subrayando la conflictiva relación con su progenitor, la búsqueda de padres sustitutos, la complicidad con su hermana Ottla (Katharina Stark) y su sensación de fracaso como hombre, hijo y escritor debido a la ruptura de sus compromisos matrimoniales, la decepción paterna con su comportamiento y la falta de éxito de sus pocas obras publicadas.
Franz le recuerda al espectador que una gran obra no necesariamente se gesta en los grandes escenarios, sino más bien en las buhardillas donde se esconden las personas con sensibilidad que pueden vislumbrar lo que hay detrás de lo aparente para plasmar su producción artística a la sombra de la sociedad, buscando la palabra justa para expresar las experiencias, los sentimientos y las emociones, algo que hoy se encuentra en vías de extinción debido a la homogeneidad de estas mismas vivencias y las formas de percibirlas y procesarlas, dejando un panorama cada vez más desolador, uniforme y desabrido para las nuevas generaciones que convierte a Kafka en un escritor aun más necesario de leer.
Franz (Polonia/ República Checa/ Alemania/ Francia/ Turquía, 2025)
Dirección: Agnieszka Holland. Guión: Agnieszka Holland y Marek Epstein. Elenco: Idan Weiss, Daniel Dongres, Jenovéfa Boková, Carol Schuler, Sebastian Schwarz, Katharina Stark, Peter Kurth, Sandra Korzeniak, Josef Trojan, Karel Dobrý. Producción: Agnieszka Holland y Sarka Cimbalova. Duración: 127 minutos.