Nobody Loves You More, de Kim Deal

Los colores de la madurez tardía

Por Emiliano Fernández

Aseverar que Nobody Loves You More (2024) es realmente el primer disco solista de la excéntrica Kim Deal es tan paradójico y surrealista como gran parte de la carrera de la estadounidense, eternamente relacionada a su condición de bajista en Pixies, aquel legendario grupo de rock alternativo, art punk y proto grunge que lideró junto al tremendo Charles Michael Kittridge Thompson IV alias Black Francis, guitarrista y cantante principal de un colectivo que se completaba con la batería de David Lovering y la segunda guitarra de Joey Santiago. En realidad la querida Deal, hoy con la friolera de 63 años encima y un devenir muy errático que tiene que ver con su carácter de por sí ciclotímico, su histórica adicción a la heroína y la necesidad de cuidar de su madre enferma de Alzheimer durante los primeros años del Siglo XXI, viene haciendo lo que quiere en calidad de guitarrista/ vocalista/ compositora desde los dos discos inaugurales de su banda solista tácita, The Breeders, hablamos de los recordados Pod (1990) y Last Splash (1993), hasta cierto punto realizados en colaboración respectivamente con Tanya Donelly, de Throwing Muses, y Kelley Deal, nada menos que la hermana gemela de Kim.

 

Dejando de lado la seguidilla de regresos a estudio de The Breeders, los tardíos y apenas simpáticos Title TK (2002), Mountain Battles (2008) y All Nerve (2018), y su curiosa aunque olvidable incursión en el lo-fi noventoso en el contexto de Pacer (1995), disco de otro proyecto caprichoso pero mucho más efímero, The Amps, no queda la menor duda de que lo mejor de su producción artística se concentra en el díptico primigenio de The Breeders, el visceral Pod y el mucho más popero Last Splash, y en sus cinco trabajos con Pixies, léase el EP Come on Pilgrim (1987) más los LPs Surfer Rosa (1988), Doolittle (1989), Bossanova (1990) y Trompe le Monde (1991), los dos primeros de filosofía cuasi garage, el Doolittle acercándose a la accesibilidad mainstream y el resto ya jugando a full con la música surf y la psicodelia. Más allá de sus incesantes peleas con un Francis que sólo le permitiría incluir dos canciones dentro del acervo compositivo de Pixies, la genial Gigantic del Surfer Rosa y la correcta Silver del Doolittle, y más allá del reemplazo del susodicho como compañero de correrías con Kelley, también una heroinómana que sólo recientemente pudo alcanzar la sobriedad, algo de verdad encontramos en la estampa del autoproducido e intoxicante Nobody Loves You More como la ópera prima de Kim porque aquí no cuenta con un socio estable y además la propuesta sonora resulta heterogénea y nos aleja de esa idea rectora más o menos inamovible de casi toda su discografía a la fecha, hoy optando por una diversidad beatle -típica de los solistas que abandonan a conciencia la mochila de una banda- que incluye canciones de una década atrás y algo de bossa nova, jangle pop, rock indie, lounge, jazz modelo big band, electropop, surf, noise, power pop, drum and bass, krautrock, big beat, ambient, pop barroco y el infaltable rock alternativo aunque sin fetichizar en demasía la fórmula de siempre de la quietud oponiéndose a la furia guitarrera, toda una marca registrada de la fase profesional con Pixies.

 

