El Único Carterista Vivo en Nueva York (The Only Living Pickpocket in New York, 2026), segunda película de Noah Segan luego de Parientes Consanguíneos (Blood Relatives, 2022), comedia de terror olvidable sobre vampirismo para Shudder, aporta un bienvenido minimalismo al cine actual porque sin floreos ni esa prolijidad desabrida o redundante de hoy en día sabe entregar un estupendo desarrollo de personajes y también aprovechar tanto su premisa de base como a un inspirado John Turturro, aquí brillando como lo hiciese en su derrotero televisivo de los últimos años, hablamos de The Night of (2016), la maravillosa miniserie de Richard Price y Steven Zaillian para HBO, y Severance (2022-2025), creación de Dan Erickson para Apple TV+. Retomando la profesión de los protagonistas de El Rata (Pickup on South Street, 1953), joya de Samuel Fuller estelarizada por Richard Widmark, y El Carterista (Pickpocket, 1959), aquel clásico de Robert Bresson con el uruguayo Martín LaSalle, la propuesta por un lado explora la soledad del cuentapropista ante el mundo, no encarada desde la meritocracia neoliberal que enarbolan los payasos de derecha sino desde una marginalidad de idiosincrasia anarquista, y por el otro lado constituye un estudio del antihéroe al que alude el título, veterano del hurto que no tiene smartphone ni mierda digital alguna y adora el arte del soborno y el pago en general con billetitos de papel, restituyendo con ello y sus propias manos, las herramientas de trabajo, toda la fisicidad o corporalidad a una arena pública en la que predomina la distancia en el Siglo XXI debido al fetiche con lo inmediato, la paranoia, el egoísmo y la inmaterialidad de esa abstracción de nunca acabar.
Segan, conocido en Hollywood como el actor secundario favorito de Rian Johnson y por un par de roles en unos recordados trabajos de terror, Deadgirl (2008), de Marcel Sarmiento y Gadi Harel, y Starry Eyes (2014), de Kevin Kölsch y Dennis Widmyer, asimismo escribió el guión y efectivamente nos presenta a Harry Lehman (Turturro), ladrón de guante blanco y tendencias tecnófobas que suele robar billeteras en el metro de Nueva York y vive en un departamento humilde del Bronx junto con su esposa en estado catatónico, Rosie (Karina Arroyave). Lehman recurre a la vecina de la unidad continua del edificio, Annie (Echaka Agba), para que cuide a la mujer durante sus ausencias, en una de las cuales le sustrae un bolso a un muchacho que pertenece a una parentela criminal poderosa, Dylan (Will Price), por ello después de encontrar un arma decide tirarlo todo a la basura con la salvedad de una buena tanda de dólares, un reloj aparatoso y una tarjeta con un puerto USB. Un reducidor amigo suyo que tiene una casa de empeños, Ben (Steve Buscemi), conecta la tarjeta a su computadora y el rastreador en cuestión le comunica la novedad a Dylan, quien se presenta buscando lo que en realidad es una llave de acceso a un monedero de criptomonedas y le destroza el local a Ben, así eventualmente delata a Harry y éste se ve obligado a recuperar el tesoro ignorado, ya vendido a un tal Frank (Kelvin Han Yee), para que la pandilla del joven no mate a Rosie. El carterista, ante la poca predisposición de Frank a ayudar, decide contactar a un adversario afable de tiempos remotos, el Detective Allan Warren (Giancarlo Esposito), el cual a su vez lo conduce hacia el nieto de Frank, Ernie (Michael Hsu Rosen).
La realización se posiciona como un neo noir setentoso cercano al indie sensible de John Cassavetes, el delito meticuloso del primer David Mamet y desde ya el existencialismo de Paul Schrader, sin olvidarnos de un latiguillo muy recurrente del cine antimainstream, ese del veterano autodestructivo y/ o en “plan despedida” modelo aquellos Mickey Rourke de El Luchador (The Wrestler, 2008), de Darren Aronofsky, y Adam Sandler de Diamantes en Bruto (Uncut Gems, 2019), de los hermanos Benny y Josh Safdie. Haciendo un muy buen uso de las canciones de apertura y cierre, respectivamente New York, I Love You but You’re Bringing Me Down (2007), de LCD Soundsystem, y I Happen to Like New York (1930), de Cole Porter, El Único Carterista Vivo en Nueva York precisamente utiliza a la metrópoli como un personaje más del relato, en pantalla un espacio para las oportunidades aunque también un pulpo gigantesco que cuando atrapa a sus presas para comerlas es muy probable que toda suerte desaparezca y deban resignarse a su destino, justo como le sucede a Harry, a quien no le lleva demasiado tiempo recuperar la tarjeta de aquella tienda de electrónica de Ernie, todo a través de una distracción mediante un ladrillazo en la puerta por parte de una mendiga a la que le paga, Bonnie (Aida Turturro, prima de John). Temiendo una muerte próxima, opta por visitar a su hija, Kelly (Tatiana Maslany), que le guarda rencor porque se separó de la progenitora cuando ella tenía trece años y porque definitivamente no estuvo muy presente que digamos en la crianza de la susodicha, recurso dramático que nunca falta en el retrato de marginales que no pueden prestarle atención a la familia con la ley detrás.
A lo largo del desarrollo queda claro que Segan pretende exaltar la solidaridad y el respeto entre los sectores expulsados por la lógica plutocrática imperante y sus corolarios, ya sea por cuestiones de edad, ingresos económicos, salud, trasfondo educativo o entusiasmo/ rechazo con respecto al arsenal tecnológico que se le impone al conjunto de los mortales, no obstante tampoco desconoce los problemillas de fondo y en este sentido la obra se mete con el cinismo, la pobreza, la inflación, la angustia, el parasitismo y la especulación de las sociedades contemporáneas, todo con inteligencia y suma sutileza mientras se indaga en el obsoletismo en el mercado laboral y la pérdida de la paciencia, la dignidad y la empatía en los vínculos interpersonales. Con un último acto que permite un cuasi cameo de Jamie Lee Curtis como Moira, la abuela mafiosa de Dylan, y que trae a colación la toma de conciencia de las propias limitaciones y la ausencia de esas “segundas oportunidades” que tanto suelen ensalzar Hollywood y el aparato cultural asociado, la película exprime el círculo íntimo de Lehman en términos del reducidor, el policía, la vecina, la hija e incluso otro carterista que encuentra trabajando en el metro, Billy (Mark Cayne), joven afroamericano al que le regala algunos consejos. Al centrarse en un excluido social, el film asimismo funciona como un retrato de la coyuntura que excluye, léase un mundo en eterna decadencia capitalista y por ello deseoso de ocultarlo alejándose de la responsabilidad, bajando el promedio intelectual del pueblo y cambiando las reglas de juego o simulándolo, amén de inventarse misiones absurdas como eso de arreglar lo que no está roto, gran leitmotiv del ecosistema virtual…
El Único Carterista Vivo en Nueva York (The Only Living Pickpocket in New York, Estados Unidos, 2026)
Dirección y Guión: Noah Segan. Elenco: John Turturro, Steve Buscemi, Jamie Lee Curtis, Giancarlo Esposito, Will Price, Karina Arroyave, Tatiana Maslany, Kelvin Han Yee, Aida Turturro, Mark Cayne. Producción: Ben LeClair, Katie McNeill y Leopold Hughes. Duración: 88 minutos.