On Body and Soul (Teströl és Lélekröl)

Los ciervos también aman

Por Emiliano Fernández

On Body and Soul (Teströl és Lélekröl, 2017) es en verdad una rareza absoluta: hablamos del regreso a la dirección de la realizadora y guionista húngara Ildikó Enyedi, conocida sobre todo por My Twentieth Century (Az én XX Századom, 1989), una mujer que a su vez no dirigía nada desde la lejana -18 años lejana- Simon, the Magician (Simon Mágus, 1999). Obviando por completo el conservadurismo cinematográfico contemporáneo en cuanto a los géneros y formatos, por regla general orientados exclusivamente a la narración clásica, y siempre adepta a los extremos que se fusionan para conformar un producto híbrido, aquí vuelve a ofrecernos un relato en el que la comedia y el drama se funden de manera permanente, de la misma forma en que se unifican un registro naturalista algo freak y un surrealismo curiosamente apegado a lo terrenal y con una carga irónica bastante poderosa.

 

La historia se concentra en los devaneos amorosos de dos personas que trabajan en un matadero de las afueras de Budapest: por un lado tenemos a Endre (Géza Morcsányi), el “director de finanzas” y -en términos prácticos- máximo jerarca del lugar, un hombre mayor, adusto y solitario al que le falta el brazo izquierdo y que en esencia mantiene conversaciones sólo con Jenö (Zoltán Schneider), el encargado de recursos humanos y lo más parecido a un amigo ahí dentro, y por el otro lado está Mária (Alexandra Borbély), una veterinaria joven y bella que se desempeña como la nueva inspectora de calidad -vía un reemplazo por maternidad- y que vive chocando con el resto del personal del matadero por su carácter silencioso y perfeccionista, semejante al autismo. Los primeros intentos de Endre de acercarse a Mária son un tanto fallidos porque la chica no sabe cómo reaccionar.

 

Todo cambia de repente cuando se produce el robo de una droga para facilitar la cópula entre los animales (parte de un chanchullo de lo más difuso de la propia empresa), lo que genera una investigación policial camuflada bajo el examen anual de salud mental. Así las cosas, una psicóloga que trabaja para la policía comienza a interrogar a los empleados del establecimiento para dar con el ladrón, circunstancia que origina una consecuencia totalmente imprevista: consultados acerca de sus sueños, tanto Endre como Mária cuentan haber tenido la misma experiencia onírica en la que eran unos ciervos que se encontraban en un bosque nevado para comer hierba y beber agua de un arroyo. La psicóloga, pensando que semejante coincidencia es una broma, llama a ambos y les reproduce la grabación del relato del sueño de Endre, especie de catalizador de lo que será una relación muy extraña en la que los dos protagonistas tratarán de llevar a la realidad -y como pueden- el contexto idílico romántico de una nocturnidad basada en una “conexión” decididamente metafísica.

 

Más que tomar elementos del surrealismo francés de principios del Siglo XX, lo que realmente hace Enyedi en On Body and Soul es recuperar la fantasía más o menos sutil del cine anticomunista de las décadas del 50, 60, 70 y 80 de Europa del Este, sobre todo el de Polonia, aquel que tuvo como figuras insignia a directores como Andrzej Wajda, Roman Polanski, Jerzy Skolimowski, Andrzej Zulawski, Krzysztof Kieslowski y Wojciech Has, entre otros. La realizadora utiliza a los ciervos como metáfora de los marginados sociales y su necesidad de amar como cualquier otra persona, una jugada que en simultáneo le permite reflexionar -vía la dialéctica onírica compartida- acerca de la falta de comunicación en el capitalismo banal de nuestros días. El mismo matadero establece un doble contraste entre una cotidianeidad impiadosa y una vida íntima que añora la paz (los bovinos masacrados por un lado y el paraje tapizado de nieve por el otro) y entre el personal del lugar y el dúo principal (léase el ganado ignorante de su funesto destino y los ciervos, respectivamente).

 

Aun así, vale aclarar que la película dista mucho de ser perfecta porque la cineasta alarga demasiado algunas escenas y por momentos genera la sensación de que le cuesta pasar de un acto al siguiente en lo que atañe a la estructura narrativa más macro del convite. A la lentitud en el desarrollo también se le suma el hecho de que la propuesta puede no resultar “apetecible” a espectadores con estómagos delicados ya que en la primera mitad del metraje hay un par de momentos en los que se describe la faena propiamente dicha de los animales (tampoco hay tomas hiper morbosas, por suerte). Sin embargo, y más allá de estos ingredientes no aptos para todo público, el film de Enyedi funciona como una hermosa anomalía para lo que suele ser la mediocridad y falta de ideas novedosas del séptimo arte contemporáneo, un trabajo que nos regala actuaciones excelentes por parte de Morcsányi y Borbély y que incluye secundarios muy interesantes (tanto en el matadero como fuera de él, en el círculo de allegados a los protagonistas), logrando la proeza de construir un pantallazo bien detallista de los problemas de los adultos para conectarse entre sí y superar los obstáculos que plantean la coyuntura social en general y el ámbito de trabajo en especial. La micropoesía de fondo de la trama y la ingenuidad de Mária aquí se dan la mano con un sarcasmo solapado y hasta una excepcionalidad desconcertante que eventualmente deriva en el descubrimiento del otro en toda su vasta complejidad, ya sin prejuicios ni clichés…

 

On Body and Soul (Teströl és Lélekröl, Hungría, 2017)

Dirección y Guión: Ildikó Enyedi. Elenco: Géza Morcsányi, Alexandra Borbély, Zoltán Schneider, Ervin Nagy, Tamás Jordán, Zsuzsa Járó, Réka Tenki, Júlia Nyakó, Itala Békés, Éva Bata. Producción: Ernö Mesterházy, András Muhi y Mónika Mécs. Duración: 116 minutos.

Puntaje: 7