Free, de Iggy Pop

Libertad oceánica

Por Julián D'Angelillo

1969 – A Real Cool Time.

 

James Osterburg Jr. es un joven alienado de 22 años buscando con su voz un lugar en la escena musical de Ann Arbor, Michigan. Su banda, The Psychedelic Stooges, no parece ser otra del montón. Integrada por Dave Alexander en el bajo y los hermanos Ron y Scott Asheton en guitarra y batería respectivamente, confeccionan presentaciones experimentales en vivo donde utilizan objetos como aspiradoras y licuadoras para crear una pared de ruido blanco avant garde. Las actuaciones del grupo, y especialmente el comportamiento autodestructivo de Osterburg en escena, llaman lo suficiente la atención del sello Elektra Records como para brindarles un contrato discográfico. Luego de una ligera modificación en su nombre, The Stooges lanzan su álbum debut homónimo a base de marihuana, nihilismo, sadomasoquismo y los sonidos metálicos de las fabricas automotrices de Detroit. Para acreditarse en la grabación, Osterburg decide utilizar el nombre de su alter ego artístico: Iggy Stooge. Producido por John Cale (ex miembro de la Velvet Underground), el disco es un fracaso comercial y de crítica, al igual que lo serán el holocausto nuclear proto-punk de Fun House (1970) y el post apocalíptico Raw Power (1973). A Iggy Stooge le esperan repetidas entradas y salidas de institutos psiquiátricos para tratar su adicción y una carrera irregular pero con álbumes que han sido reivindicados como clásicos que marcan un antes y un después en la cultura musical, además de un largo y subversivo camino hacia el status de leyenda viva.

 

2016 – I’m Nothing But My Name.

 

Ya con 69 años, la continuidad de la carrera de Iggy Pop estaba en duda: la (anti) heroica y gloriosa reunión con The Stooges había llegado a un fin luego del pasaje a la inmortalidad de los hermanos Asheton, y sus últimos dos discos solistas, Préliminaires (2009) y Après (2012), fueron ensayos musicales interesantes despojados de cualquier tipo de vena “rockera” propia de sus trabajos más conocidos, lo cual provocó que estas obras fueran injustamente obviadas por buena parte del espectro musical. A estas circunstancias se le suman las muertes de Lou Reed y David Bowie (mentor y salvador), componentes del llamado “triángulo sagrado” del cual Pop también forma parte. Todas esas dudas serían disipadas tras el anuncio de Post Pop Depression (2016), un álbum elaborado en secreto junto a Josh Homme, demás miembros de Queens of the Stone Age y Matt Helders, baterista de los Arctic Monkeys. El disco está fuertemente influenciado por el Art Rock y el Krautrock de The Idiot (1977) y Lust For Life (1977), las primeras obras como solista de Iggy Pop, en colaboración y producción con el Duque Blanco. El LP, un éxito comercial y de crítica, es presentado en una extensa gira mundial y es probablemente uno de los mejores y más importantes trabajos musicales de la década actual. A primera vista, parecía que el de Detroit había optado retirarse por la puerta grande. Pero las iguanas no conservan la misma piel durante mucho tiempo.

 

2019 – I Wanna Be Free.

 

Otro golpe de efecto. El 18 de julio Iggy Pop anuncia la salida de Free, un nuevo disco de estudio. La noticia vuelve a sorprender al mundo de la cultura musical, ya que en Depression, el “Padrino del Punk” arrojaba mediante sus letras señales de un retiro más que cercano. En este caso, sus colaboradores son el trompetista de jazz Leron Thomas y la guitarrista experimental conocida como Noveller; Pop advierte que en este álbum son otros artistas los que hablan por él y se encamina en la difícil tarea de darle impacto y sustancia a las líricas elaboradas en su mayor parte por terceros. Dicho esto, vamos a analizar si Free es un digno canto de cisne (o de Iguana, dado el contexto) en el hipotético caso de tratarse de su última obra.

