I Saw the Devil (Akmareul Boatda)

Los ciclos de la venganza

Por Emiliano Fernández

Desde siempre la revancha cuadró de manera perfecta con el séptimo arte porque es uno de esos impulsos irrefrenables que permiten una representación visual bien pomposa que no deja a nadie indiferente, amén de que la efervescencia de las propias imágenes suelen subrayar el contenido paradójico de una gesta en la que para ejercer justicia en esencia la víctima debe adoptar el lugar del victimario en un intercambio que no sólo equipara los bandos en pugna sino que constituye un eslabón más de la interminable cadena de ese “ojo por ojo, diente por diente” que más que remontarse a la Biblia, viene pegado a la naturaleza humana desde sus mismos orígenes psico-socio-biológicos. Ahora bien, una cosa es la interpretación maniquea que suele ofrecer Hollywood del tópico, siempre basándose en odiseas heroicas unidimensionales que simplifican el asunto a más no poder y no incentivan una mínima reflexión sobre nada de nada, y otra muy distinta es la versión que el enclave surcoreano entregó en la excepcional I Saw the Devil (Akmareul Boatda, 2010), quizás la cinematografía nacional más fructífera y aguerrida de lo que va del Siglo XXI por la sencilla razón de que recuperó el costado más hardcore de los géneros que el mainstream yanqui y su homólogo europeo han dejado de realizar hace ya mucho tiempo con vistas a entregar productos más tontos, inofensivos y exportables, fundamentalmente destinados a los espectadores bobalicones de la era de las franquicias que suelen asustarse cuando ven la típica mezcla de géneros que aman los asiáticos y que trasladan una y otra vez a la pantalla.

 

La película que nos ocupa forma parte del que sin duda podemos calificar como el mejor período de la carrera del gran director y guionista Kim Jee-woon, ese que también abarca las extraordinarias A Tale of Two Sisters (Janghwa, Hongryeon, 2003), A Bittersweet Life (Dalkomhan Insaeng, 2005) y The Good, the Bad, the Weird (Joheunnom Nabbeunnom Isanghannom, 2008), una colección de obras que aprovecharon al extremo los engranajes del terror, los policiales, la acción hiperquinética, el drama, los westerns y hasta la comedia: I Saw the Devil, en cambio, es más conservadora en cuanto a esta propensión hacia la mixtura y la algarabía y prefiere quedarse en las comarcas del horror y el drama de pérdida, dos géneros eternamente hermanados en lo que atañe al verosímil apesadumbrado y sus posibilidades dramáticas en el relato en cuestión. El film es lisa y llanamente uno de los más poderosos, eficaces y adictivos del séptimo arte de las últimas dos décadas, una gesta fascinante de casi dos horas y media en las que se nos presenta la aparentemente simple historia de un agente secreto del servicio de inteligencia surcoreano, Kim Soo-hyun (Lee Byung-hun), que se propone encontrar y torturar de un modo muy especial al asesino en serie que ha matado a su prometida Joo-yun (Oh San-ha) a puro azar, léase el ultra sádico Jang Kyung-chul (Choi Min-sik), un chófer de un micro escolar que gusta de cazar, violar, martirizar y luego desmembrar a mujeres jóvenes como si se tratase de un hobby en el que puede ser sí mismo y descargar su odio contra el mundo y en especial contra las féminas.

 

Con la misma sagacidad con la que Kyung-chul detectó la situación de indefensión de la chica, quien estaba esperando a una grúa adentro de su automóvil en un paraje inhóspito, Soo-hyun se sirve de los contactos en la policía del padre de la occisa, el otrora jefe de la fuerza Jang (Jeon Gook-hwan), para identificar a potenciales sospechosos, dar con el responsable y seguirlo en sus correrías. Así lo termina encontrando en un invernadero con una rica adolescente que secuestró, ya con los uniformados pisándole los talones, y no sólo el agente secreto rescata a la víctima de turno sino que además muele a golpes a Kyung-chul, casi lo ahoga con una bolsa, le hace tragar un dispositivo GPS + transmisor de audio, le quiebra una muñeca e insólitamente lo libera en lo que será el inicio de un juego sucesivo de “atrapar y soltar” en consonancia con la promesa que Kim le realizase a su prometida acerca de hacerle sentir al artífice de su muerte el mismo dolor que ella atravesó. En cada nueva captura la intensidad del desprecio entre ambos hombres irá en aumento, así como los castigos corporales/ psicológicos a los que el agente somete a su presa y la vehemencia de este último en lo que respecta a las arremetidas contra cualquier bobo o boba que tenga a mano en su escape de un cazador que no sólo adoptó su rol sino que puede localizarlo y escucharlo cual “tutor” omnipresente. Pronto Soo-hyun descubre a un colega homicida de Kyung-chul, el devoto caníbal Tae-joo (Choi Moo-sung), y Jang se entera del GPS y decide como rauda represalia ir detrás del padre y la hermana de Joo-yun, Se-yun (Kim Yoon-seo).

