A veces una buena y pequeña idea puede convertirse con unos retoques en una gran idea. Los actores y guionistas británicos Tim Key y Tom Basden habían escrito y protagonizado el cortometraje The One and Only Herb McGwyer Plays Wallis Island (2007) bajo la dirección de James Griffiths, una obra premiada con el UK Film Council Award for Best British Short Film en la edición de 2008 del Edinburgh International Film Festival. Allí había un diamante en bruto, una idea con potencial de largometraje, por lo que varios años más tarde los mismos protagonistas se reunieron con el director para reeditar la hazaña con algunos cambios, introduciendo dos personajes femeninos y algo más de drama a una historia sobre la relación entre los artistas musicales y sus fanáticos.
Chris Pinner (Basden), un músico británico conocido por su nombre artístico, Herb McGwyer, acude a la Isla de Wallis invitado por un excéntrico fanático, Charles Heath (Key), para realizar un concierto íntimo, por el que espera cobrar una gran suma que le permitirá editar y promocionar su próximo trabajo discográfico, una colaboración con otros artistas pop para posicionarse en los rankings musicales internacionales. Lo que Chris no sabe es que Charles, un hombre solitario que ha perdido hace unos años a su compañera de toda la vida, Marie, es el único asistente al concierto y que el fanático ha invitado también a Nell Mortimer (Carey Mulligan), su ex pareja y compañera de su primera etapa profesional en el dúo folk McGwyer Mortimer, una mujer que ha abandonado la música tras la ruptura de la dupla, se ha casado con Michael (Akemnji Ndifornyen) y ahora se dedica a emprendimientos gastronómicos.
Mientras Michael intenta observar aves autóctonas, Nell y Chris reconectan nuevamente bajo la atenta mirada del parlanchín e indiscreto Charles, acostumbrado a la soledad de su caserón en la isla desde la muerte de Marie. Para Charles reunir al dúo que se ha separado hace nueve años, luego de la edición del primer disco solista de Herb, es un sueño cumplido y un homenaje al fanatismo de su esposa fallecida. Mientras Chris pasa de una actitud de indignación y desconcierto a una de esperanza ante la posibilidad de volver a encontrar la felicidad con Nell, la chica alienta a Charles a invitar a Amanda (Sian Clifford), la dueña del único almacén de la isla, al concierto para que el conversador fanático intente rehacer su vida.
La interacción entre los tres lleva a todos a sacar diversas conclusiones. Para Charles está claro que es necesario dejar de estar solo y relacionarse con su entorno en la isla, mientras que Herb se da cuenta de que su carrera después de McGwyer Mortimer es un intento desesperado por encontrar la chispa perdida a través de colaboraciones que parecen acrecentar el vacío instalado tras la ruptura del dúo. Para Nell la reunión es un cierre de una etapa, caracterizada por la traición de Chris y su pasado con la banda.
La Balada de la Isla (The Ballad of Wallis Island, 2025) es una película muy emotiva, con hermosas canciones, que trabaja muy bien la tensión entre los personajes y realiza un análisis muy acertado de la industria discográfica. Si en el corto original, del cual el largometraje es bastante fiel, la tensión era entre Charles y Herb, la introducción de Nell agrega una capa de profundidad a un trío que intenta relacionarse aunque no tengan demasiado en común. Nell ha abandonado la música tras su separación, mientras que Herb se ha dedicado a enterrar esa etapa junto a Nell en una carrera solista que busca el éxito en canciones pop bailables mediocres, por ello Charles parece dispuesto a reflotar aquella era de gloria aunque le cueste todo su dinero ganado en la lotería. Heath, además de ser un fanático con todas las letras del dúo y un personaje tan adorable como irritante, por sus insistentes monólogos, ocurrencias cómicas y juegos de palabras, es un hombre dolido por la pérdida y realmente extasiado por estar entre sus dos ídolos, de los que colecciona no solo su discografía sino múltiples objetos, desde guitarras y entradas de conciertos hasta revistas con notas sobre ellos y todo tipo de material de promoción.
La trama logra una gran química entre todos, agrandando la lógica del corto inicial de dos personajes a tres centrales y expandiendo el asunto a cinco mediante dos personajes secundarios más, Michael y Amanda, que funcionan muy bien, agregándole complejidad a la historia. Lo único innecesario es el discurso explícito de Michael a Herb con su opinión sobre su música en el final de la película, una escena que podría haber sido eliminada de la edición final sin alterar el mensaje de los realizadores.
El eje narrativo alrededor de la conflictiva relación de los músicos con sus fanáticos es trabajado de manera cuidadosa, prácticamente copiando las escenas del corto original, que pasa de la extrañeza al enojo y luego al reconocimiento de que la obra artística tiene vida propia en el receptor, lo que enriquece al artista si es permeable a descubrir las bifurcaciones que toma su obra en la etapa de la apropiación por parte del destinatario.
Respecto de la industria discográfica la película trabaja muy bien la presión que recibe Herb de parte de su manager para componer música pop que busque el éxito comercial, la necesidad de construir una imagen artística acorde con lo que se quiere vender, alejada del interés y la idiosincrasia del artista, con la finalidad de crear un producto serializado para un público masivo, que es a su vez incentivado a tomar una actitud pasiva en unos consumos culturales que junto a la experiencia cotidiana permiten conocer e interpretar el mundo en el que vivimos. Esta actitud pasiva es la que controla la incertidumbre en la inversión cultural dado que para una empresa discográfica es mejor invertir en un artista digitado que vaya a vender a un público masivo que acepta lo que los medios de difusión le ofrecen, que invertir en el proceso de creación de muchos artistas y esperar a ver cuál de ellos obtiene el esquivo éxito al que muy pocos inexplicablemente llegan.
La película también explora la soledad, la traición, la impotencia ante los planes que se vienen a pique, los anhelos y la alegría de disfrutar de un buen recital con buena compañía. Las canciones compuestas por Tom Basden son excelentes y las armonías con Carey Mulligan logran conmover, reforzando la connotación nostálgica de toda la propuesta en una era en la que el rock, el folk y sus derivados parecen estar en pleno proceso de extinción.
La Balada de la Isla (The Ballad of Wallis Island, Reino Unido, 2025)
Dirección: James Griffiths. Guión: Tom Basden y Tim Key. Elenco: Tom Basden, Carey Mulligan, Tim Key, Akemnji Ndifornyen, Sian Clifford, Luka Downie, Kerrie Thomason, Steve Marsh, Arron Long. Producción: Rupert Majendie. Duración: 99 minutos.