 

La apertura que le otorga nombre al disco es el equivalente sónico de su portada: un océano de trompetas sedantes, con reminiscencias a la banda sonora construida por Angelo Baladamenti para Twin Peaks: Fire Walk with Me (1992), recostadas sobre un colchón de sintetizadores en un amanecer (u ocaso), a lo que también se le adhiere una fuerte vibra de Blackstar, el último disco del Duque Blanco. Iggy se limita a repetir en dos oportunidades la frase “quiero ser libre” mediante una entonación que impregna a estas palabras con una sensación verídica de expresión de deseo a alcanzar. En el 69 su frase de cabecera fue “quiero ser tu perro”… parece que las cosas han cambiado bastante. Un inicio adecuado y sutil, instalando el clima de ambient jazzero que recorre el LP.

 

Rápidamente llega Loves Missing. Este es el momento donde se hace complejo mantener la objetividad y no sentir escalofríos por la espalda, como resultado de escuchar a una leyenda viva en pleno esplendor durante sus últimos años. El track comienza con guitarras salidas de algún western olvidado, marcando acordes como si emanaran una amenaza contenida, hasta transformarse en un post punk a la Joy Division. “Ella está pensando sobre algo que todos necesitamos/ El reloj avanza, sin darle espacio para respirar/ El amor está gritando/ El amor está ausente”, canta Pop utilizando ese registro vampiresco inigualable que inmortalizo en The Idiot y en nuestros oídos. Loves Missing es una canción con todo el potencial para convertirse en un clásico tardío. Esto es lo que vinimos a buscar.

 

Es un desafío encontrar en su extensa discografía (Free es su decimoctavo disco solista) alguna composición similar a Sonali, tercer tema del álbum. Tal vez posea alguna lejana semejanza con Don’t Look Down, del fantástico pero incomprendido New Values (1979), pero aquí volvemos a la brisa de mar jazzera gracias a un elegante solo de trompeta, un loop de batería que presume un ritmo complejo y sintetizadores rociando a la canción de una atmósfera surreal. Pop parece ponerse en la piel de una persona migrante, hablando sobre “asimilaciones de primera generación” y dirigiéndose a alguien que no responde sus llamadas cuando está algo entonado. No importa nuestra interpretación de la letra, lo concreto es que voz y música se entremezclan de una manera exquisita, armónica y celestial. Junto a Loves Missing, conforman un tándem maravilloso. Sonali es belleza oceánica.

 

Y es el turno de James Bond, el corte de difusión central elegido para promocionar el disco. Con una intro de bajo deudora de los Pixies, la Iguana entona: “Ella quiere ser tu James Bond/ Bueno, no es por un precio y no es por ser agradable/ Ella quiere ser tu James Bond”. El de Detroit sabe que los tiempos han cambiado: el género masculino ya no es el protagonista principal de la cultura musical y los movimientos de mujeres, junto a los géneros que son visibilizados por los mismos, han impuesto sus condiciones para reivindicar su lugar en los espacios de expresión, sea artística y/ o políticamente. Por este motivo, croonea esta canción como si fuera un espía demodé, vistiendo un smoking desgastado y pantuflas color rosa una tarde de domingo. A pesar de ser una canción disfrutable y con un buen estribillo, el tema no tiene el mismo gancho sonoro y palidece en comparación con los anteriores.

 

El quinto track, Dirty Sanchez, es probablemente el más prescindible del disco. Escasamente construido, consiste en Pop expulsando frases atrevidas en un registro que intenta emular -sin lograrlo- su época en los Stooges, con el resto de la banda repitiéndolas una y otra vez. Pero las letras establecen una comparación más o menos inteligente entre los fracasos del capitalismo en la sociedad de masas, el consumismo y la pornografía de internet: “Este porno en línea está volviéndome loco/ intentando implicar deseos/ Que no son mis deseos”. En fin, un ensayo que pudo haber sido más interesante.