 

A diferencia de tantos otros directores y guionistas a lo largo y ancho del globo, esos que suelen reducir a la violencia a una exaltación furibunda del alma sin efectos concretos en la praxis o -por el contrario- aquellos que la caricaturizan como si hablásemos de un ítem más del carnaval escapista del mundo del espectáculo, aquí el realizador surcoreano se mete de cabeza en una representación bien brutal y sincera de las contiendas tanto a nivel físico (los porrazos y las laceraciones varias son en secuencia y destrozan en serio -y en primer plano- los cuerpos de los sujetos, quienes echan mano de cualquier elemento que tengan cerca para atacar o defenderse, como por ejemplo martillos, caños, llaves inglesas, palos, hoces, matafuegos, escalpelos, anzuelos de pescar y hasta pesas) como a escala emocional (cada violación, tortura y/ o muerte se sienten en los huesos porque la víctima o sus allegados padecen el sufrimiento sin belleza ni romantizaciones, a lo que se suma la noción de que la batalla entre Kyung-chul y Soo-hyun tiende a la regla tácita de que ganará quien primero vuelva loco al otro, desdibujando en cierto punto la andanada destructiva sobre la carne y poniendo de relieve el sustrato sádico esencial del ser humano debido a que en la mente de los protagonistas el suplicio siempre guarda una nueva y posterior fase que supera a todo lo anterior, por supuesto pensando más en la dimensión abstracta de la crueldad -recordemos cómo ambos se meten con sus respectivas familias para hacerse daño en el último acto- que en su faceta material/ corporal, esas atroces heridas que se infringen de modo sistemático).

 

Más allá de la excelente construcción dramática del guión de Park Hoon-jung y el propio Kim Jee-woon, una orientada a la fábula moral para adultos astutos capaces de discernir las consecuencias de estos ciclos de la venganza ad infinitum, I Saw the Devil asimismo se hace un festín con un realismo hediondo general que refuerza la ambigüedad ética de fondo y esta dialéctica cercana al thriller de doppelgängers no del todo asumidos, detalle que el título también abarca a través de dos protagonistas acusándose mutuamente de representar al Diablo en la tierra y viendo cómo desaparecen las justificaciones pasajeras esgrimidas en el fluir de este conflicto en pos de un resarcimiento por el calvario al que cada uno sometió al otro. Esta verdadera obra maestra del sinsentido social apuesta a la paradoja de que el placer genera dolor como el dolor puede generar placer, un combo en el que también entran en juego la voluntad de dominio, las utopías ególatras y la certeza de que llevar adelante toda la carnicería de turno no le devolverá al doliente el ser amado, aunque no encararla tampoco lo hará así que la tentación de sumergirse en el nihilismo militante siempre será más vasta que la vacuidad autocomplaciente de esa quietud resignada que casi siempre se espera en situaciones de pérdida del ser querido por los motivos que sean. Entre el frenesí gore, el duelo de impronta homicida, una sexualidad bien feroz y el ansia de reparación/ balance con respecto a la afrenta de antaño, el film lleva al límite la gran frustración de los hombres y la facilidad con la que la furia puede comerse absolutamente todo a su paso…

 

I Saw the Devil (Akmareul Boatda, Corea del Sur, 2010)

Dirección: Kim Jee-woon. Guión: Park Hoon-jung y Kim Jee-woon. Elenco: Lee Byung-hun, Choi Min-sik, Jeon Gook-hwan, Choi Moo-sung, Oh San-ha, Kim Yoon-seo, Chun Ho-jin, Kim In-seo, Yoon Chae-young, Nam Bo-ra. Producción: Kim Hyun-woo. Duración: 142 minutos.

Puntaje: 10