Nobody Loves You More, con el estupendo violín de Susan Voelz, de Poi Dog Pondering, la batería de Britt Walford, de los pioneros del post rock Slint, y el bajo de Jack Lawrence, socio reincidente de Jack White en The Raconteurs y The Dead Weather, abre el álbum en la comarca de una bossa nova muy delicada con aires de balada e incluso un interludio instrumental jazzero caracterizado por instrumentos de viento metal, todo en función de una declaración de amor de lo más sencilla entronizada en esa constante comparación que sintetiza el título y nos reenvía a toda la humanidad, “nadie te ama más”. Entre el jangle pop y el rock indie tradicional, Coast, con guitarra de Kelley Deal y bajo de Mando López, dos colegas suyos en The Breeders, es una canción exquisita que recurre a la imaginería de Peter Pan, el personaje creado por J.M. Barrie en 1902, y en un primer momento parece hablar del pasado drogón de la artista pero con el transcurso de los versos queda claro que explora su tendencia a abandonar proyectos exitosos, tanto aquellas etapas iniciáticas de Pixies y The Breeders como el furor por la reunión de los primeros en 2003, lo que eventualmente generaría su salida en 2013 justo cuando los shows en vivo se transformaban en la primera placa de regreso, Indie Cindy (2014), por ello Kim se autoexcusa en la letra reconociendo su falta de criterio, afirmando que muchas veces son los otros aquellos que la dejan de lado/ abandonan o simplemente diciendo que es humano “anhelar una salida” o “querer ganar”. Desde una intro y algún que otro pasaje dreampopero y una base rítmica que coquetea con el acid house y el dance en general, Crystal Breath en realidad se lanza hacia el electropop de corazón rockero para regalarnos la composición más bailable de Deal, algo así como un homenaje a la escena madchesteriana de finales de los 80 y comienzos de la década siguiente, planteo que asimismo se sostiene en una letra repleta de referencias a la cultura alucinógena de las raves, los movimientos corporales y la MDMA o éxtasis o cristal o metilendioximetanfetamina.

 

La esplendorosa Are You Mine?, de nuevo con el violín de Voelz y el bajo de López, se mueve en los terrenos hermanados del lounge y el pop barroco para homenajear a la madre con Alzheimer y precisamente explorar la confusión y todo el dolor que genera la desaparición de remembranzas, asociaciones cognitivas e identidades consideradas centrales en la memoria, lo que se traduce en los versos en la veterana ya no reconociendo a su hija y pretendiendo viajar hacia “un lugar donde no hay recuerdos de ti, donde todo es nuevo y nada es verdad”. Disobedience, con el aporte de Kelley en guitarra y de Jim Macpherson en batería, ambos de The Breeders, de hecho constituye un regreso a la esquizofrenia de la primera banda solista aunque en su acepción más amigable modelo Last Splash, ahora mezclando ese sustrato macro del rock alternativo, algunos amagues de música surf símil The Beach Boys y una letra de idiosincrasia netamente punk, en simultáneo celebrando el inconformismo antifascista furioso de vieja cepa y deslizando una buena dosis de nostalgia para con tiempos pasados que ya nunca volverán. Wish I Was, nueva visita de por medio de la hermana gemela más el bajista López y un trabajo adicional de guitarra de parte de Josh Klinghoffer, miembro de Red Hot Chili Peppers en reemplazo de John Frusciante durante la década que va desde 2009 hasta 2019, nos devuelve a un contexto compositivo sesentoso a lo jangle pop pero ralentizado y asimismo acercándonos a lo que Deal entiende por una cuasi balada, en esta oportunidad centrada en un objeto del deseo masculino de menor edad que la hace “desear ser joven” porque aparentemente el voyeurismo resulta incontenible y ella cae presa de “la mirada y la mentira que hay en ti, el sol en tu cabello”, léase la ilusión aceptada y de todos modos poderosa de la atracción del amor. La sorprendente Big Ben Beat, en esta oportunidad con bajo de Ayse Hassan y sintetizadores más programaciones de Fay Milton, ambos de los londinenses Savages, combina el post punk, el noise, el big beat y el drum and bass para que Kim se entretenga con un recitado/ semi rapeo de base surrealista, muy en sintonía con muchas de esas letras de The Breeders que a su vez fueron un derivado del humor negro, kitsch o absurdo -y enriquecido con comentarios sociales contraculturales/ terroristas- de Francis para Pixies.