 

La segunda mitad del disco es más sombría y se aplica en mayor medida el recurso de la palabra hablada. Glow in the Dark nos hace volver al post punk del inicio, esta vez con mayor presencia de trompetas descontroladas sobre una base bien electrónica y lúgubre. La crítica social continua: “Sí queremos plata y oro y diamantes y perlas/ Entonces todo el mundo debe interpretar su rol en este mundo/ Los sirvientes servirán y los reyes dominarán/ Tu sentido de comunidad va a matarte”. Luego de un pequeño desvío, el álbum vuelve a la senda de calidad esperada.

 

Page, por su lado, es la canción más dulce y melancólica de este trabajo. Con una atmósfera de guitarra shoegaze, aquí pareciera que escuchamos hablar a James Osterburg acerca de su desgaste físico y mental luego de décadas de carrera combinada con excesos, y no tanto a su alter ego: “Causas tristes/ Ellos ceden todos sus aplausos/ Lo hiciste todo antes/ Temerás el bis/ Mientras la marea se precipita/ Hacia donde alguna vez comenzaste/ Somos sólo humanos/ Ya no es humano”. Como da cuenta la letra, es el corazón abierto de la persona detrás del personaje lo que estamos sintiendo.

 

No menos emotiva es We Are the People, un poema escrito en 1970 por un tal Lou Reed y dado a conocer públicamente en el 2018. Además de sentir una identificación personal con el texto, Pop lo asoció con el momento político/ cultural que atraviesa su país y decidió darle vida a través de su voz acompañada por una trompeta salida de un pub solitario: “Somos el pueblo sin tierra/ Somos el pueblo sin tradición/ Somos el pueblo que no sabe cómo morir en paz y tranquilo/ Somos el pueblo sin país, voz o espejo”. Somos testigos de Iggy Pop interpretando en pleno 2019 un poema escrito por Lou Reed en 1970… gracias a la vida por esto.

 

Llegando al cierre del disco nos encontramos con otra palabra hablada, Do Not Go Gentle into That Good Night, esta vez de la autoría del poeta maldito Dylan Thomas. El poema habla sobre atravesar la vida con bravura hasta el último momento de la vejez y de “sentir rabia contra la agonía de la luz”. Si bien no desentona en absoluto con esta segunda mitad del disco, es una lástima que se haya optado por utilizar Free, la introducción del álbum, como base para interpretar el texto.

 

Y finalmente llegamos a The Dawn. En el medio de olas de sintetizadores repletos de misterios y secretos de toda una vida, Pop nos susurra íntimamente al oído mensajes que parecen crípticos pero son claros como el agua: “Esperando el amanecer otra vez/ La oscuridad es como un retador/ Para todos mis esquemas y órdenes/ Y buena naturaleza forzada/ El amor y el sexo te van a ocurrir/ Y ninguno resolverá la oscuridad”.

 

Estas podrían ser las últimas palabras grabadas de un artista que marcó un antes y un después en la cultura musical; que sentó las bases, a fuerza de una subversión pura, cruda y sincera, para toda una camada de artistas sin miedo al ensayo y error. Se escucha seguido que el cambio cultural ocurrió con The Ramones y el movimiento punk que los rodeaba. La realidad es que los responsables de ese quiebre en la cultura musical fueron The Velvet Underground y The Stooges. Por lo tanto, asistir al lanzamiento de un nuevo disco creado por uno de los artistas que modificó la cultura joven para siempre es un acontecimiento único. A diferencia de Post Pop Depression, en donde la Iguana establecía una confrontación dirigida hacia su propia mortalidad, Free es una obra más contemplativa y reflexiva, tal vez enfocada en la asimilación de lo inevitable. Lo más llamativo de todo es que Iggy Pop parece todavía estar en la búsqueda de la trascendencia. Alguien debería explicarle pacientemente que ya ha alcanzado su meta en repetidas ocasiones. La primera vez fue hace ya 50 años.

 

Free, de Iggy Pop (2019)

Tracks:

  1. Free
  2. Loves Missing
  3. Sonali
  4. James Bond
  5. Dirty Sanchez
  6. Glow in the Dark
  7. Page
  8. We Are the People
  9. Do Not Go Gentle into That Good Night
  10. The Dawn