Wish: El Poder de los Deseos (Wish)

Los anhelos cautivos del tirano

Por Emiliano Fernández

Considerando la concentración del mercado cinematográfico del Siglo XXI y el poder y extensión de las campañas de marketing de Hollywood, a la par sustentadas en redes sociales y en cartelería tradicional, hasta hace poco resultaba impensada la posibilidad de toparnos con una retahíla de fracasos de taquilla por parte de un gigante como The Walt Disney Company aunque eso es exactamente lo que viene ocurriendo ya que la empresa, precisamente la más importante y más poderosa del mundo en materia del entretenimiento dirigido al nicho infantil/ adolescente/ familiar, viene de una seguidilla de batacazos hechos y derechos como Unidos (Onward, 2020), de Dan Scanlon, Raya y el Último Dragón (Raya and the Last Dragon, 2021), opus de Don Hall y Carlos López Estrada, Un Mundo Extraño (Strange World, 2022), de Hall en solitario, Lightyear (2022), de Angus MacLane, y Wish: El Poder de los Deseos (Wish, 2023), del dúo de Chris Buck y Fawn Veerasunthorn, amén de trabajos a los que les costó mucho generar ganancias o no lo lograron al nivel de éxitos planetarios previos, léase Encanto (2021), de Jared Bush y Byron Howard, y Elementos (Elemental, 2023), de Peter Sohn, y amén de la seguidilla adicional de films que fueron a parar al servicio oficial de streaming de la compañía, Disney+, con motivo de la pandemia del coronavirus, hablamos de Soul (2020), joyita de Pete Docter, Luca (2021), de Enrico Casarosa, y Red (Turning Red, 2022), de Domee Shi, todos convites animados que señalan por un lado la pérdida de la infalibilidad y penetración en el nuevo milenio del emporio de Mickey Mouse y por el otro lado la inusitada vigencia del “boca a boca” entre el público.

 

Este estado de cosas no se explica sólo por la sobreestimulación cultural del Siglo XXI, la pobreza galopante capitalista o la mediocridad de los productos señalados -únicamente se salva la estupenda Soul, de hecho- ya que intervienen otros factores, a saber: Disney ha perdido su preponderancia en el mercado familiar primero por no saber bajar los prepuestos millonarios de sus obras, con campañas promocionales/ publicitarias de alcance mundial que siempre duplican lo invertido, segundo por una dura competencia en salas y streaming por parte de Illumination y DreamWorks, compañías también en crisis económica pero con la perspicacia de estrenar productos más baratos/ de perfil un poco más bajo, tercero por llegar muy tarde a la moda de lo “políticamente correcto” o la diversidad más impostada y risible, hoy criterios oportunistas que quedaron atrás frente al regreso del conservadurismo derechoso en todo el planeta, y cuarto por un evidente cansancio del otrora espectador cautivo internacional de Disney ante la intercambiabilidad de los productos ofrecidos y la conciencia del carácter caníbal y codicioso patológico de la empresa, algo demostrado no sólo en las múltiples franquicias que maneja -las correspondientes a Pixar, los superhéroes marvelianos, La Guerra de las Galaxias (Star Wars), etc.- sino también en la adquisición en sí de Pixar en 2006, de Marvel Studios en 2009, de Lucasfilm en 2012 y de 21st Century Fox en un período escalonado que va desde 2017 a 2019, esquema que fue transformando el clásico oligopolio hollywoodense en una situación cada día más cercana a un monopolio siempre peligroso debido al silenciamiento de voces creativas alternativas en la animación.

 

La flamante Wish: El Poder de los Deseos parece ponerle un moño irónico a este proceso de decadencia y malas decisiones porque el film fue creado como un autohomenaje de la Disney, la cual por cierto ya atravesó otras etapas de declive comercial y artístico como los años 70 y 80 del siglo pasado, en el contexto de los cien años del estudio y de ese latiguillo conceptual de los cuentos de hadas -en la acepción de la firma cuasi mafiosa de Walt, al menos- vinculado a los anhelos convertidos en realidad. El guión de Jennifer Lee y Allison Moore es extremadamente simple y se sitúa en un reino insular llamado Rosas gobernado por un monarca, Magnífico (Chris Pine), que monopoliza la hechicería, tiene a mano la magia negra en caso de rebelión y mantiene cautivos en unas esferas a los deseos de todos sus súbditos, a quienes controla mediante una ceremonia mensual en la que cumple un deseo a la vez. Asha (Ariana DeBose), una adolescente de 17 años que vive con su madre, Sakina (Natasha Rothwell), y su abuelo, Sabino (Victor Garber), pretende que Magnífico la eleve a la categoría de aprendiz y le conceda el deseo al nono por su cumpleaños número cien, no obstante el rey, casado con una reina de buen corazón, Amaya (Angelique Cabral), demuestra ser un paranoico tremendo con dejo dictatorial al que no le tiembla el pulso a la hora de recurrir a la magia negra y “alimentarse” de los antojos presos, por supuesto fuente de un enorme y adictivo poder, cuando la púber recibe una negativa y decide cortarse sola liberando a los deseos del pueblo con la asistencia de un chivo parlanchín, Valentino (Alan Tudyk), y una Estrella diminuta y muda que hace gala de poderes mágicos de índole naif.

 

Si bien la película resulta demasiado rutinaria, se siente larga en sus escasos 95 minutos y por momentos parece narrada desde un piloto automático completamente impersonal en línea con el marketing más básico y retrógrado, hay que reconocer que tampoco es mala porque la animación funciona bastante bien en su planteo híbrido, entre el 3D de los CGIs exuberantes y el clasicismo de los trazos artesanales de antaño, y el film por lo menos no está basado en una colección de escenas de acción huecas, chistes bobos a montones y esa actitud soberbia insoportable de tanto producto mainstream contemporáneo. Desde ya que las canciones son redundantes pero algunas logran escaparle en parte al sustrato remanido de la propuesta en su conjunto e incluso se puede aseverar que la estrellita que ayuda a la protagonista se parece más a una criatura de los opus animistas de Hayao Miyazaki que al típico acervo mágico burdo y condescendiente de la factoría Disney, además sorprende la idea de fondo de una vuelta parcial al musical clásico hollywoodense -las escenas cantadas sirven para hacer avanzar la trama en vez de sólo comentarla- a través de su importancia en las secuencias del deseo de Asha y el desenlace con la “fuerza colectiva” al momento de derrotar a Magnífico. Wish: El Poder de los Deseos, en última instancia, se engloba dentro de la larga e hipócrita tradición de la empresa productora en materia de primero homologar a los intereses individuales con la imaginación subversiva, capaz de cuestionar el poder del villano, y luego subyugarlos a una concepción descafeinada y conformista de la vida en la que la alegría o felicidad surge del hecho de crear soluciones mágicas a problemas reales…

 

Wish: El Poder de los Deseos (Wish, Estados Unidos, 2023)

Dirección: Chris Buck y Fawn Veerasunthorn. Guión: Jennifer Lee y Allison Moore. Elenco: Ariana DeBose, Chris Pine, Alan Tudyk, Angelique Cabral, Victor Garber, Natasha Rothwell, Jennifer Kumiyama, Harvey Guillén, Niko Vargas, Evan Peters. Producción: Peter Del Vecho y Juan Pablo Reyes Lancaster-Jones. Duración: 95 minutos.

Puntaje: 4