 

Luego de Bats in the Afternoon Sky, un instrumental disfrutable de un minuto y medio de impronta ambient y krautrock, llega el turno de Summerland, una vez más contando con la participación de Voelz, Walford y Lawrence más la intervención de la célebre violonchelista Alison Chesley, en sí una reinterpretación respetuosa del pop barroco a lo Scott Walker que en sus versos se sirve de toda la imaginería pastoral y costera posible, precisamente con alusiones al trasfondo deslumbrante de la belleza nocturna, la puesta del sol, la musicalidad de la brisa y aquellas “estrellas balanceándose sobre el mar” que invitan a perderse en las posibilidades que abre cada nuevo día. Suerte de power pop melancólico a medio tiempo que recupera la dinámica de tranquilidad y explosión anímica del rock alternativo de antaño, Come Running es otro tema hermoso que cuenta con la mejor y más breve letra del disco, “se fue con un destello y un soplo/ estoy fuera de alcance, es imposible/ dame poesía y magia y vendré corriendo/ un espíritu que circula la tierra/ fui hecho para irradiar/ muéstrame lo que no es posible y vendré corriendo/ un espíritu que circula en el sonido/ fui hecho para irradiar/ vendré corriendo, vendré corriendo”. A Good Time Pushed, con coros de Kelley, batería de Macpherson y guitarra de Raymond McGinley, este último de Teenage Fanclub, cierra el disco regresándonos al rock por antonomasia de The Breeders a través de lo que parece ser un diálogo con un tercero que en realidad es la propia Deal, aquí despidiéndose y reconociendo que no sabe bien qué desea en la vida -“quiero un gran cambio, quiero volumen”, insinúa- y que pasada determinada edad cada uno es cómo es y difícilmente el masoquismo o propensión al autosabotaje vaya a desaparecer en lo pronto, amén de cierto optimismo subrayado por el estribillo que puede sonar intermitentemente sincero o un tanto mucho irónico, sarcástico en su lirismo naif.

 

Con una duración total de apenas 36 minutos, Nobody Loves You More es sin duda el mejor trabajo de Kim desde aquellos años con Pixies y desde los dos primeros discos bajo el rótulo de The Breeders, Pod y Last Splash, suerte de espejos de Surfer Rosa y Doolittle en materia de un indie aguerrido que en el opus inmediatamente siguiente abre el abanico hacia las melodías y los arreglos cuidados. Por supuesto que el tono nostálgico de la placa encapsula o resume los sucesivos traumas profesionales de la guitarrista y bajista, desde la imposibilidad de incluir más canciones en Pixies y el hecho de ser literalmente expulsada del grupo luego del Doolittle, siendo reincorporada poco después para Bossanova y Trompe le Monde bajo su propia insistencia y ya aceptando que el líder fue, es y siempre será Francis, hasta la lenta desaparición de The Breeders en el pico de la popularidad de Last Splash y del grunge en general, sobre todo por los problemas con la ley y la adicción a la heroína de Kelley, y la incapacidad de los álbumes ulteriores con The Amps y The Breeders a la hora de resituarla en un lugar de preeminencia dentro del mundillo rockero internacional, ese que la endiosó en sus comienzos y a posteriori optó por descartarla o mayormente olvidarla. Nobody Loves You More, en este sentido, no sólo corrige las opciones redundantes de las tres faenas previas de estudio, nos referimos al clasicismo alternativo de Title TK, la quietud de manual de Mountain Battles y la filosofía mucho más heavy de All Nerve, ya que este debut oficial en solitario por fin se desembaraza de casi todos los tics musicales del pasado y cuando los recupera lo hace desde la inteligencia y el desparpajo del músico curtido, aquí nuestra experta en el arte de balancear las expectativas acumuladas y ciertos atisbos de novedades que sólo lo son dentro del ecosistema creativo promedio de Deal, hoy por hoy destilando una madurez tardía que resulta tan austera y colorida como fascinante y siempre bienvenida.

 

Nobody Loves You More, de Kim Deal (2024)

Tracks:

  1. Nobody Loves You More
  2. Coast
  3. Crystal Breath
  4. Are You Mine?
  5. Disobedience
  6. Wish I Was
  7. Big Ben Beat
  8. Bats in the Afternoon Sky
  9. Summerland
  10. Come Running
  11. A Good Time Pushed